CRÓNICA DE UN ENCUENTRO
Con el lema
“Descalzos ante Dios, descalzos con el pueblo” se abría el III Encuentro
Nacional de religios@s jóvenes en nuestra ciudad. Se abrían cuatro días intensos
para casi los 200 religios@s que participábamos.
Un abanico de carismas se presentaba en el colegio de los Agustinos (que tan
generosamente nos han dejado sus instalaciones) y no solo de carismas sino
también de lenguas y culturas.
Con gran ilusión y trabajo, CONFER JOVEN Granada ultimaba el jueves por la
mañana los últimos detalles. Se alzaba ante nuestros ojos como una bandera el
cartel que presidiría todo nuestro Encuentro. Un enorme cartel en cuyo centro
había una granada (no podía ser de otra manera) y dentro, el mundo como una
fuente y esta es la Fuente de Dios.
Todo estaba listo para que nos descalzásemos ante Dios y ante el pueblo.
En la bienvenida se nos animó en nuestra labor, en nuestro ser de consagrad@s
jóvenes. La Iglesia espera mucho de nosotr@s, espera que vayamos con esa
frescura de nuestro ser, con la mirada fija en Dios y los pies en el suelo para
caminar con el pueblo pobre, oprimido…
A pesar del cansancio nos quedamos casi hasta las 12:30 en la Vigilia. Oración y
silencio, espacios donde poder comunicarnos con Aquel que nos ama y nos llama. Y
para ir a El, fuera las sandalias, fuera ideas lejanas de Dios y fuera también
las sandalias para pisar el terreno de los pobres, los enfermos… ¿qué habíamos
hecho nosotros? Dios nos lo ha regalado.
El viernes se abría con una conferencia a cargo de Pedro Belderrain y cuyo
título era “La misión de la vida religiosa hoy”. Después dábamos paso a los 15
talleres (a cada cual más apetitoso) que nos ayudaría a ver la realidad del
momento y nuestro puesto como consagrad@s. Horas intensas de trabajo en donde
hay que felicitar a todos los ponentes. El día lo cerraba la Vigilia de la
Inmaculada en los Franciscanos donde después compartimos la cena fraterna.
Para ver nuestros talleres plasmados en la realidad un paseo el sábado por los
diferentes proyectos que tenían que ver con nuestros temas. Era pasar de la
teoría a la práctica. En la Eucaristía fuente y culmen de nuestra vida
presentamos las conclusiones. Ya para finalizar una velada intercultural donde
dimos muestra de nuestra alegría y nuestro saber bailar.
A pesar del cansancio entrábamos en la recta final del Encuentro que lo cerraba
la Eucaristía y la lectura del Manifiesto.
No estamos
sol@s nuestras congregaciones e Institutos nos acompañan, dando lo mejor que
tienen que es su testimonio de vida entregada a Dios y a los hombres.
Necesitamos descalzarnos ante Dios y caminar junt@s. el mundo espera de nosotr@s
nuestro testimonio alegre y confiado, nuestra unidad, trabajemos pues juntos,
unidos a Dios descalzos ante El si mas seguridad que su gracia que no nos
abandonará y así caminaremos descalzos con el pueblo.
Desde aquí
felicitar al equipo de CONFER JOVEN de Granada que con tanta ilusión ha
preparado el Encuentro. Hn@s el fruto de este trabajo ha sido el ambiente que se
ha creado entre nosotr@s. Codo a codo trabajamos por lo mismo.
También
felicitar a las casa de religios@s que han abierto sus puertas con tanta caridad
para que pudiesen hospedar ahí los religios@s.
No lo
olvidemos para caminar con Dios hay que andar descalz@s con el pueblo y para
caminar con el pueblo hay que andar descalz@s ante Dios. Dejar nuestras
seguridades, miedos… en las sandalias e ir con autenticidad.
Unidos en
la oración:
Hna Ana Mª
Esclava
Carmelita de la Sagrada. Familia.
