Que el Señor te bendiga y te guarde, te muestre su rostro y tenga piedad de ti, te dirija su mirada y te de la paz.

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"El amor de Cristo nos apremia,  por eso nos sentimos llamadas a trabajar en todo el mundo para consolidar y difundir el Reino de Cristo, llevando el anuncio del Evangelio a todas partes, hasta las regiones más lejanas".

(Constituciones 78)

-Congo querido... ¿Congo perdido?

 

 

-Testimonio y martirio de Annalena Tonelli

 

 
-Desde Minouli  
   

TESTIMONIOS DE MISIONEROS

CONGO QUERIDO… ¿CONGO PERDIDO?...

     La República Democrática del Congo ha vivido varios periodos: la colonización, la independencia, la dictadura y, ahora, la república. ¿Llegará algún día a ser una democracia? ¿Es éste un sueño, una esperanza, una utopía? ¿De quién depende el que este cambio pueda darse? Estas y otras preguntas vienen a mi mente al ver al Congo de hoy, el antiguo ex Zaire.

     La primera vez que anduve por este país fue en el año 2000. Ahora estoy de nuevo aquí, visitando las comunidades de hermanas que tenemos en esta parte de África.  Desde aquella primera vez a nuestros días, me ha impresionado, sobre todo, el cambio a peor que se ha registrado en la capital, Kinshasa.

     La gente vive en la miseria. No hay trabajo, no hay industria, no hay dinero… Las escuelas y universidades no funcionan bien porque el Estado no paga a los maestros y profesores. Las familias no pueden asumir la educación de sus hijos, por eso los niños de la calle han aumentado considerablemente su número. También se han incrementado los robos, los crímenes, el SIDA… Toda esta realidad acontece en el contexto de unas elecciones que pueden mejorar la situación del país o provocar una destrucción total.

     Las congregaciones religiosas hacen todo lo que pueden por paliar esta situación. Pero faltan dineros y recursos, con lo que su trabajo resulta muy limitado. En un centro para enfermos de SIDA me dijeron que el último año habían muerto 80 personas. ¿Cuántos habrán fallecido en todo el país?

 AVENTURA DE FE

     Nuestro viaje al interior, donde hay dos comunidades de la Compañía Misionera del Sagrado Corazón, ha sido una aventura de fe. Las dos primeras horas del recorrido las hemos hecho en un avión donde caben sólo 10 pasajeros. El resto del trayecto lo  hemos realizado por carretera. Si es que se la puede llamar así, porque realmente era un callejón lleno de baches. A cada rato teníamos que parar a rellenar el hueco con tierra para que el coche pudiera pasar. De hecho, tuvimos que ir acompañadas de tres hombres con palas para que nos ayudaran a rellenar los socavones, además de utilizar palancas y planchas metálicas para poner debajo de las ruedas.

     Todo un gran esfuerzo que, por si fuera poco, hay que realizar a pleno sol. Además, como por aquí no hay coches, el viaje lo hicimos sólo nosotros. Muchos kilómetros tuvieron que ser a pie porque había mucho riesgo de que el coche volcara. Y, por si no hubiera suficientes emociones, se sumaron a nuestra aventura dos grandes árboles caídos justo en medio de la carretera que impedían el paso del coche. Así que tuvimos que parar y los hombres cortaron ramos durante tres horas para que pudiéramos pasar. Resumiendo: un trayecto de sólo 120 kilómetros nos llevó realizarlo dos días de viaje.

     Como se puede deducir de lo dicho, la comunicación con nuestras misiones es difícil. A pesar de ello, la gente, que vire por estos lugares de la agricultura –maíz, tapioca y cacahuetes-, recorre este tortuoso camino de 120 kilómetros para ir a la ciudad a vender sus productos. Sobre sus bicicletas llevan los sacos con lo obtenido de sus cosechas, empujando todo el tiempo. Realizan un duro recorrido para obtener el poco de dinero que se les paga por ello, pero es dinero y, como no tienen nada, aunque sea poco, lo valoran mucho.

