Que el Señor te bendiga y te guarde, te muestre su rostro y tenga piedad de ti, te dirija su mirada y te de la paz.

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Queridos amigos:

Aquí ponemos, a vuestra disposición, unas páginas para vuestra oración y reflexión.

El tema sobre el que reflexionaremos estas semanas será: La madurez humana como cimiento para seguir a Jesús. Porque somos personas nos encontramos permanentemente en proceso. Las crisis, la constatación de nuestras propias limitaciones, etc. son signos de vida, que nos pueden hacer madurar, si estamos suficientemente acompañados en nuestro proceso de crecimiento.

Nos sentimos aliviados cuando alguien, desde fuera, consigue poner palabras a aquello que vivimos, que no somos capaces de analizar con objetividad y que nos preocupa (o angustia).

Y probablemente nos convenga delimitar campos, saber qué corresponde al ámbito humano y qué al espiritual, y la relación entre ambos. Algunas de las que llamamos crisis espirituales, _son tales? _o podrían ser momentos normales en el proceso de maduración? Mucho se ha escrito a lo largo de los siglos en cuanto a la relación naturaleza y gracia.

Os sugerimos dos actitudes a la hora de programar vuestro trabajo: generosidad y realismo. Generosidad para vencer las dificultades. La oración exige ascesis, esfuerzo, lucha, sacrificio. Ponerse a orar significa invertir un tiempo, que podríamos dedicarlo a otra actividad, cuando, en ocasiones, nos hacer mucha falta para el estudio. Realismo para saber que, aun siendo generosos, tenemos unas limitaciones. Es dar de sí todo lo que podamos, pero sabiendo hacer uso del material en lo que nos sea posible.

Que todo vuestro esfuerzo os sea muy provechoso, para que podáis, cada día más, colaborar eficazmente con la gracia de Dios.

Un fuerte abrazo.

El Equipo de Colaboradores.

(Sacado del Monte Horeb)

1º ficha:

TEXTOS BIBLICOS

LA MADUREZ HUMANA, CIMIENTO PARA SEGUIR A JESÚS

 

    Según la antropología bíblica, la persona es verdaderamente tal cuando vive las cuatro dimensiones que la identifican:

*     su relación con Dios: somos criatura,

*     su relación consigo mismo: criatura/hijo,

*     su relación con los demás: hermanos,

*     su relación con el mundo: co/creadores.

    Desarrollarse bien como persona es la raíz, vivir así es básico, cimiento para seguir a Cristo y cimiento para responder a la llamada que Él nos hace, para responder con garantía y fidelidad a nuestra vocación.

 PRIMERA SEMANA: MI RELACIÓN CON DIOS

 Somos criaturas de Dios, hechos a su imagen

 Gn 1, 26-2, 4: Criatura, pero a su imagen y semejanza

    En el relato de la creación nos queda muy claro que todos nosotros somos algo muy grande: imagen y semejanza de Dios, lo más importante de toda la obra del creador, lo más alto de todas las criaturas, etc.

    Pero, criatura: de barro, frágiles y débiles. No autosuficientes sino dependientes de Otro. Seres creados. Y, por tanto, iguales que todas las demás personas. Y con una misión encomendada por Dios: ser fecundos para los demás.

 Tras leer el siguiente texto:

 Para la vocación a la que Dios te llama eres "grande":

¿En qué te ves tú "grande"? Agradéceselo al Señor.

Y para esa misma vocación eres débil y frágil:

¿En qué te ves tú débil y frágil? Reconoce delante del Señor cuánto lo necesitas.

     Dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Domine sobre los peces del mar, las aves del cielo, los ganados, las fieras campestres y los reptiles de la tierra”. Dios creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios los creó, macho y hembra los creó. Dios los bendijo y les dijo: “Sed fecundo y multiplicaos, poblad la tierra y sometedla; dominad sobre los peces del mar, las aves del cielo y cuantos animales se mueven sobre la tierra”. Y añadió: “Yo os doy toda planta sementífera que hay sobre la superficie de la tierra y todo árbol que da fruto conteniendo simiente en sí. Ello será vuestra comida. A todos los animales del campo, a las aves del cielo y a todos los reptiles de la tierra, a todo ser viviente, yo doy para comida todo herbaje verde”. Y así fue. Vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que todo estaba bien. Hubo tarde y mañana: día sexto  Así fueron acabados el cielo y la tierra y todos sus elementos. Dios dio por terminada su obra el séptimo día, y en este día descansó de toda su obra. Dios bendijo el día séptimo y lo santificó, porque en él había descansado de toda la obra de su actividad creadora. Tal fue el origen del cielo y de la tierra cuando fueron creados.

Gn 1,26-2,4

 

 Jn 15, 1-17: Injertados en la cepa, amigos y elegidos.

    La vid, la cepa, tiene fuerza, savia: está totalmente enraizada en el Padre Dios; esa vid es el mismo Cristo. El sarmiento, cada uno de nosotros -tú y yo- no somos nada ("sin mí nada podéis hacer"). Pero bien injertados en la vid gozamos de su misma savia, de su misma fuerza. Con esa savia, con esa fuerza, podemos dar muy buenos frutos, frutos nacidos de la amistad con el Señor y del amor a los demás. Y en comunidad: no suele verse una vid sola, normalmente vemos una viña; y haciendo viña, cada una de las cepas

     Yo soy la vid verdadera y mi Padre el viñador. El corta todos los sarmientos que no dan fruto en mí, y limpia los que dan fruto para que den más. Vosotros estáis ya limpios por la palabra que he dicho. Seguid unidos a mí, que yo lo seguiré estando con vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no está unido a la vid, así tampoco vosotros si no estáis unidos a mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece unido a mí y yo en él, da mucho fruto; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no está unido a mí se lo echa fuera, como a los sarmientos, que se los amontona, se secan y se los prende fuego para que se quemen. Si estáis unidos a mí y mis enseñanzas permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis y se os concederá.

    Mi Padre es glorificado si dais muchos fruto y sois mis discípulos. Como el Padre me ama a mí, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo os he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he dicho estas cosas para que mi alegría esté dentro de vosotros y vuestra alegría sea completa. Este es mi mandamiento: amaos unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que os mando. Ya no os llamo siervos, pues el siervo no sabe qué hace su señor; yo os he llamado amigos porque os he dado a conocer todas las cosas que he oído a mi Padre. No me elegisteis vosotros a mí, sino yo a vosotros; y os designé para que vayáis y deis fruto y vuestro fruto permanezca, a fin de que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Esto os mando: amaos unos a otros.

Jn 15,1-17

 

*    ¿Cuántas veces aparece en el texto el verbo permanecer?

*    ¿En qué se concreta para ti ese permanecer en el Señor?

*    ¿Qué implicación tiene eso para tu vocación?

*      ¿Y para tu vocación con relación a tus hermanos?

 2º ficha  

 I. MADUREZ HUMANA Y CRISTIANA (1ª Parte)

Clarificación en torno a la naturaleza de la madurez

 Hay que distinguir entre madurez psicológica y cronológica. El adulto no es por ese simple hecho- un ser sicológicamente maduro. Igualmente hay que distinguir entre la madurez psicológica, que puede esperarse de un adulto, y la propia de otras edades humanas: adolescencia, juventud...

 En esta línea se puede decir que una persona es madura cuando sus facultades humanas han llegado al pleno desarrollo propio de esta etapa cronológica concreta, de modo que reacciones adecuadamente ante cualquier circunstancia que la vida le presente y, en consecuencia, preste a sí mismo y a la sociedad la utilidad que de él puede esperarse.