ENCUENTRO EN SILOS

Del treinta de abril al tres de mayo, algunas de nosotras estuvimos en Santo
Domingo de Silos (Burgos), un pueblecito que goza de la presencia de un
Monasterio de Monjes benedictinos, por el que nos sentimos muy acogidas.
Durante todo el curso, de
vez en cuando nos viene bien hacer una parada en nuestra vida ajetreada y eso
fueron estos días para nosotras: un remanso de paz en la liturgia tan destacada
en el carisma de estos monjes; una inyección de convivencia fraterna, un gozar
de la naturaleza que nos rodeaba.
Dios ayuda a renovar la
vida cotidiana, y volvimos a retomar el sentido de la liturgia de las horas, que
la Iglesia recoge como oración universal. El silencio y la paz interior nos
llevan a dejar que la voz de Dios resuene como eco dentro del alma.
Dice San Juan de la Cruz en
sus cautelas: “El alma que quiere llegar en breve al santo recogimiento,
silencio espiritual, desnudez y pobreza de espíritu, donde se goza el pacífico
refrigerio del Espíritu Santo...”
¡Esto es lo que vivimos en este
monasterio tan querido ya por nosotras: Dios está en lo más sencillo!
Cuántas cosas vividas que
poder contar... como siempre, las miramos con los ojos de Dios, porque fueron un
regalo en pequeñas dosis: la excursión a Covarrubias, la visita a las dominicas
de Lerma, tan queridas por nuestras primeras hermanas y ahora ya por todas las
demás, la comida a la orilla del río, el paseo por el campo... ¡tantas cosas!
Damos las gracias a las
personas que tan bien nos han acogido: al Abad del Monasterio de Silos, que nos
dedicó unas palabras preciosas para nuestra vida comunitaria, a Ángel, uno de
los jóvenes un nuestras parroquias de la ciudad de Cuenca que pertenece a la
comunidad y que nos dedicó mucho de su precioso tiempo, al resto de los monjes,
que han sido un encanto para nosotras por su cariño, su silencio y su cercanía,
a las dominicas de Lerma, a la familia de nuestra hna. Ana...
Esto nos ayuda también a hacer vida en
nuestras comunidades el salmo 133:
“Ved qué dulzura y qué delicia convivir los hermanos unidos”.

Hna. Leticia
TESTIMONIO DE MI VOCACIÓN
Me llamo sor Antonia María de Jesús Hostia, soy de Chauchina (Granada) y a
los pocos días de nacer mi madre me trajo a los pies de la Virgen del Espino, de
la que es muy devota y quiere con locura. Ya desde entonces la Virgen sembró en
mi la vocación religiosa y aunque con mucha resistencia por mi parte, poco a
poco la hizo crecer.
Desde muy pequeña mi madre me enseñó a descubrir que la Virgen era mi madre
del Cielo, que tenía que quererla y confiarle todas mis cosas, porque Ella en
todo momento me protegería y cuidaría de mí. Me enseñó a rezar las oraciones
típicas de los niños y mi amor a la Virgen fue creciendo poquito a poco. Me
apunté al coro parroquial y me gustaba ir a Misa los domingos porque participaba
en ella cantando. Así se iba caldeando mi corazón para recibir a Jesús, después
hice convivencias y algunos años Ejercicios Espirituales. Recuerdo, con especial
cariño, los que hice con las Cruzadas de Santa María, dirigidos por el Padre
Morales, su Fundador, que está abierto su proceso de canonización, me ayudó a
descubrir que Jesús quería algo de mí, que estuviera a la escucha y que para eso
la ayuda de la Virgen era muy eficaz, tenía que mirarle y dejarme mirar por
ella. Comenzó mi lucha pues con mis amigas me divertía hacía viajes, disfrutaba
mucho en las fiestas bailando, tomándome algún refresco y conociendo algunos
chicos. Pero Jesús llamaba a la puerta de mi corazón. Me hice catequista y
notaba que el Señor quería algo más de mí. En los ratillos que estaba aquí a los
pies de la Virgen del Espino me gustaba mirar para la reja para ver si veía
alguna monja y notaba como la Virgen me decía “quiero que seas como ellas” me
