Solemnidad de
la Santísima Trinidad (18 de Mayo)
Lectura del santo evangelio según san
Mateo 28, 16-20
En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que
Jesús les había indicado.
Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban.
Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
- «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra.
Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre
del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar
todo lo que os he mandado.
Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del
mundo.»
Palabra de Dios.
Comentario:
La parroquia a la que pertenezco lleva el nombre de
la Stma Trinidad y muchas veces he oído a mi párroco decir ¿ puede
haber titular más grande? En el ábside hay una vitrina con las tres
imágenes, Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo, siempre que rezo
el Credo mi mirada se eleva hacia allí.
Con la festividad de la Stma Trinidad comienza
litúrgicamente el Tiempo Ordinario, por cincuenta días hemos celebrado
el hecho de que Jesús resucitó y tomó su lugar a la derecha del Padre.
Hoy reconocemos una tercera persona que el padre derramó en el día de
Pentecostés, su nombre es el Espíritu Santo. Igual que Jesús y el
Padre, él también es Dios.
"Gloria al Padre, gloria al Hijo, y gloria al
Espíritu Santo": cada vez que proclamamos estas palabras, síntesis de
nuestra fe, adoramos al único y verdadero Dios en tres personas. En su
nombre iniciamos la mayoría de las celebraciones cristianas, en su
nombre muchos de nosotros salimos a la calle para cumplir con nuestro
trabajo, en su nombre nos retiramos a descansar...
Dios nos amó antes que nosotros le amáramos a él y
por eso nos entregó a su Hijo: "Tanto amó Dios al mundo que entregó a
su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino
que tengan vida eterna" Es un Dios compasivo y misericordioso, que
perdona nuestras culpas. A este Dios amor podemos llamarlo también
Dios Padre.
Dios se nos da gratuitamente, su Gracia nos da
fuerza, luz, consuelo. Nos permite incluso vencer a la muerte en la
resurrección, como a su Hijo.
El hombre es un ser social, para vivir y crecer
necesita comunicarse continuamente. También necesita comunicarse con
Dios. A este Dios le llamamos Espíritu.
Si Dios en tres es uno, también el hombre está
llamado a ser uno en Dios:
Cada uno de nosotros debe ser imagen del Dios Trino.
Podemos amar gratuitamente a los demás, podemos ayudarles, y vivir en
comunión con ellos. Seguramente que son muchas las personas que
necesitan nuestro amor gratuito, nuestra ayuda y que quieren
percibirnos como cercanos y comunitarios. Si los demás nos ven como
Amor, como Gracia y como Comunión pueden descubrir visiblemente en
nosotros al Dios trino.
Tere, Segovia
Solemnidad del
Cuerpo y la Sangre de Jesús (25 de Mayo)
Lectura del santo evangelio según san Marcos
14-12-16. 22-26
El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual,
le dijeron a Jesús sus discípulos:
- «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?»
Él envió a dos discípulos, diciéndoles:
- «ld a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de
agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: "El
Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la
Pascua con mis discípulos?"
Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con
divanes. Preparadnos allí la cena.»
Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que
les había dicho y prepararon la cena de Pascua.
Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió
y se lo dio, diciendo:
- «Tomad, esto es mi cuerpo.»
Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos
bebieron.
Y les dijo:
- «Esta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os
aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que
beba el vino nuevo en el reino de Dios.»
Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos.
Palabra de Dios.
CONTEMPLAR EL
MISTERIO
He estado pensando en el momento en el que nacimos. Nada más llegar no
sabíamos nada del nuevo mundo en el que nos encontrábamos. Con el
tiempo hemos ido aprendiendo ayudados por la experiencia y gracias a
personas que nos dan respuestas a muchas preguntas tales como: ¿qué
es? ¿para qué sirve?¿cómo es?
Sin embargo hay otras preguntas que siguen siendo un misterio para
muchos de nosotros para las que no tenemos respuestas. Me he
preguntado alguna vez si algún hijo, le ha preguntado a sus padres por
qué lo quieren y lo cuidan tambien.
¿Y qué podemos responder? Los misterios no pueden explicarse hijo mío,
los misterios se contemplan, se disfrutan como un gran regalo. Cuando
miras a la persona que amas no te sueles preguntar cómo es que tiene
esos ojos tan hermosos o esa piel tan suave. Sólo la miras, la
contemplas, das gracias a Dios por compartir con ella parte de tu vida
y disfrutas junto a ella.
