Que el Señor te bendiga y te guarde, te muestre su rostro y tenga piedad de ti, te dirija su mirada y te de la paz.

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        "Los cuentos sirven para dormir a los niños y para despertar a los adultos".  Dicen que un libro de cuentos es como una bandada de pájaros que cruzan por el cielo de tu vida. Alzas la vista y los contemplas perfectamente alienados... De pronto, uno se rezaga y pierde contacto. Fíjate en él, que no es ave de mal agüero. Ese pájaro rebelde puede portar un mensaje especial para ti...

 

Érase una vez...

               Los cambios    
               La botella de agua  
               Con todas tus fuerzas  
               El avaro  
   
   

 

Los Cambios

 

Después de mucho meditarlo, el Maestro reunió a todos sus discípulos en la huerta del Convento y les comunicó su intención de hacer una peregrinación por todo el Mundo.

 Los discípulos se pusieron muy nerviosos ante esta noticia, y reclamaban al Maestro: ¿Qué haremos nosotros ahora? ¿Toda nuestra vida está en seguir tus indicaciones, tu aprendizaje? ¿Qué haremos sin ti?

 El Maestro les tranquilizó y les contó la historia de un industrial buen amigo suyo:

.- Hace muchos años, dijo el Maestro, contrataron como portero de un gran Hotel de la ciudad a un joven con inquietudes, creativo y emprendedor.

Con el tiempo, los dueños del Hotel le indicaron que entre sus nuevas funciones, tendría que tomar nota de todos los clientes que llegaban al Hotel, así como, de sus posibles reclamaciones.

Mi amigo tembló, pues nunca le había faltado disposición al trabajo pero..... no sabía leer ni escribir.

 Los dueños del gran Hotel comprendieron su situación, pero en su mente estaba la modernización del Hotel y esta era una parte de ella. De tal forma, dieron una indemnización por despido al joven portero y le despidieron.

 El Portero sintió que el mundo se derrumbaba. Nunca había pensado que podría llegar a encontrarse en esa situación. ¿Qué hacer?

Camino de casa recordó que en el Hotel, cuando se rompía una silla o una mesa, él, con un martillo y clavos lograba hacer un arreglo sencillo y provisorio. Pensó que esta podría ser una ocupación transitoria hasta conseguir un empleo. El problema es que solo contaba con unos clavos oxidados y una tenaza mellada. Usaría parte del dinero de la indemnización para comprar una caja de herramientas completa.

 Como en su pueblo no había una ferretería, debía viajar dos días en mula para ir al pueblo más cercano a realizar la compra. ¿Qué más da? Pensó, y emprendió la marcha. A su regreso, traía una hermosa y completa caja de herramientas. De inmediato su vecino llamó a la puerta de su casa:

 - Vengo a preguntarle si no tiene un martillo para prestarme

.-Mire, sí, lo acabo de comprar pero lo necesito para trabajar

.- ¿Por que no me lo vende? – le comentó el vecino –

.- No, yo lo necesito para trabajar y además, la ferretería esta a dos días de mula.

.-Hagamos un trato, dijo el vecino, yo le pagare los dos días de ida y los dos de vuelta, más el precio del martillo, total usted esta sin trabajar. ¿Qué le parece?

Realmente, esto le daba trabajo por cuatro días... Así que acepto y volvió a montar su mula. Al regreso, otro vecino le esperaba para comprarle más herramientas. La voz empezó a correrse por el pueblo y muchos más quisieron evitarse el viaje. Una vez por semana, el ahora vendedor de herramientas viajaba y compraba lo que necesitaban sus clientes. El tiempo fue pasando y alquilo una nave para almacenar las herramientas y algunas semanas después, con un buen rótulo se transformo en la primera ferretería del pueblo.

Todos estaban contentos y compraban en su negocio. Ya no viajaba, los fabricantes le enviaban sus pedidos. Él era un buen cliente. Con el tiempo, los pueblos cercanos preferían comprar en su ferretería y ganar dos días de marcha.

 De tal forma, sucedió que en diez años aquel hombre se transformó con honestidad y trabajo en un millonario fabricante de herramientas.

Un día decidió donar a su pueblo una escuela. Allí se enseñaría, además de leer y escribir, las artes y oficios más prácticos de la época. En el acto de inauguración de la escuela, el alcalde le entregó las llaves de la ciudad, lo abrazó y le dijo: Con gran orgullo y gratitud le pedimos nos conceda el honor de poner su firma en la primera hoja del libro de actas de la nueva escuela.