daba un nervio muy grande por dentro, pues por un lado quería pero por otro me
resultaba dificilísimo e imposible dejar todas las comodidades que el mundo me
ofrecía y sobre todo a mi familia, por lo que le pedía a Jesús y a la Virgen
gracia y fuerza para poder ver con claridad. Dios no me pedía el cuidado de los
niños, ni de los enfermos, ni de los ancianos. No, El me pedía únicamente amarle
con mi oración y sacrificio llevado a cabo mediante mi vida oculta, para
hablarle del mundo, de la juventud, en fin, para tratar con El de sus negocios,
pero sobre todo para decirle aquellas palabras de amor, intimidad y alabanza que
El esperaba de mí. A todo esto le daba vueltas en mi pequeño corazón y sentía
que la Virgen me insistía “¿No quieres ser como ellas?. Cuando le dije a Rosario
Granados que vendrían unas monjas a adorar a Jesús y a cuidar de mi imagen,
estaba pensando en que una de esas serías tú.”. Pero yo pensaba y les decía:
Jesús, Virgen del Espino yo os quiero mucho, pero no os quiero dar eso que me
pedís porque me cuesta, me da miedo, no quiero comprometerme demasiado. Soy
catequista, rezo, intento atraer hacia Jesús a mis amigas, estoy bien y soy
feliz así… pero no me quedaba tranquila.
En estas luchas vino un padre a predicar los Ejercicios Espirituales a las
Capuchinas, estuve hablando con él, y me hizo ver que Dios me quería aquí y que
mi entrega tenía que ser generosa porque con Dios no se juega. Después de hablar
varios días con él, de probarme. Sostenida, sobre todo, por su oración,
sacrificios y fortalecida por la Eucaristía se lo dije a mis padres, sabía que
les iba a costar mucho darme el permiso, pero Dios estaba por encima y me
decidí. Así a los 18 años entré en este trocito de cielo y soy feliz. Le quiero
con locura a Jesús, el pensamiento que más me atrae es Jesús, el coro esta
vibrante de cantos a Jesús, mi oficio me lo ha dado Jesús con toda la
responsabilidad que supone y lo tengo que cumplir por Jesús. En fin todo por
Jesús, igual que vosotros por la persona que queréis estáis dispuestos a hacer
todo lo que está de vuestra mano y sabéis que le gusta. Esa es mi vida hacer
todo lo que está de mi mano para agradar a Jesús, aunque me cueste sacrificio.
Desde aquí pedimos por vosotros para que la Virgen del Espino os dé a todos un
corazón ardiente para desear a Jesús, un corazón puro para recibirle y un
corazón constante para no perderle jamás.
Abandonaos en las manos de Jesús, ¡se vive tan bien colgado de un dedito
suyo! Dice un proverbio chino: “cuando el sabio apunta a la luna, el tonto se
queda mirando el dedo” ¿por qué os digo esto? Mirad, si buscáis el verdadero
sentido de la vida, no os quedéis en lo accidental, buscad lo profundo, todo
apunta a una meta que es Dios. La vocación exige valentía, entrega, decisión. No
os fijéis en las rejas, en qué habrá detrás de ellas, cómo serán las monjas
guapas, simpáticas, serias…Dios está sobre todo. Lo que tenemos que hacer es
vaciarnos de nosotras mismas para llenarnos por completo de Dios, al igual que
la Virgen llevó a Jesús en su seno, nosotros llevamos maternalmente en nuestros
pobres corazones a toda la Iglesia. Por amor de Dios renunciamos a ser madre
carnal y El te concede ser madre espiritual de todo el mundo, por eso no tengáis
miedo a Dios que os llama y contestad desde vuestra pequeñez como la Virgen
“Hágase”.
Bueno, por último deciros que si queréis conocer un poquito más de nuestra
vida, podéis venir cualquier día al locutorio para hablar con nosotras y
preguntarnos vuestra dudas. ¡Ea, a ser generosos!
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Me llamo sor Alicia del Sagrado Corazón de Jesús, soy Clarisa Capuchina,
natural de Ciudad Real.