Entonces ¿cómo es posible que Jesús esté en ese trocito de pan? ¿Qué
ese sea su cuerpo? Que alguien me lo explique. La Iglesia, que es
nuestra madre, nos enseña toda su tradición y su sabiduría; por ello
es nuestra madre, pero sobre todo nos llama a abandonarnos en las
manos de nuestro Padre.
Haz memoria y piensa en las palabras del sacerdote durante la
consagración: Este es Jesucristo, el cordero de Dios, que quita el
pecado del mundo, dichosos los invitados a la cena del Señor.
Necesitamos pedir la fe que solamente nos viene dada de lo alto por
Dios, un don maravilloso. Sin ella no puede vivirse este misterio.
¿Quién podrá saciar el corazón del hombre? ¿Quién podrá colmar todas
nuestras ansias? ¿Quién nos puede hacer plenamente felices? ¿Quién?
¿Has buscado? ¿Estás en ello? ¿Lo encontraste? Yo siiiii.
Ya nos lo anticipó el profeta Isaías: “…venid, comprad y comed, sin
plata, y sin pagar, vino y leche! ¿Por qué gastar plata en lo que no
sacia? Hacedme caso y comed cosa buena, y disfrutaréis con algo
sustancioso. Aplicad el oído y vivirá vuestra alma.” Ven a mi te dice
el Señor, cómeme y me haré uno contigo, se saciará tu alma. No hay
mayor gesto de amor, no hay mayor entrega que la que el Amado ha hecho
por ti. Se ha entregado plenamente por amor. Se ha hecho tan pobre
para poder así enriquecerte. Se ha hecho tan sencillo y humilde que
sólo aquellos de mirada clara pueden verlo. Es tan caballero que no se
impone y puedes rechazarlo.
¡Dichoso tú si eres uno de los invitados a la cena de este cordero!
Alégrate porque no hay mejor fiesta que la eucaristía. En ella el
Señor se parte por ti, vence a todos tus enemigos y esclavitudes en el
altar. Salta de alegría, eres una persona afortunada por participar de
este misterio. Di conmigo: “Oh Jesús, amor mío, ¡Cuánto me has amado!
Tú has recibido la hiel y el vinagre de mí, para que yo reciba la
dulzura de ti.
Tú has recibido el desprecio y los insultos de mí, para que yo reciba
la mansedumbre de ti,
Tú has recibido la muerte de mí, para que yo reciba la VIDA de ti. De
mí, Señor, tú has recibido el mal, la muerte y el pecado, para que yo
reciba de ti, SÓLO A TI MISMO.
Decirle esto a Jesús es confesarle con la boca y el corazón. Es
aceptar su amor, es dejarle entrar en nuestra casa indigna (“Señor, no
soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para
sanarme”). Si mi casa, mi corazón no está del todo sano, no es todavía
del todo tuyo Señor, pero deseo en lo más profundo de mí que habites
en él como en un templo. Límpialo de todo aquello que me ata, que me
separa de ti. AMEN.
Hugo, San Clemente
DOMINGO NOVENO
DEL TIEMPO ORDINARIO (1 de Junio)
Lectura
del santo evangelio según san Mateo 7, 21-27
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«No todo el que me dice "Señor, Señor" entrará en el reino de los
cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el
cielo.
Aquel día, muchos dirán: "Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu
nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre
muchos milagros?"
Yo entonces les declararé: "Nunca os he conocido. Alejaos de mí,
malvados.
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a
aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia,
se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la
casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.
El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece
a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia,
se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa,
y se hundió totalmente.»
Palabra de Dios.
Comentario:
Varias cosillas se pueden sacar de
este Evangelio. La primera es que no basta invocar al Señor: “Señor,
Señor”. No basta con rezar, para entrar en el Reino de los Cielos. Hay
que hacer, cumplir la voluntad del Padre.
Y, ¿cómo cumplir la voluntad de
Dios? Nos lo dice también aquí: escuchando y cumpliendo sus Palabras.