 La inmadurez humana no imposibilita la cristiana (santidad) pero la obstaculiza. No es fácil llegar a la madurez. La criatura humana es un ser complejo y débil. Está expuesto a traumas, desde el período de la gestación hasta el fin de su vida, causados por situaciones personales o ambientales conflictivas, que pueden dificultar su proceso de maduración humana y cristiana.

 La madurez plena "perfecta", es un ideal, siempre va más allá del aquí y del ahora. El hombre ha de aceptarse en esta vida como un ser perfectible y consecuentemente imperfecto. La madurez humana y cristiana, más que un estado es un camino; es un fenómeno dinámico, no estático.

La fe nos permite concebir al hombre plenamente maduro, injertado en el seno de la Trinidad a través de su incorporación al Cuerpo Místico de Jesucristo. La madurez plena es de carácter escatológico.

La responsabilidad -libremente asumida- de una profesión y de una familia, son hechos que tienen una gran importancia en el proceso de maduración personal.

 Sin una dimensión amplia, profunda y auténtica de alteridad es imposible la madurez humana: "el hombre, única criatura terrestre a la que ha amado Dios por sí misma, no puede encontrar plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás" (IM 24). Insistiremos más adelante en este punto.

 La plena "madurez" tiende con frecuencia a esconder el ideal imposible de una existencia sin dificultades, ausente de tensiones e inquietudes, perfectamente dominada y siempre igual a sí misma. Es un funesto error. Madurez no es sinónimo de un estado paradisíaco de tranquilidad y felicidad, sino en buena parte de un equilibrio y consistencia psico-afectiva, en un nivel suficiente para no quebrarse ante las nuevas situaciones o exigencias a las que toda persona ha de responder a la largo y ancho de su existencia, y que le permitirá prestar a los hombres el servicio que es capaz y al que está llamado.

La madurez humana gira en torno a dos polos fundamentales:

- actitud amorosa frente a la vida en una integración psico-afectiva;

- la realización del sí mismo en un trabajo responsable dentro de una integración psico-comunitaria.

Y tanto uno como otro polo, en contacto directo con la realidad (liberación y ausencia de fantasías interferentes).

                                                                                                          ¿QUIÉN ERES?

 Una mujer estaba agonizando. De pronto, tuvo la sensación que era llevada al cielo y presentada ante el Tribunal.

“¿Quién eres?”, dijo una Voz.

“Soy la mujer del alcalde”, respondió ella.

“Te he preguntado quién eres, no con quién estás casada”.

“Soy la madre de cuatro hijos”.

“Te he preguntado quién eres, no cuántos hijos tienes”.

“Soy una maestra de escuela”.

“Te he preguntado quién eres, no cuál es tu profesión”.

Y así sucesivamente. Respondiera lo que respondiera, no parecía poder dar una respuesta satisfactoria a la pregunta “¿Quién eres?”.

“Soy cristiana”.

“Te he preguntado quién eres, no cuál es tu religión”.

“Soy una persona que iba todos los días a la iglesia y ayudaba a los pobres y necesitados”.

“Te he preguntado quién eres, no lo que hacías”.

Evidentemente, no consiguió pasar el examen, porque fue enviada de nuevo a la tierra. Cuando se recuperó de su enfermedad, tomó la determinación de averiguar quién era. Y todo fue diferente.

Tu obligación es ser. No ser un personaje ni ser un don nadie -porque ahí hay

mucho de codicia y ambición-, ni ser esto o lo de más allá -porque eso condiciona mucho-, sino simplemente ser.

T. de MELLO.

 Cuestionario

1. Repasa las preguntas que te ofrecíamos en el apartado Textos Bíblicos: respecto a Gn 1, 26 -2,4 y Jn 15, 1-17

2. Considera esta frase: "El hombre ha de aceptarse en esta vida como un ser perfectible y consecuentemente imperfecto". ¿Qué te parece? ¿Te cuesta aceptarte "no perfecto"?

3. Si te hicieran la pregunta “¿Quién eres?”, ¿qué responderías?