Toda vocación de especial consagración a Dios no nace en un momento concreto
de nuestra vida, sino que Dios nos dice: “desde el seno materno te elegí”,
nuestra historia o existencia está en la mente del Señor desde toda la
eternidad, únicamente que El va poniendo a lo largo de nuestra vida una serie de
instrumentos que nos van llevando a este fin, como pueden ser nuestra familia,
sacerdotes, amistades y circunstancias en la vida que no ocurren por casualidad
sino que son el fruto de la Divina Providencia.
Por ello el Señor permitió que naciera en una familia cristiana, mis padres
nos inculcaban desde muy pequeños la importancia de ir a misa todos los
Domingos, y de asistir a catequesis; a esto se unió la suerte de tener dos tías
solteras que eran muy piadosas: tenían muchos libros de santos, me hablaban
también de la vida de Sta Teresa de Jesús, de Sta Margarita Maria de Alacoque y
yo pensaba: ¿Y no podría ser yo religiosa como ellas?,
Llegó la adolescencia y poco a poco fui apagando esa inquietud en mi vida
porque empecé con los estudios, las salidas en pandilla, íbamos al baile y poco
a poco llegué a alejarme tanto del Señor que incluso dejé de ir a misa los
domingos; pero en el fondo de mi corazón sentía un vacío muy grande y de nuevo
el Señor en su DIVINA MISERICORDIA volvió a salir a mi encuentro. Recién
cumplidos los 20 años una amiga que conocía a unas religiosas me invitó a un
retiro en Toledo, y yo pensé: no voy a perder nada por ir. Allí conocí al padre
Don Antonio de Jesús el que iba a ser en un futuro mi director espiritual.
Cuando salí de ese retiro no era la misma que había entrado.
Desde aquel momento la EUCARISTIA se convirtió en el centro de mi vida, y en
mi alegría. En lo que antes encontraba gusto, dejó de atraerme, lo que sí me
atraía ahora enormemente era el irme largos ratos de oración ante el Sagrario.
Don Antonio de Jesús formaba parte de un grupo de jóvenes, junto con otros
sacerdotes, este grupo se llama Getsemaní, desde ese momento me invitaba a los
retiros mensuales que se organizaban. Todo ello me ayudó a que volviera a
resurgir en mi interior la llamada del Señor, quería ser religiosa, y estar más
tiempo en su presencia , alabándole, del que podía estar quedándome en el mundo.
Tenía que decirle a mis padres que quería ser religiosa, mis padres sufrieron
mucho; ellos me aconsejaron que estudiara magisterio y yo inicié la carrera, una
vez terminada me preparé la oposición y la aprobé comenzando por tanto a
trabajar como maestra.
Mi grupo de oración Getsemaní organizaba peregrinaciones, yo
fui a algunas de
ellas, Fátima, Lourdes, necesitaba la ayuda de la Virgen, le pedía luz y
fortaleza para cumplir la voluntad de Dios, eran momentos donde el amor de Dios
y de la Virgen volvían a salir a mi encuentro
¡Cómo me han ayudado también para mi discernimiento vocacional las jornadas
mundiales de la Juventud! tanto en París como en Roma, organizadas por nuestro
querido Juan Pablo II, donde nos decía esas palabras tan profundas de remar mar
adentro; fiémonos de EL y habrá pesca milagrosa en nuestra vida, estad seguros
de ello.
Finalmente la experiencia de vivir ejercicios espirituales fue determinante
para iluminarme en esos momentos, por todo ello me decidí a seguir su llamada,
fortalecida con todas las gracias que me había ido dando el Señor a través de
los sacramentos y de la oración , decidí entrar, empujada por el Espíritu SANTO
, como Clarisa Capuchina en este convento. Me costó mucho dejar a mi familia
pues mi amor por ellos era y sigue siendo muy grande, y ahora se unía el tener
que dejar mi trabajo, y romper así con todas las seguridades y comodidades que
tenía, pero DIOS está por encima de todo.