Haciendo esto por muchas dificultades que puedan surgir en nuestra
vida, tendremos nuestra casa firme en
la roca. Esa roca que es sobre todo el sabernos amados inmensamente
por el Señor. Teniendo ahí nuestro cimiento cumpliremos su Palabra en
cada momento. Y por muchos vientos, lluvias, dificultades de cualquier
tipo, que nos vengan, no serán capaces de derribarnos.
¿Dónde está puesto mi cimiento?
¿En Cristo y su amor, o en otras cosas?
DOMINGO DÉCIMO
DEL TIEMPO ORDINARIO (8 de Junio)
Lectura del santo evangelio según san
Mateo 9, 9-13
En aquel tiempo, vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo, sentado
al mostrador de los impuestos, y le dijo:
-«Sígueme.»
Él se levantó y lo siguió.
Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores,
que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos.
Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos:
-«¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores? »
Jesús lo oyó y dijo:
-«No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos.
Andad, aprended lo que significa "misericordia quiero y no
sacrificios": que no he venido a llamar a los justos, sino a los
pecadores.»
Palabra de Dios.
Comentario
Jesús, una vez más, rompe con los
esquemas establecidos: hoy
se atreve a llamar a Mateo, un cobrador de impuestos, trabajador para
la Roma ocupante y, por tanto, excluído de los hombres de bien de
Israel...
Qué intensidad tendría su llamada,
cuánto amor encerraría su mirada que Mateo "se levantó y lo siguió",
es decir, abandona su vida acomodada e, inmediatamente, se coloca en
pié y, siguiéndole, comienza una nueva vida a su lado.
Mateo acoge a Jesús en su casa, en su vida, y continúa el
escándalo porque, de nuevo, Jesús rompe las reglas y Él, que no
rechaza a nadie (aunque no sea judío), se atreve a comer con otros
cobradores y con gente de "mala vida" según los ojos de los fariseos,
que cumplían la ley estrictamente. Éstos, en un nuevo intento de poner
en un aprieto a Jesús, le echan en cara su actitud y Él les responde
con ironía: "No tienen necesidad de médico los sanos, sino los
enfermos".
Con esta respuesta, Jesús nos indica que los "sanos" son los
que se sientan a la mesa con Él, que practican la misericordia y que
no se encierran en un templo ofreciendo sacrificios vacíos y
olvidándose del prójimo. No quiere teólogos llenos de conocimientos y
teorías, cumpliendo preceptos y leyes a rajatabla, pero con un corazón
seco que no le conoce, un corazón estéril que no se entrega y da
fruto... Por eso tiende su mano a los "enfermos" , a los que conocen
sus carencias y debilidades y están dispuestos a dejarse amar por Él
para que su vida cambie y sea rica y fértil...
Hoy, Señor, te doy gracias por ofrecerme un asiento en tu mesa,
porque no me obligas sino que me invitas, porque no dictas normas sino
que tu propia vida es un ejemplo, porque me enseñas que cumplir la ley
sin amor no vale para nada. Yo, Señor, sólo te pido que no permitas
que me separe de ti...
Elena Berrón, (Ávila)
DOMINGO DECIMOPRIMERO DEL TIEMPO ORDINARIO (15 de Junio)
Lectura del santo evangelio según san
Mateo 9, 36-10, 8
En aquel tiempo, al ver Jesús a las gentes, se compadecía de ellas,
porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen
pastor. Entonces dijo a sus discípulos:
-«La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues,
al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies.»
Y llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar
espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia.
Éstos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón,
llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el Zebedeo, y su hermano
Juan; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo, el publicano; Santiago el
Alfeo, y Tadeo; Simón el Celote, y Judás Iscariote, el que lo entregó.
A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones:
No vayáis a tierra de gentiles, ni entréis en las ciudades de Samaria,
sino id a las ovejas descarriadas de Israel.
Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos,
resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis
recibido gratis, dadlo gratis.
Palabra de Dios.
Este evangelio nos recuerda, una
vez más, el gran corazón de Jesús, como se crecía ante las
adversidades, así como, su insistencia de trabajar y volcarse con los
más necesitados; ayudándoles a ver que el Reino de los Cielos esta
cerca y encauzándoles a encontrar ese buen camino.
Para conseguirlo, recurre a sus
discípulos, pidiéndoles que busquen a los descarriados y abandonados y
les den, sin pedirles nada, lo que ellos recibieron de esa misma
manera.
