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"El fin es nuestra consagración total a Dios como a nuestro amor supremo, para entregarnos de lleno a su gloria, la edificación de la Iglesia y la salvación del mundo, en una profunda vida contemplativa, impregnada de espíritu carmelitano, una intensa vida fraterna y una  ardiente labor evangelizadora, realizada en estrecha unión con los pastores de la Iglesia."

(Constituciones, 3)

   
   
   
   
   
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Las Esclavas Carmelitas de la Sagrada Familia nacimos en Cuenca
cuando un pequeño grupo de mujeres jóvenes sintieron en su corazón
la urgente llamada del Señor a seguirlo más de cerca.
Juntas descubrieron el proyecto de Dios sobre sus vidas
y comenzaron un estilo de vida profundamente evangélico.
La persona de Jesús de Nazaret, en su modo histórico de vivir
enteramente para Dios y para los hombres, es el fundamento de nuestra consagración y la regla suprema de nuestra vida.

     
     
     
     
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