Siento un gozo muy grande por estar junto al Señor, es una alegría vivir en
su casa alabándole siempre, porque aunque hacemos muchas cosas, nuestra
principal misión y obligación es ser como los cirios que se encuentran
continuamente al lado del sagrario y van gastándose adorando y acompañando al
Señor por tantos que lo ignoran, que no van a visitarlo y lo olvidan totalmente,
sin reconocer su primacía, que El es el Todo.
Por eso queridos jóvenes si alguno de vosotros siente en su interior la
llamada del Señor que no le echen para atrás, ni sus defectos, ni sus
debilidades, sino que escuche desde lo más íntimo de su corazón estas palabras
que el Señor le dice: “Te basta mi gracia, porque mi fuerza se muestra perfecta
en la flaqueza”, por ello ¡¡adelante!! y como dijo Su Santidad Benedicto XVI: Jesús no quita nada, lo da todo; porque si sois fieles al designio de amor que
tiene el Señor sobre vosotros os dará el ciento por uno y la vida eterna, que es
lo que realmente tiene valor porque esta vida hay que intentar vivirla en
plenitud, lo mejor posible y más cerca del Señor. Ya termino diciendo que os
tendré siempre presentes a todos en mis pobres oraciones y pequeños sacrificios
y que como hermanos en el Corazón de Jesús y María cuento también con vuestras
oraciones. No olvidéis nunca las palabras de nuestro amado Juan Pablo II:
“Queridos jóvenes, no tengáis miedo, abrid las puertas a Cristo”. Que Dios os
bendiga.
A
JAVIER....
“¡Señor, toma mi vida nueva!” Esto es
lo que repetíamos una y otra vez casi hasta la saciedad los días 4, 5 y 6 de
Agosto peregrinando hacia Javier, un sitio privilegiado de Navarra, que fue cuna
de la vida de San Francisco de Javier.
Este año celebramos los 500 años de
su nacimiento, y por qué no, también nuestro deseo de que de verdad sea Dios
quien tome nuestra vida para que no dejemos de soñar.
Para los que no estuvisteis, os sitúo
un poco: los días 4 y 5 de Agosto los pasamos en Pamplona poniéndonos un poco a
tono, dejando que nuestro corazón se caldeara con pequeños acontecimientos que
nos fueron bombardeando, desde la acogida en la Catedral donde lo que más me
impresionó fue la llegada de la
antorcha
traída por muchos voluntarios desde Javier, signo de que San Francisco Javier,
nos daba el relevo para vivir como algo nuevo el Evangelio, hasta el testimonio
de Itziar, una joven de 23 años que conocí hace muchos años, porque desde niñas,
nos hemos visto en el campamento. De paso os pido a todos una oración por ella,
porque tiene cáncer, pero os aseguro que renovó mis ganas de seguir viviendo y
amando sin quedarme en la mediocridad... quizá por la aceptación de la voluntad
de Dios que nos mostró a todos y sus inmensas ganas de vivir plenamente dándole
un sentido inenarrable a lo que le acontece en este momento, que es el
sufrimiento.
El lugar de concentración masiva fue
en un parque precioso de Pamplona, llamado Yamaguchí, con ese nombre tan extraño
porque nos recuerda el hermanamiento de Pamplona con Japón. Esa misma noche del
viernes día 4, se inauguró una estatua de San Francisco Javier en el mismo
parque.
No puedo olvidar el concierto de por
la noche en clave de Evangelio, desde un tono muy juvenil con Migueli, Nico...en
el que todo nuestro ser vibraba por aquello que queríamos hacer nuestro. Y
reímos, cantamos, saltamos y bailamos hasta no poder más…unos más que otros, la
verdad sea dicha.
El día siguiente, después de haber
dormido poco, pero felices, nos encaminamos a las distintas catequesis de los
obispos. La diócesis de Ávila, asistimos a la de D. José, Obispo de Guadalajara,
con quien tuvimos después la Eucaristía.