Candelas, (Segovia)
DOMINGO
DECIMOSEGUNDO DEL TIEMPO ORDINARIO (22 de Junio)
Lectura del santo evangelio según san
Mateo 10, 26-33
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no llegue
a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse.
Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al
oído pregonadlo desde la azotea.
No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el
alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. No
se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno
solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros
hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis
miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones.
Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo, también me pondré de
su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres,
yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.&;
Palabra de Dios
Comentario:
Somos débiles sin el Señor. Toda
nuestra fuerza reside en Él. Nosotros que ya lo sabemos acudimos, o
deberíamos acudir, prestos a Él cuando vemos que el camino se tuerce,
Dios no es culpable de ello; es la gente la que cuchichea, la que pone
la zancadilla, la que espera nuestro traspié, sucedía ya en tiempos de
Jeremías y en eso los tiempos no han avanzado. En esos instantes de
oscuridad, Dios está con nosotros, Dios nos quiere y quiso
demostrarlo: Dios hecho hombre en la persona de Jesús no subió sólo a
la cruz, subió con todos nuestros pecados para acabar con el reinado
de la muerte y, como dice San Pablo, con su muerte bastó para salvar
toda la multitud. Dios siempre está pendiente de nosotros, como nos
recuerda el evangelio, nada sucede sin que lo disponga vuestro Padre,
pero también nosotros debemos pedirle que lo haga, que esté cerca de
nosotros, que nos escuche, ya que con este gesto abrimos las puertas
de nuestro corazón para dejarle entrar.
Andrés
SOLEMNIDAD DE
SAN PEDRO Y SAN PABLO (29 de Junio)
Lectura del santo evangelio según san
Mateo 16, 13-19
Cuando llegó Jesús a la
región de Cesarea de Filipo, comenzó a preguntarles a sus discípulos:
—¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?
Ellos respondieron:
—Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, y otros que Jeremías o
alguno de los profetas.
Él les dijo:
—Y vosotros, ¿quién decís –que soy– yo?
Respondió Simón Pedro:
—Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.
Jesús le respondió:
—Bienaventurado eres, Simón, hijo de Juan, porque no te ha revelado
eso ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y
yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi
Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Te
daré las llaves del Reino de los Cielos; y todo lo que ates sobre la
tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desates sobre la
tierra quedará desatado en los cielo.
DOMINGO
DECIMOCUARTO DEL TIEMPO ORDINARIO (6 de Julio)
Lectura del
santo evangelio según san Mateo 11, 25-30
En aquel tiempo, exclamó Jesús: '
-«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido
estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente
sencilla. Si, Padre, así te ha parecido mejor.
Todo me lo, ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el
Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo
se lo quiera revelar.
Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os
aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mi, que soy manso y humilde
de corazón; y encontraréis vuestro. descanso. Porque mi yugo es
llevadero y mi carga ligera.»
Palabra de Dios
DOMINGO DÉCIMO
QUINTO DEL TIEMPO ORDINARIO (13 de Julio)
Lectura del
santo evangelio según san Mateo 13, 1-23
Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él
tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se
quedó de pie en la orilla.
Les habló mucho rato en parábolas:
-«Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del
camino; vinieron los pájaros y se lo comieron.
Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y,
como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto
salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó.
Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron.
El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros,
sesenta; otros, treinta.
El que tenga oídos que oiga. »
Se le acercaron los discípulos y le preguntaron:
-«¿Por qué les hablas en parábolas?»
Él les contestó:
-«A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los
cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra,
y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo
en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así
se cumplirá en ellos la profecía de Isaías: "Oiréis con los oídos sin
entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el
corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para
no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón,
ni convertirse para que yo los cure."
¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os
aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros
y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron. Vosotros oíd lo que
significa la parábola del sembrador:
Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y
roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde
del camino.
Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y la
acepta en seguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante,
y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra,
sucumbe.
Lo sembrado en zarzas significa el que escucha la palabra; pero los
afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se queda
estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la
palabra y la entiende; ese dará fruto y producirá ciento o sesenta o
treinta por uno.
Palabra de Dios.