 Pueblo alegre y sencillo

     Los pueblos de esta zona, quizás debido a lo complicado de su acceso, no son muy abiertos a las influencias externas. Viven, como hace un siglo, muy aferrados a sus tradiciones y costumbres. Lo que no significa que sea algo malo: la gente es muy cercana, son muy acogedores y cariñosos. Verdaderamente Dios se manifiesta en la alegría y sencillez de este pueblo.

     La gente tiene su manera de recrearse y divertirse. Los domingos por la mañana nos levantamos con el bullicio de un grupo de jóvenes corriendo y cantando por entre las casas. Nos explicaron que ésta es su manera de anunciar a todos los vecinos que por la tarde habrá un partido de fútbol. De esta manera, los equipos, al mismo tiempo que propagan el evento, se entrenan con este ejercicio físico.

     La Misa del domingo se celebra a las 8 de la mañana. Es el acto principal del día. A ella acude todo el pueblo y la gente va elegantemente vestida. Es una Misa muy participativa, con cantos y danzas. Dura tres horas que se pasan sin darte cuenta. Verdaderamente que con sus voces y danzas dan un gran ambiente festivo a la celebración eucarística.

     Las hermanas están muy comprometidas con la vida de la gente, participando en sus gozos y tristezas, en sus celebraciones de vida y de muerte. Tienen a su cargo el centro de salud, la escuela y el centro social. Su casa está abierta a todas las personas, quienes se sienten acogidas y comprometidas.

 El regreso

     Regresamos a Kinshasa justo el día de la muerte de Juan Pablo II. Lo que nos permitió vivir experiencia inolvidable de este pueblo que tanto sufre pero que tan bien supo expresar su solidaridad y dolor con toda la Iglesia mediante una Misa en la catedral.

     Concelebraron cinco obispos y más de 300 sacerdotes. La catedral estaba abarrotada por miles de personas. Las mujeres elegantemente vestidas con el típico paño africano, confeccionado para este acontecimiento con la imagen del Papa. La participación en la Misa fue extraordinaria: los cantos en latín y con unas voces preciosas. Me emocionó tanto que me atrevo a decir que fue más solemne que la celebrada en el Vaticano. Los africanos poseen un don especial para dar realce a las celebraciones, al mismo tiempo que una gran devoción y emoción.

     Esta gente tiene gran aguante, sabe sufrir, pero también sabe solidarizarse y gozar. Estas palabras de Juan Pablo II al pueblo africano son muy significativas: “Hay un patrimonio original que es absolutamente necesario salvaguardar y promover armoniosamente. No es fácil dominar este hervidero, hacer que las fuerzas vivas sirvan para un auténtico desarrollo. La tentación es grande, en efecto, de destruir en lugar de construir, de conseguir armas a alto precio para los pueblos que necesitan pan, de querer el poder para poner unas etnias contra otras en luchas fratricidas y sangrientas mientras que los pobres suspiran por la paz, donde todavía sucumben a la embriaguez del provecho y beneficio de una clase privilegiada.

MARY D´PENHA

Comp. M. del Sgdo. Cor.

De la revista Misioneros, nº 63

 

TESTIMONIO Y MARTIRIO DE ANNALENA TONELLI

         El 5 de octubre de 2003 fue asesinada Annalena Tonelli en las arenas del desierto de Somalia en las que vivió 33 años al servicio de los enfermos y los pobres de África.

     "Cuando hagas algo por los demás, no lo digas a nadie", decía Annalena coherente con el evangelio de Jesús. Y sin embargo las atrocidades cometidas contra poblaciones musulmanas indefensas en 1985 la llevaron a levantar la voz por primera vez en bien de su gente... aunque eso le valiera luego la persecución y el martirio. Volvería a hablar públicamente el 25 de junio de 2003 al recibir en Ginebra el prestigioso galardón Nansen, del Alto Comisariado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Pero una vez más la notoriedad aumentó sus dificultades, y cien días después alguien disparó su fusil...

    He aquí un extracto de su testimonio en Ginebra:

    Me llamo Annalena Tonelli. Nací en 1943 en Italia, en Forlì. Trabajo en la salud desde hace treinta años, pero no soy médico sino licenciada en Derecho. Dejé Italia en 1969 y desde entonces vivo al servicio de los somalíes. Elegí ser para los otros: los pobres, los sufrientes, los no amados, desde que era niña, y así he sido y confío continuar siendo hasta el fin de mi vida.