 .- El honor sería para mí dijo el hombre. Creo que nada me gustaría más que firmar allí, pero yo no sé leer ni escribir.

.- ¿Usted? dijo el Alcalde, que no alcanzaba a creerlo, ¿usted construyó un imperio industrial sin saber leer ni escribir? Estoy asombrado. Me pregunto, ¿qué hubiera sido de usted si hubiera sabido leer y escribir?

.- Yo se lo puedo contestar, respondió el hombre con calma. Si yo hubiera sabido leer y escribir... ¡ahora mismo sería portero de un Hotel!

 Y finalizó el Maestro: .- Generalmente los cambios son vistos como adversidades. Las adversidades encierran bendiciones. Las crisis están llenas de oportunidades. Cambiar y adaptarse al cambio siempre será la opción más segura.

 Se levantó y comenzó su peregrinación...

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Qué cierto, ¿verdad? Cuántas veces nos damos cuenta de nuestro potencial en otros campos, en cosas que no pensábamos que pudiéramos hacer... cuando tomamos caminos inesperados o cuando, por diversas circunstancias, la vida nos hace tomar esos nuevos caminos.

 

 La botella de agua

En un supermercado había una botella de agua que era muy egoísta. Siempre quería lo mejor para ella: la mejor etiqueta, el mejor sitio, el mejor estante, estar bien limpia y en la primera fila, para que todo el mundo la viera bonita... Nunca se le ocurría hacer nada por los demás.
Un día una persona la cogió para comprarla, la puso en el carro de la compra y se la llevo a casa. La botella estaba muy enfadada: no quería marchar de su estante y dejar el mejor sitio a otra. Además, cuando vio que alguien intentaba abrirla para beber el agua que tenía a dentro, la botella se resistió: no quería dar su agua a nadie. Por más fuerza que hicieron no consiguieron abrirla. Y, como que no pudieron hacerla servir, la devolvieron al supermercado y la cambiaron por otra.
De nuevo en el estante, y poco a poco, consiguió volverse a colocar en el mejor sitio, en la primera fila, para ser admirada por todo el mundo que pasaba por delante. Pero, como es natural, la volvieron a comprar. Y otro vez pasó lo mismo: como no la podían abrir, la volvieron al estante. Y la vida de aquella botella fue pasando entre idas y venidas, y lo único que pretendía era estar en un buen sitio y ser admirada.
Con el paso del tiempo sucedió que a la botella le llegó la fecha de caducidad: el agua que había dentro empezó a perder transparencia y, al poco tiempo, ya no servía para beber. Los empleados del supermercado la retiraron y la tiraron a la basura.
Aquella botella no había servido para nada. A nadie le había dado su agua para calmarle la sed. Ahora, perdida en medio de las basuras, se lamentaba de lo que había hecho. Entonces se dio cuenta que todo lo que no se da a tiempo se echa a perder. Pero ya era demasiado tarde.

 

Con todas tus fuerzas

Un padre estaba observando a su hijo pequeño que trataba de mover una maceta con flores muy pesada. El pequeño se esforzaba, sudaba, pero no conseguía desplazar la maceta ni un milímetro.
"¿Has empleado todas tus fuerzas?", le preguntó el padre.
"Sí", respondió el niño.
"No", replicó el padre, "aún no me has pedido que te ayude".

 

 

 

El avaro


Un anciano, en su lecho de muerte, seguía pensando en lo mismo en lo que había pensado toda su vida: DINERO.
Con su último aliento ordenó a su sirvienta que colocara en su féretro una bolsa repleta de monedas de oro.
Cuando su alma hubo pasado al más allá, se vio de repente ante una mesa con los manjares más deliciosos.
- Dígame, ¿cuánto valen todos estos manjares: el pan con salmón, las sardinas y las empanadas de carne?, preguntó al tiempo que se le hacía la boca agua.
- Todo vale un real -le respondieron.
- Qué barato, pensó con regocijo, y llenó toda una bandeja con exquisitas viandas.
Cuando fue a pagar con una moneda de oro, el vendedor negó apesadumbrado con la cabeza y dijo:
- Quizá hayas aprendido muchas cosas en la vida, pero lo que no sabes es que aquí sólo aceptamos el dinero que has regalado.