Lo sembrado en Tierra Buena
La de hoy es una parábola que siempre que la leo me pone algo
nerviosa. ¿Qué clase de tierra seré yo? A veces pienso que en mi
corazón hay todas las clases de terrenos de los que habla el
Evangelio: llenos de piedras, sembrados de cardos, bordes de camino y
algún pedazo fértil. Recuerdo que en una ocasión comentaba con una
amiga con qué clase de tierra se identificaba. Inmediatamente me dijo
que con la tierra fecunda. Aquello me sorprendió mucho, pero también
me sirvió de alerta. Fácilmente podemos creer que hacemos todo lo que
podemos.
Sabemos que nadie está obligado a dar más de lo que puede y nos
refugiamos en ese dicho popular como si esa fuera nuestra realidad. Lo
cierto es que el Evangelio de hoy no incide en nuestras fuerzas sino
en nuestra disponibilidad. Alguna vez he constatado que los frutos son
desproporcionados con el esfuerzo y que donde pensábamos que no podía
suceder nada ocurre un milagro. La tierra del corazón no es tan fácil
de distinguir como la de los campos. Es más difícil de arar y, sobre
todo, más propensa a las sorpresas.
Cuando Jesús compara a los oyentes con diferentes terrenos no se
refiere a una predeterminación. Más bien parece que nos instruye sobre
el cuidado de nuestro corazón para recibir
la Palabra. La
semilla germina por su propia fuerza y nos es regalada. El sembrador,
que es Jesucristo, la ofrece gratuitamente. En cada uno de nosotros se
deposita ese germen de gracia llamado a dar fruto. ¿Pero qué pasa con
nuestra manera de recibir lo que se nos da?
Es en lo hondo donde todo se juega, es decir, en el corazón. La
manera cómo nosotros nos colocamos ante Dios, la docilidad a su
Palabra, el dejarnos guiar, todo ello constituye el terreno. El mismo
Jesús, y no vale la pena repetirlo porque está claro en el texto de
hoy, nos recuerda los peligros que asedian al Evangelio.
Nosotros hemos de cuidar el corazón: estar atentos a si seguimos lo
importante o nos dejamos embaucar por lo pasajero, si asumimos las
enseñanzas en su profundidad o solo sentimentalmente, si dejamos ser
cuidados por la Iglesia o pensamos que nos valemos por nosotros
mismos.
El sembrador sale cada día a sembrar, que María nos ayude a tener un
corazón abierto a Dios, en el que pueda germinar su Palabra.
Isabel Arias, Madrid
DOMINGO DÉCIMO
SEXTO DEL TIEMPO ORDINARIO ( 20 de Julio)
Lectura del
santo evangelio según san Mateo 13, 24-43
En aquel tiempo, Jesús propuso otra- parábola a la gente:
-«El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena
semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y
sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a
verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces
fueron los criados a decirle al amo:
"Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la
cizaña?"
Él les dijo:
"Un enemigo lo ha hecho."
Los criados le preguntaron:
"¿Quieres que vayamos a recogerla?
Pero él les respondió:
"No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo.
dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré
a los segadores:
<<Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el
trigo almacenadlo en mi granero.>>
Les propuso esta otra parábola:
-«El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno
siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando
crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que
las hortalizas, y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.»
Les dijo otra parábola:
-«El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa
con tres medidas de harina, y basta para que todo fermente.»
Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les
exponía nada.
Así se cumplió el oráculo del profeta:
«Abriré mi boca diciendo parábolas, anunciaré lo secreto desde la
fundación del mundo.»
Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron
a decirle:
-«Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.»
Él les contestó:
-«El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es
el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son
los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo;
la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles.
Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del
tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su
reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno
encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los
justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga
oídos, que oiga. »
Palabra de Dios.
DIOS Y SU REINO
Las parábolas del Reino de Dios nos animan a no amilanarnos ante las
dificultades. A pesar de que no tengamos poder ni una gran influencia
en la sociedad, busquemos la justicia.
En la primera parábola, Jesús habla de cómo el trigo y la cizaña
crecen juntos. La buena semilla crece junto a la cizaña no solo en el
campo, sino también en el mundo y en la Iglesia. Dentro de esta
última, a menudo se oyen acusaciones de falta de fidelidad por parte
de unos grupos a otros. Deberíamos hacer un esfuerzo para aceptar y
alentar la diversidad en la Iglesia, ya que podemos confundir el trigo
con la cizaña; no es la corteza lo importante, sino el fruto.
