.
 

.

   
   
     
     
       

¿Qué es?
Es una ayuda que se presta a una persona a través de un diálogo en conversaciones regulares para que ella busque y encuentre la voluntad de Dios respecto a su vida y circunstancias concretas.


¿Qué buscamos?
Con el Acompañamiento buscamos favorecer el encuentro con Dios y la mejor manera de responder a lo que Él ha soñado de nosotros. También es una ayuda para madurar, sobre todo en determinadas etapas de la vida, para resolver conflictos o ayudar a adaptarnos a nuevas situaciones vitales. El Acompañamiento en el discernimiento Vocacional es muy importante. La vocación es un don que pasa por nuestra propia fragilidad, hay que ir haciéndola coherente y consciente, que se afiance la opción que estoy ya haciendo por Cristo en la búsqueda fiel y sincera de su Voluntad sobre mi vida. La vocación es un don que llevamos en vasijas de barro.
Los objetivos intermedios del Acompañamiento son los siguientes:
CONOCERSE, es imprescindible para madurar
ACEPTARSE, es más difícil y requiere mucho más tiempo
CAMBIO, aprender a dominar mis inconsistencias antes de que ellas me dominen a mi, llevar yo el timón de mi propia vida.
EVANGELIZAR, referir a Cristo todo lo mío, integrando lo negativo desde su Amor que me cura y me transforma.
El medio o herramienta especial en el acompañamiento es el discernimiento. Discernir es separar. Entre un montón de granitos de arena, separar el granito de oro enterrado, eso es discernir.
Entre una muchedumbre de personas identificar a los amigos, eso es discernir.
En nuestra vida hay muchas llamadas, entre todas ellas está también la de Cristo.


¿Cómo discernir su voz?
 Cristo nos habla directamente al corazón desde lo más profundo de nosotros. Sólo lo
escuchamos si no estamos sordos a la voz interior, si vivimos la vida en un plano más profundo.

 Cristo nos habla por medio de algunos sentimientos: de que algo está mal, de que algo
está bien, la alegría y la paz cuando actuamos bien, la tristeza y el remordimiento cuando
actuamos mal.

 Cristo nos habla por medio de pensamientos y deseos buenos: Impulsos interiores de generosidad, de sinceridad, de coherencia, deseo de hacer de este mundo algo bello, asco de lo vano, lo superficial y frívolo.

 Cristo nos habla a través de nuestras propias experiencias: La insatisfacción que nos produce nuestras manera de actuar, nuestra vida de mediocridad, nuestro egoísmo. Ese anhelo de libertad y de infinito que experimentamos, el anhelo de llegar a ser aquello para lo
que hemos nacido.

 Cristo nos habla a través de lo que leemos o escuchamos: la Palabra de Dios, buenos ejemplos de alguien, meditaciones y reflexiones del Evangelio….
Aunque utilice tantos medios para hablarnos, es muy fácil dejarse llevar y engañar por otras
voces de “sirenas” que nos atraen más. A veces queremos ser sinceros y sin darnos cuenta nos
estamos engañando en nuestro discernimiento, por eso es importante dejarnos acompañar en este
proceso tan delicado por el que llegaremos a ser fieles a la verdad que vive en nuestro interior.


Cosas importantes
• No puede haber discernimiento si no me lo tomo en serio. Es necesario que yo me implique voluntariamente. Yo soy quien llevo la responsabilidad en el acompañamiento. Yo tengo que ir integrando lo que descubrimos juntos en mi oración y en mi proceso de maduración.
• Tenemos que establecer un ritmo de conversaciones regulares, con una frecuencia adecuada a lo que yo necesito.
• Las conversaciones tienen un hilo conductor, una prepara a la siguiente, tienen una conexión orgánica. Esto supone una exigencia, tengo que prepararme antes de cada una orando, pensando, escribiendo un esquema, etc…
• La relación Acompañante-Acompañado es asimétrica. No es una relación de amistad. Los roles son diferenciados. Uno habla de sí y el otro no tiene por qué hacerlo.
• El tiempo de duración de cada entrevista debe ser delimitado, con un inicio y un fin previamente acordado.

¿De qué vamos a hablar?
Temas existenciales:
Historia personal que influye en mi presente más de lo que me imagino.
Desarrollo Espiritual: Cómo va madurando mi idea de Dios, cómo voy creciendo en la relación con Él.
Afectividad y sexualidad: Cómo vivo mis afectos, qué invade mi corazón, qué me hace daño, qué obstaculiza mi entrega. Experiencias pasadas y presentes que influyen en mi.
Relaciones: Con mi familia, con mis amigos, con mis conocidos, con mi comunidad de fe…
cómo las vivo, cuál es mi grado de implicación en ellas.
Compromiso con el trabajo o estudios: Fines, intereses, intenciones, motivaciones…
Mi vida de Oración: itinerario normal, dificultades, desiertos, etc…
Areas estructurales:
Valores: ¿De qué valores vivo yo? ¿Cómo experimento las exigencias del Evangelio?
¿Cómo me tocan las entrañas los valores de Jesús?
Actitudes: Son mi manera de concretar los valores. Necesidades que tengo que me dan la clave de mis motivaciones. Fuerzas vivas que realmente me mueven a hacer las cosas y obrar de un modo u otro.
Ascética: ¿Qué hago yo con todo esto? ¿Cómo estoy cultivando los valores y actitudes?

 
          .
       
         
         
           
  .         .
  .        
  .        
  .      
  .        
  .         .
  .        
  .   ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUAL (pdf)  
  .