Por la tarde había distribuidos por
un montón de sitios muchos talleres: de oración, ecología, música, vida
contemplativa, derecho a la vida... Yo asistí a uno sobre Juan Pablo II, que dio
Paloma Gómez Borrero, y no os podéis hacer una idea de cómo salí de aquel lugar:
primero fue San Francisco Javier quien me invitó a vivir desde dentro todo
aquello que el Señor pone en mi interior dejando que los sueños fluyan, y
después me vuelve a insistir Juan Pablo II para que desde la sencillez de las
cosas pequeñas no deje de mostrar al mundo que me rodea esa cultura de la vida,
así, sin miedo, de la manera que lo hizo Jesús. Era como si mi corazón se
hubiese convertido en una maraca que no deja de hacer ruido, incluso te marea
hasta que empiezas a ser consciente de lo que te esta pidiendo Dios... y como la
guinda de la tarta, una vigilia para reafirmar nuestra fe en torno al Credo.
“¡Señor, yo creo pero
aumenta
mi fe!” y junto a eso, los testimonios que nos calaron el corazón y una velita
encendida que era un tanto débil, de tal modo que cuando venía un poco de aire,
se apagaba, pero siempre había alguien cerca para darte de nuevo la luz, y si es
cierto que yo sola no puedo nada, había cientos de lucecitas como la mía que
procedían de una LUZ mayor. ¡Somos la luz del mundo que no podemos guardar
debajo del celemín de la apariencia, la medianía, la hipocresía o la
incoherencia de vivir el Evangelio a medio gas!
Llegó el día esperado, domingo día 6
en el que todos partimos hacia el Castillo de Javier. El autobús nos dejó en una
explanada debajo del castillo y anduvimos todos juntos en peregrinación
“simbólicamente” un kilómetro. Es cierto que era cuesta arriba, pero íbamos
todos juntos cantando y riendo.
Conforme íbamos llegando, nos
colocamos para comenzar la Eucaristía, presidida por el Obispo de Navarra, que
nos habló a todos muy claramente de cómo debe actuar un cristiano en la sociedad
que nos arrolla continuamente a lo más fácil e instantáneo. Todo lo que vale la
pena cuesta esfuerzo, y el mandamiento de Jesús del AMOR, es todo un reto para
llevar a cabo en nuestra vida diaria.
Todo no termina aquí, san Francisco
Javier nos enviaba a cada uno a ser esa antorcha, no se nos podía olvidar, a ser
esa luz e ir donde
los
hombres necesiten esa Palabra de Dios, sus mismas ganas de vivir, donde falte la
esperanza, donde todo sea triste simplemente por no saber de Él... y nos lo
recordaba por medio de una cruz que nos regalaron a cada uno, signo de que Él
está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo. No dejé de poner a los
pies del Cristo de la sonrisa todo y a todos los que llevaba conmigo, metidos en
mi corazón, lo que había recibido yo durante esos días, quería que fuese regalo
para lo más bonito de mi vida, y para los que me fuera encontrando en el camino.
¿Quién no regresó de nuevo a su casa
con “la mochila” más llena de experiencias, oraciones, sonrisas... canciones?
Él, que nos ama infinitamente, nos sigue sorprendiendo con pequeñas maravillas,
sólo hace falta que pongas tus manos vacías.
( Hna. Leticia)
DESDE
CHAUCHINA...
Quiero compartir con vosotros mi experiencia de vida del día 9 de Septiembre,
fecha de la Coronación Canónica de Ntra. Sra. del Espino.
¡Cuánta ilusión y cuánto cariño puesto en tantas cosas preparadas!
Este verano, desde nuestro precioso rincón del Campamento, en medio de la
naturaleza, me unía al resto de mis compañeros de la Comisión en lo que
estuvieron preparando, decidiendo. Desde lejos quería sentirme una con ellos.
