COMPARTIMOS VIDA
      23 DE OCTUBRE: UNA ORACIÓN
   

Dejar a Dios entrar en tu vida supone un descalzarse, es lo primero que Él te pide: “quítate las sandalias”. Pero al hacerlo se entra en contacto con Él y se siente un comenzar de nuevo, una renovación interior.
Cada día de mi vida es nuevo porque, al descalzarme, el Señor entra en mí y lo renueva todo.
Hemos empezado un nuevo curso y una nueva etapa tomando el hábito y comenzando el noviciado, y siento que quiero vivir cada día en continua renovación en el Señor, en un continuo “sí”.
Comparto con vosotros unas palabras que el día 23 de octubre, especialmente, resonaron mucho en mí y lo siguen haciendo aún ahora. En los días de retiro previos a la toma de hábito, el padre Ángel nos dijo algo muy sencillo y profundo a la vez: “orar es tomar el hábito”. Y es que en la oración es donde nos revestimos de Cristo, es cuando nos quitamos nuestras sandalias para ponernos en su presencia y dejarnos vestir por Él.
Sólo viviéndolo así podemos ser reflejo suyo al exterior.
Así que, para mí, el día 23 de octubre fue una oración, un día para orarlo, para descalzarme ante el Señor y dejarme renovar por Él.
Ante Él presenté, especialmente, nuestras vidas, la de Juli, la de Merce y la mía, en nuestro comienzo del noviciado, para que cada día en su presencia nos dejemos hacer por Él.
Y en ese día de oración me sentí, también, unida a todos y cada uno de los que orasteis con nosotras.
Sólo me queda decir GRACIAS, hacer de mi oración una acción de gracias en primer lugar a Dios porque es el protagonista de mi vida, por todo lo que ha hecho en mí, porque todo lo hace nuevo cada día; gracias a mi Comunidad, a todas y cada una de mis hermanas, porque vosotras también hacéis posible mi entrega; gracias a mi familia porque me habéis hecho crecer en el Señor, por vuestra generosidad y por vuestro apoyo en mi vocación; y gracias a todos los que os habéis hecho presentes y nos habéis acompañado con tanto cariño.

Hna. Mª Mercedes