La segunda parábola, la del grano de mostaza que, a pesar de ser muy
pequeño, crece hasta convertirse en una planta de un metro de altura,
nos hace reflexionar sobre lo grande que es el Reino de Dios a pesar
de lo pequeños que somos. Y es que el Reino de Dios poco tiene que ver
con influencias sociales o alianzas con poderes políticos.
En la tercera parábola, de nuevo Jesús nos presenta un elemento muy
pequeño –la levadura- que Dios, como panadera, pone en la masa del
mundo para que fermente.
Dios, que se encuentra fuera de los templos y de la Iglesia tanto
como lo está dentro, está también presente en la historia, en sus
momentos gloriosos y en aquellos en los que se puede llegar a dudar de
la racionalidad humana. De acuerdo con el filósofo y teólogo judío
Martin Buber, Dios reside en cada bloque terreno, y la auténtica
religiosidad consiste en forjar o tallar esos bloques para que rostro
de Dios salga a
la luz. Manos a la obra, pues.
(Ruth Sastre, Segovia)
SOLEMNIDAD DE SANTIAGO APÓSTOL (25 de Julio)
Lectura del
Santo Evangelio según San Mateo 20, 20-28
En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus
hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: ¿Qué
deseas? Ella contestó: Ordena que estos dos hijos míos se sienten en
tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda. Pero Jesús
replicó: No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que
yo he de beber? Contestaron: Lo somos. Él les dijo: Mi cáliz lo
beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí
concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre.
Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos
hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: Sabéis que los jefes de
los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así
entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea
vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea
vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le
sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.
Palabra del Señor.
Comentario
Siempre que imagino los últimos
días de Jesús, siento la enorme soledad que debió sufrir en aquellos
momentos: había estado tres años repitiendo hasta la saciedad su
mensaje y viviendo de acuerdo a sus palabras y, a pocas fechas de su
muerte, nadie de los que le rodeaban le había entendido...
El Evangelio de hoy nos muestra
uno de esos momentos: estando con los suyos, la madre de dos de ellos
le pide, para sus hijos, los lugares de mayor relevancia en el nuevo
reino... Para colmo, esta petición provoca una disputa entre los
discípulos pero no porque los demás hubieran comprendido las
enseñanzas de Jesús sino porque veían una amenaza a su propia
ambición.
Imagino a Jesús con una soledad y
amargura indescriptibles pues sus amigos, a los que amaba
profundamente, con los que había compartido su día a día en los tres
últimos años, los que habían sido elegidos para extender su Reino
cuando Él marchara hacia el Padre aún creían que sería un reino
terrenal basado en el poder, la gloria, el honor, la fama... y,
encima, sólo la mención de este tipo de reino provoca entre ellos
violencia y enfrentamiento.
Pero, en medio de esa soledad,
siento también su esperanza y veo a Jesús con una ternura y un amor
infinitos haciendo frente a esta situación: Él sí conoce la muerte tan
atroz que le espera, ese cáliz tan amargo de beber y, aunque sus
discípulos envalentonados dicen que le
seguirán, Jesús sabe perfectamente que sí lo harán y hasta las últimas
consecuencias pero no ahora sino cuando Él resucite y, por fín,
comprendan...
Y es entonces cuando nos regala,
una vez más, la "fórmula perfecta" de la base de su Reino, la nueva
ordenación del Pueblo de Dios. En contraposición a la autoridad
humana, ejercida por la opresión y la dominación absoluta a los más
débiles y cuyo resultado sólo lleva a la violencia y a la destrucción,
se ofrece la imagen del esclavo servidor: el primero debe ser el
último, el más grande debe hacerse el más pequeño... La nueva ley es
la ley de la entrega a los demás, la verdadera grandeza es la
pequeñez, el auténtico dominio consiste en servir...