Cuando volvimos al pueblo, el 30 de Agosto, todo fue ir preparando y vísperas
del día de la Coronación nos comunican que había que descargar y organizar en el
parque 3000 sillas. Ea, nosotras fuimos a colaborar en esa tarea. Mi sorpresa
fue cuando después de puestas y viendo lo sucias que estaban, se nos dice que
era mejor limpiarlas. ¡Dios querido! Mi primera reacción fue de explore, solo
pensaba que no terminábamos en la vida. ¿Alguien sabía lo que significaba fregar
3000 sillas? Enseguida le pedí luz y fuerza (que también físicamente me faltaba)
para saber dar el salto y ofrecer cada silla que fregara. Repetía muchas veces:
“Por Ti Señor, para decirte que te quiero”, y mi actitud empezó a cambiar, lo
hice con gozo, entre risas con la gente que colaboraba. Terminé feliz de aquella
tarea. Además todo bajo un sol brillante y calentito, “pa reventar”. ¡Qué calor!
Exhaustos de fuerzas nos fuimos todos a comer a las 15,00 h. Parecía que nos
íbamos deprisa para volver más deprisa todavía. Quedaban muchas cosas que
ultimar.
Cuando volvimos al parque empezamos a vestir el altar, mesa de ofrendas… vaya
preparar ya todo lo necesario para la Eucaristía.
Terminando de poner el mantel del altar empiezan a caer unas buenas y gordas
gotas de agua. Pensamos, quería pensar, que era algo pasajero, un “riega tierra”
y nada más… Empezó a llover sin parar. ¡Dios mío! Interiormente me entró una
desolación tremenda. Miré al Hermano Paco, y le dije: “No es justo, llevamos
tres años esperando y preparando todo estoy, no hay derecho”. Recuerdo que con
cariño me abrazó y me dijo: “Cristina, Dios tiene la última palabra”. El quiso
ir al Monasterio a ver que se pensaba desde allí, a ver que decía el Obispo. Yo
permanecí junto a la gente que ya se había congregado. Y al tiempo que llovía
cada vez más fuerte, mis lágrimas empezaron a correr por mis mejillas. Después
llegó D. Blas, y mirándolo yo me repetía en alto: “No puede ser cura, llevamos
mucho trabajando para esto”. Él con serenidad me dijo: “Esto es trabajar de un
modo desinteresado, todo para el Señor tiene su premio”.
Aquellas palabras del Hermano Paco y de Blas en mi no cayeron en tierra seca.
Fui poco a poco transformando mi interior y aún en medio de la incertidumbre, de
si la Virgen saldría o no, de ver nuestro trabajo “aparentemente echado por
tierra”, yo tenía paz.
Cuando en plena Misa dijo de diluviar de nuevo me repetía por dentro: “Tú,
Señor, lo sabes todo, tú sabes que te quiero”. Yo misma pude infundir palabras
de aliento a mis compañeros de la Comisión, que están ahí conmigo.
Cuando la Virgen se encerró fue precioso comentar nosotras, ya solas, sin gente
en casa, cómo había discurrido el día. Cada una de las Hermanas encerraba un
tesoro dentro de ellas. Me di cuenta cómo Dios hace su obra, como transforma los
corazones. Para mi repetir: “Por Ti, Jesús” en muchos momentos del día, me ayudó
a llegar al final de la jornada con la paz y serenidad que a mi misma me
asombró.
Gracias, Señor, que el querer vivir todo de este modo me ayuda a trasmitir la
paz que Tú me regalas.
(Hna. Cristina Mª)
UN “FLUS” MISIONERO PARA TODOS...
Presentación pps
Por cosas que pasan y que están controladas por Él de arriba, estos últimos días
han estado llenos de chispas misioneras que me han hecho recordar muchas cosas
que tuve la suerte de vivir este verano...y después de pensar en todo eso de las
cascadas y el darse y el hacer las pequeñas cosas que están en tu mano, pues
estoy aquí...
Cómo ya muchos sabéis he estado este agosto en Perú con chic@ del movimiento
joven de Hogar de Nazaret haciendo una experiencia misionera.
Todo empezó con una propuesta sencilla y un poco en el aire de Conchi
(consagrada del hogar) y así un poco sin saber cómo todo fue encajando para que
saliera...no faltaron dificultades de todo tipo sobre todo miedos e
inseguridades que hicieron tambalear el plan bastantes veces...