    Partí decidida a "gritar el evangelio con la vida". He vivido particularmente con los somalíes, en un mundo rígidamente musulmán. Recuerdo que al llegar me enamoré de un niño enfermo de "sickle cell" y de hambre. Y fue quizás mi primera experiencia de que el amor genera amor. Cuando conocí a los primeros enfermos de tuberculosis estaban en una sección de desesperados; lo que más partía el corazón era su abandono. En nuestra "escuela" adquieren confianza, comprenden los motivos de la necesidad de completar la cura. De la TBC se cura y se llega a ser fuerte y aprenden a aceptar el sufrimiento físico y la muerte. La gente está infinitamente agradecida por ello.

    Hace cuatro años, el primer niño sordo que había llevado a la escuela para sordos en Kenya vino a verme. Enseguida decidió quedarse y juntos creamos una escuela para niños sordos, aunque allí nadie creía que fuera posible educarlos. Hemos acogido treinta niños; muchos estaban enfermos. Algunos intelectuales y ricos nos suplicaron que recibiéramos a sus hijos. Decidimos aceptarlos. Hoy la escuela es una bellísima mezcla de niños de toda procedencia.

    El "Ut unum sint" (Que sean uno) ha sido la pasión de mi vida. Cada día luchamos para comprender y hacer comprender el perdón. Nuestro deber sobre la tierra es hacer vivir. Y la vida no es condena. La vida es esperar siempre contra toda esperanza, creer que hay Dios y que es un Dios de amor. La vida tiene sentido sólo si se ama. Mi vida ha conocido múltiples peligros y he salido con la convicción de que lo que cuenta es amar. Solo entonces nuestra vida llega a ser digna de ser vivida. 

http://www.ciberiglesia.net/discipulos/07indice.htm

 

CARTA DESDE MINDOULI

(Nuestras hermanas que profesaron en septiembre no quisieron regalos para ellas en este día tan especial, e invitaron a la gente a hacer su colaboración con un proyecto del Congo. Aquí está la carta de agradecimiento tras hacer este sueño realidad.)

 

Mindouli, 15/11/05

 Parroquia de los Santos Mártires

de Mindouli

Anejo de San Pablo de Kingoyi

  

Queridas Hermanas:

            “Que la gracia obtenida por nosotros... sea un motivo de acción de gracias...” (2 Cor.1, 11)

         Toda la comunidad cristiana de Kingoyi recibió con gran alegría la noticia de la rehabilitación de su iglesia. Nosotros decimos que es un regalo del cielo. Desde el anuncio de esta noticia, los cristianos se sintieron reconfortados, revitalizados, y con voz unánime bendijeron al Señor por esta ayuda inesperada tan preciosa.

             En efecto, fue en la guerra de 1998 cuando nuestra capilla fue saqueada, quemada y después derruida. Desde entonces rezamos a cielo descubierto, expuestos a todas las intemperies. A pesar de nuestras insistentes peticiones de ayuda, lanzadas por aquí y por allá, no se nos había tendido ninguna mano generosa. Por fin, gracias a Dios, gracias a la amabilidad de su excelencia Monseñor Andrés Carrascosa, Nuncio Apostólico en el Congo, el Señor tocó vuestros corazones caritativos y sensibles, aceptando venir en nuestra ayuda. Es verdaderamente una gracia providencial que no olvidaremos nunca.

             Con la primera remesa de dinero pudimos comprar planchas y cemento, antes de acometer, próximamente la construcción de la techumbre. Por nuestra parte, nosotros ya nos hemos movilizado para transportar arena, grava y piedras. Por supuesto, para señalar el principio de los trabajos, el sacerdote celebró una Misa por todos los bienhechores y bienhechoras; además, para asegurar una unión de oración permanente, el rosario de cada primer sábado de mes, así como la celebración de cada primer domingo de mes, se dedicarán a esta misma intención.

             Con una verdadera alegría de corazón y un sincero agradecimiento, os expresamos nuestros sentimientos de franca gratitud.

 Gracias, gracias, gracias

 

El Cura,

Padre Alain Biniakounou