Gratitud
                 
 

Si miro atrás y recuerdo cuando sonaba en mí aquella primera llamada de Dios a dejarlo todo y seguirle…aún me entran escalofríos de la rapidez y el atrevimiento por mi parte de no mirar nada más allá que sonara a impedimento, y sin titubear decirle: “Aquí estoy”.
         Cada mañana quiero renovar mi entrega con ese candor y deseo de fidelidad del primer día. Sin miedos, como aquel 5 de agosto de 1985 donde nada ni nadie sentía que pudiera impedir mis deseos más sinceros de ser Esclava Carmelita de la Sagrada Familia.
         Ya han pasado muchos años de aquello y al paso del tiempo ¡y con tantas cosas vividas, Señor! solo puedo decir con el corazón lleno de gozo ¡¡GRACIAS!!.
         Sí, GRACIAS porque todos estos años he entregado mi vida para ponerla al servicio de los demás, queriendo amar al prójimo que me ha salido al paso, queriendo descubrir en él un rostro de mi Dios.
         GRACIAS por los sitios, donde como Esclava Carmelita, he ido pasando, descubriendo en esos lugares, entre sus gentes, en sus rincones… que allí donde estemos, allí donde nos toque evangelizar, somos una semilla de este maravilloso Carisma que el Señor nos confía, que el Señor me confía, se fía de mí y de manera gratuita lo pone en mis manos y me lanza en su nombre a ser continuadora de su gran Obra. GRACIAS por las Hermanas con las que he ido construyendo y compartiendo comunidad. De todas y cada una he aprendido verdaderos deseos de vivir en fidelidad. He palpado a su lado lo que rezamos en el salmo “qué dulzura y qué delicia convivir los hermanos unidos”. No quiero decir que no hemos tenido diferencias, eso también es construir la comunidad, sí; desde el amor y el perdón se vuelve a empezar, si deseas ensayarte cada día en amar y acoger al otro como es y no como tu quieres que sea. Todo este mundo me ha enseñado y ojala me sigue enseñando cada día, a ser más comprensiva, más acogedora del don del otro.