A pesar de todo el 29 de julio salimos los 8 con una aventura por descubrir, un
montón de ilusión, algunos miedos y con el propósito de dejar todo en sus
manos..Él nos había llamado y nosotros estábamos allí y punto.
Al llegar a Lima surgieron las típicas contrariedades y cambio de planes..hubo
un lío con las maletas y tuvimos que quedarnos en Lima tres días más antes de
seguir nuestro viaje a Huancabamba... y estos tres días precisamente nos dieron
una gran lección y nos hablaron de la eficacia de la ineficacia...fueron una
preparación a todo...La misión estaba en sus manos y nosotros teníamos que
empezar a aprender que veníamos a hacer sólo pequeñas cosas y que las
contrariedades estaban dentro de su plan.
También esos días conocimos a las hnas de la Divina Pastora y empezamos a
saborear la delicadeza, la atención y cercanía a la que estábamos poco
acostumbrados...sólo os cuento que la H. Rosalia nos acompañó en nuestro viaje a
Huancabamba que duraba 14 horas y al día siguiente se volvió a Lima!!!
Al llegar a Huancabamba supimos ( por fin ) lo que íbamos a hacer allí más
concretamente. Conocimos al P. Rubén y a la H.. Aurora, una mujer consagrada que
llevaba un montón de años sola haciendo misiones por los caseríos. Aprendimos
mucho de ellos y entendimos lo importante que era rezar por todos los misioneros
que a pesar de su debilidad hacían una labor inmensa. Nos dividieron en grupos
de tres y nos mandaron a pueblos (Guaylamayo, Lucma, Muchui...) dormíamos y
comíamos con una familia, trabajábamos con los niños con catequesis y
actividades, nos ocupábamos de la iglesia, celebrando la palabra, preparando
para el bautismo...
Estuvimos muy en contacto con toda esa gente y por eso fue una experiencia muy
bonita en la que aprendimos que lo que valía era empeñarse en llevar a Dios de
la forma que estuviera en nuestra mano y a cada persona en particular...
Nos fuimos haciendo conscientes de cómo la gente necesitaba de Dios...poco a
poco nos fuimos sintiendo misioneros.
La segunda quincena fue muy distinta y en la otra punta de Perú. Fue una
oportunidad para conocer la realidad de las ciudades más grandes...y las
pobrezas de estás. Aquí trabajamos con niños de la calle, en comedores,
fundaciones de niños abandonados... Estos días fueron sobre todo un aprender a
fiarse y dejarse llevar que nos llenó de ilusión y confianza....
Hubo momentos para todo...momentos de inseguridad, de miedo de debilidad...en
los que notamos muy cerca su presencia y saber que tanta gente estaba rezando
por nosotros fue muy especial.
Estos días fueron muy intensos y nos hicieron pensar mucho en todos los medios
que tenemos y de tantas personas que están a nuestro lado que nos llevan a Dios.
En todo el mes conocimos muchísima gente...y de cada uno aprendimos algo, es muy
bonito conocer situaciones diferentes y personas que piensan totalmente
distinto, descubrir la riqueza de otras culturas y desde lejos valorar mucho más
la nuestra y descubrir sus pobrezas.
Llegamos a España entusiasmados y llenos de ilusión con muchas ganas de regalar
a todas las personas que estaban aquí todo lo vivido, visto, oído, aprendido,
experimentado...Con el propósito de valorar mucho más todo lo que tenemos y a
todas las personas que están a nuestro lado.
Y con el propósito de no dejar de ser misioneros nunca y convertir cualquier
situación de nuestro día a día en misión.
A veces todo esto se me olvida...entonces con cosas como las de estos días Dios
vuelve a recordármelo y el regalo tan especial que me hizo enseñándomelas y la
responsabilidad que tengo de transmitírselas a las personas que tengo al lado.
En uno de los días que estuve allí , cuando la ilusión y la emoción no me cabían
se me ocurrió que quería guardarla en una cajita para meter la mano cuando todo
se fuera esfumando...así que termino mandándoos a todos un flus de toda esa
ilusión para que os sintáis misioneros en cada una de las situaciones que viváis
.
(Blanca Carrascoso)