Y no son palabras vacías: Jesús,
el Maestro, el Hijo de Dios, se convierte en ejemplo vivo de
servidumbre no sólo lavando los pies a sus discípulos en el Cenáculo
como haría un esclavo sino entregando su propia vida en un acto
supremo de amor. A Jesús no le ejecutan, no le arrebatan la vida: Él
la entrega como rescate para liberarnos de la muerte, de una vida
oscura y estéril en la que sólo prima el "yo"... Derramó hasta la
última gota de su sangre no como obediencia ciega sino por amor para
mostrarme las claves de la verdadera riqueza, de la vida entregada que
no se pierde sino que se gana... Simplemente, porque ya me conocía y
ya me amaba...
Hoy, Señor, te doy gracias porque
han pasado dos mil años y sigues amándome, porque mi nada se convierte
en todo cuando tú la llenas, porque no soy nadie pero siento que soy
única a tus ojos,... Hoy, Señor, sólo te pido que, en mi pequeñez,
siendo consciente de mis fallos y debilidades y también de mis
virtudes y "grandezas", me ayudes a quererme tal como soy. Sólo así
podré querer de verdad a los demás y actuar no por obligación, por
convencionalismos o por el qué dirán. Sólo así podré devolverte algo
de tanto como me das...
Ana de Siloé
DOMINGO DÉCIMO
SÉPTIMO DEL TIEMPO ORDINARIO (27 de Julio)
Lectura del
santo evangelio según san Mateo 13, 44-52
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
-«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo:
el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a
vender todo lo que tiene y compra el campo.
El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas
finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que
tiene y la compra.
El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar
y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la
orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los
tiran.
Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán
a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será
el llanto y el rechinar de dientes.
¿Entendéis bien todo esto?»
Ellos le contestaron:
-«Sí.»
Él les dijo:
-«Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un
padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo. »
Palabra de Dios.
Comentario:
En el evangelio del hoy, Jesús
pone una parábola acerca del reino de los cielos:
Por un lado dice que el reino de
los cielos es como "un tesoro escondido en el campo: el que lo
encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo
lo que tiene y compra el campo", también pone el ejemplo del
comerciante de perlas. Y por otro lado nos dice que también se parece
a "una red que echan al mar y recoge toda clase de peces" y después
clasifican los peces en buenos y malos, que son arrojados.
En el primer caso el mensaje es
claro: el Reino de Dios es un bien tan grande que quien lo encuentra
siente que debe hacer todo sacrificio posible con tal de poseerlo. Con
esta parábola no solo aprendemos que es necesario desprenderse de
todos los demás bienes para abrazar el evangelio, sino también que
tenemos que hacerlo con alegría, y este aspecto es el que más se
remarca en el texto: “y, lleno de alegría, va a vender todo lo que
tiene y compra el campo”.
Quien renuncia a cuanto tiene debe
estar convencido de que esto es una ganancia, no una pérdida.
El evangelio es este tesoro que
está escondido en nuestra sociedad y, al igual que el tesoro, es
fuente de riqueza y de bienes. Si no lo vendes todo, no podrás
adquirirlo.
En el caso de la segunda parábola
se nos recuerda que al final de nuestra vida seremos juzgados y se nos
va a clasificar en peces buenos y malos. “Saldrán los ángeles,
separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido.
Allí vendrá el llanto y el rechinar de dientes”
Estas dos parábolas nos recuerdan
que debemos convertirnos y creer en el evangelio, tal y como se nos
recuerda en la imposición de la ceniza.
Fer, Ávila
DOMINGO DÉCIMO OCTAVO DEL TIEMPO ORDINARIO (3 de Agosto)
Lectura del
santo evangelio según san Mateo 14, 13-21
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista,
se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al
saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos.
Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los
enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle:
Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que
vayan a las aldeas y se compren de comer. Jesús les replicó:
No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer.
Ellos le replicaron:
Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.
Les dijo:
Traédmelos.
Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco
panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la
bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los
discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar
satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos
cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.
Palabra de Dios.
DOMINGO DÉCIMO NOVENO DEL TIEMPO ORDINARIO (10 de Agosto)
Lectura del
santo evangelio según san Mateo 14, 22-33
Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a
que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras
él despedía a la gente.
Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar.
Llegada la noche, estaba allí solo.
Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las
olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó
Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el
agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma.
Jesús les dijo en seguida:
-«¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!»
Pedro le contestó:
-«Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua. » Él
le dijo:
-«Ven. »
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a
Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a
hundirse y gritó:
-«Señor, sálvame.»
