IV DOMINGO DE PASCUA
 
 

 

       
   

Sabemos Quién es el Pastor pero, ¿quiénes son las ovejas? Hoy Jesús nos lo dice: “las que escuchan mi voz, las que Yo conozco y me siguen…” En el mundo en que nos ha tocado vivir no son lo peor los lobos con piel de oveja (hoy ya no se llevan las pieles de oveja: nuestros lobos no necesitan )disimular), lo peor son las ovejas que han salido rana

 

Ésos que dicen vivir en la Iglesia, pero aseguran que “el Papa debería”, “el obispo debería”, o “bastante sabrá el cura”. Hoy tanto como hace dos mil años necesitamos que el Pastor nos diga quiénes son sus ovejas: quien ora para escuchar al Señor, quien es su conocido (y hasta su confidente en la oración en el Sagrario), quien le sigue en la Iglesia que Él instituyó y a la que dio poder de “atar y desatar” en el cielo y en la tierra.
Ésas son las ovejas de este Pastor. Ésas son aquellas de las que dice Jesús: “Yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre y nadie las arrebatará de mi mano”. Es la recompensa por seguir a este Pastor: tener Alguien que nos cuida porque quiere –porque nos quiere− y porque puede –“Yo y el Padre somos uno”.
Con un Pastor que puede y quiere darnos la vida verdadera, no merece la pena seguir a otros pastores.
                                   Carlos y Susana (Cuenca

 
   
   
     
       
   
     
     
     

 

 

   
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