¿Qué tal se os da coger apuntes? Muchas veces escribimos las frases de forma tan esquemática que si las leyera otra persona, sin venir a cuento, no entendería “ni papa”.
Todo esto viene a cuento de que el contenido del evangelio del presente domingo son las bienaventuranzas. No son frases para aprender de memoria. No puede uno imaginarse a Jesús bajando de una ladera y recitándolas, como los pregoneros antiguos vociferaban el mensaje que el correspondiente ayuntamiento enviaba a sus ciudadanos. Lo pronunciaban y apresuradamente se largaban a otro lugar, para repetirlo monótonamente. No, las bienaventuranzas no son eso.
Cada uno ha de meditarlas, leerlas lentamente, preguntándose lo que significan estos apuntes sacados por los apóstoles y trasmitidos a sus discípulos, ¿qué significado le he de dar? ¿Qué contenidos, si los acepto cambiarán, para mejor, mi vida?
Felices los pobres, dice el Señor. Pero ¿no es preciso luchar contra la pobreza? ¿es que el Maestro nos está diciendo que no nos preocupemos por los indigentes, por los enfermos, por los marginados hambrientos, que ya les premiará Él, con el Cielo? ¿nos invita a vivir de forma irresponsable? ¿No será más bien que luchando contra la pobreza de alimentos, cultura, vestidos y diversión, que muchos de nuestros hermanos sufren, debamos nosotros no ambicionar tanto lo superfluo, no pretender derrochar, para presumir, no destrozar, para poder seguir comprando, y así estar a la moda? ¿No será que Jesús quiere que desnudos de ambiciones, viviendo austeramente, siendo desprendidos de lo que no nos es indispensable, o tal vez hasta de ello, lograremos libertad interior y autonomía?... ¿De qué deseos, de qué ambiciones, he de desprenderme, para ser pobre en espíritu y librarnos de la esclavitud del consumo sin motivo?
Felices los que lloran, dice el Señor ¿pretende que seamos masoquistas y cada día nos levantemos buscando qué desgracia, qué mal, qué fracaso, nos acecha y nos oprime?, ¿no será que muchas veces vemos que a los que nos rodean algo les aflige y les oprime y no hacemos nada positivo para superarlo y corregirlo con serenidad? ¿no pretendemos, a veces, con orgullo, sentirnos redentores, los únicos redentores, de todos los entuertos que por el mundo fluctúan? ¿No será que lo que quiere el Maestro es que descubramos la vaciedad de tantas carcajadas, la inutilidad y limitaciones de tantas chabacanerías? En tantas penas que se sufren hay tanto amor... en tanto dolor hay tanto amor... en tantas limitaciones aceptadas, en tanta enfermedad contraída, en la ayuda a los necesitados hay tanto amor...
Felices los perseguidos y marginados, dice Jesús. ¿Pretende que busquemos ser el hazmerreír de los demás, las víctimas por culpa propia, los apartados y excluidos por mal proceder nuestro? o ¿no será acaso que lo que quiere Él, es que al ver a tantos despreciados de los hombres, sepamos descubrir todo lo que de bello, inteligente y bueno hay en ellos y les ayudemos a ser felices?
Miraos al espejo espiritual y preguntaos ¿cómo me veo? Si se pudiera sacar una radiografía de mi alma ¿qué manchas se verían en ella? Mirando con el telescopio de la inteligencia, o con el microscopio del corazón, ¿qué descubro en los demás, que me sirva a mí de enseñanza, que sea acicate para prestarles ayuda?
El texto del evangelio de hoy da para rato, aunque no dispongas de mucho tiempo, Dios seguramente te concederá otras ocasiones para que vuelvas a meditarlo, pero no te olvides esta semana de arrinconarte en ti mismo, allí, en la soledad de la sinceridad, encontrarás al Señor que te dirá ¿lo ves tú, como se vive feliz conmigo, obrando como yo te lo propongo?