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“¡Dory!¡Escríbeme tu experiencia de la convivencia de Vallecas!”..madre mía, yo...¿y por qué yo?. No llegué a responderme cuando dije que sí…tocaba desglosar algo tan simple como que la convivencia había sido genial. Qué suerte…bueno mejor...qué regalo poder compartir esos días con los adolescentes, esos chicos y chicas que me tienen un poco enganchada, y que tanto necesitan de nuestra comprensión, de nuestra atención y sobre todo de nuestro testimonio. La oportunidad de darles catequesis fue fenomenal. Transmitirles como Dios hace grande tu vida te ensancha el corazón y ellos lo ven, perciben la alegría de tu experiencia y se unen a tus ansias de felicidad, a esa sed de amor. A veces cuando trabajamos con los más jóvenes, sentimos que perdemos el tiempo, no vemos resultados… Pensamos que no son capaces de entender a Dios, porque aún no tienen una fe madura. Y nos volvemos a equivocar...
No se me olvidarán esas caras cuando les dije que además de escuchar a Dios… ¡podíamos verle!, y encima aseguré que estaba en y entre nosotros… (qué atrevimiento…). “Ver a Dios en las cosas y personas que nos rodean” (y miraban al techo y a los crucifijos…). Pero hablaba de algo más real, algo que cuando se lo trasladas a su situación les puede llegar a calar y empiezan a profundizar hasta límites que ni imaginabas. Es precioso cuando la gente descubre más de lo que tú alcanzas ver en ese instante. Es entonces cuando les miras con esperanza y observas como sus ojos quieren abrirse y embarcarse en esta aventura. Una aventura que exige, que conlleva riesgos y por ello se conmueven y te cuestionan. En este momento te silencias y pones “tu manos libres”, ahora es otra voz la que suena: a algunos le sonará y otros no la habrán escuchado nunca. Qué importante es pues, mostrarles esa voz, testimoniarles de que es cierta esa “llamada”.
Qué alegría el ayudar a buscar y a encontrar... encontrarte al fin con Dios en el rostro de tantos chicos y chicas. Fueron días de invitar a echar raíces, de ofrecer la roca donde construir, de convencer de un caminar con firmeza.
Después de estos días de tanto recibir, sólo me queda dar las gracias a todos los jóvenes, hermanas y sacerdotes que dan luz a estos días y a tantos otros… que no os falten fuerzas y motivos para continuar.
Un abrazo a todos.
Dory
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