En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:
-«¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?»
En cuanto subieron a la barca, amainó el viento.
Los de la barca se postraron ante él, diciendo:
-«Realmente eres Hijo de Dios.»
Palabra de Dios.
SOLEMNIDAD DE
LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA (15 de Agosto)
Lectura del
santo Evangelio según san Lucas. 1, 39-56.
En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región
montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a
Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó
de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y
exclamando con gran voz, dijo: "Bendita tú entre las mujeres y bendito
el fruto de tu seno; y de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a
mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la vos de tu saludo, saltó de
gozo el niño en mi seno. Feliz la que ha creído que se cumplirían las
cosas que le fueron dichas de parte del Señor!
Y dijo María:
"Engrandece mi alma al Señor
y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador
porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava,
por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada,
porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre
y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le
temen.
Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su
propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los
humildes.
A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada.
Acogió a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como lo había anunciado a nuestros padres- en favor de Abraham y de
su linaje por los siglos."
María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.
Palabra de Dios
DOMINGO
VIGÉSIMO DEL TIEMPO ORDINARIO (17 de Agosto)
Lectura del
santo evangelio según san Mateo 15, 21-28
En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón.
Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se
puso a gritarle:
-«Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio
muy malo.»
Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a
decirle:
-«Atiéndela, que viene detrás gritando.»
Él les contestó:
-«Sólo me han enviadlo a las ovejas descarriadas de Israel.»
Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió:
-«Señor, socórreme.»
Él le contestó:
-«No está bien echar a los perros el pan de los hijos.»
Pero ella repuso:
-«Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas
que caen de la mesa de los amos.»
Jesús le respondió:
-«Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.»
En aquel momento quedó curada su hija.
Palabra de Dios
Comentario
Hoy en día como mucho, se oye por
la calle esa frase cuando ante la dificultad alguien te pide que la
encomiendes en tus oraciones, usando éstas como si fueran una varita
mágica con las que se consiguiese cambiar una determinada situación.
SI reflexionamos algo más sobre la
expresión “tener fe”, descubriríamos una actitud profunda que procede
del corazón, tal y como muestra la mujer cananea, y que le hace hasta
el final implorarle a Jesús sobre el objeto de su petición. Y tuvo que
ser difícil para la mujer, después del “desplante “ que Jesús le hace
en un momento. ¿Hubiéramos nosotros continuado en esa actitud tras las
palabras del Maestro? Con el trabajo que nos cuesta que alguien nos
diga que no a algo después de aventurarnos a contarle nuestras
necesidades.
Hoy en día medito mucho sobre la
necesidad o no de la oración de petición. Siento por un lado el deseo
de hacerla y por otro me consta que Dios ya sabe de mis ruegos, por
lo que no sé lo que le puedo pedir si Él sabe lo que me conviene.
Realmente creo que lo que a Dios le interesa no es mi oración, sino mi
actitud y presencia. MI estar, mi acudir, mi confiar… la mayoría de
las veces que llego a la oración no sé realmente ni lo que decir, sólo
sé que Él está y yo estoy… y sé “de quien me he fiado”.
Quizá ni siquiera en ese momento,
en aquel camino polvoriento Jesús escuchó la plegaria de aquella
mujer. Lo que vio, sintió, captó fue la confianza ciega, total, hecha
vida, de esta mujer que pedía por su hija y que fue capaz de saltar
todas las barreras que Jesús le iba poniendo. La actitud de Jesús la
hizo una verdadera campeona de una carrera de obstáculos, la de la fe.
Una cosa sí quiero pedirle siempre
a Dios: no me libres de todo aquello que me brinde la oportunidad de
entrenarme en el salto de vallas, si es contigo, todo será “saltable”
y mi fe será la de un gigante.
Clara de Siloé, Murcia
DOMINGO
VIGÉSIMO PRIMERO DEL TIEMPO ORDINARIO (24 de Agosto)
Lectura del
santo evangelio según san Mateo 16, 13-20
En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús
preguntó a sus discípulos:
-«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»
Ellos contestaron:
-«Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de
los profetas.»
Él les preguntó:
-«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»
Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
-«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»
Jesús le respondió:
-«¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado
nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo.
Ahora te digo yo:
Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder
del infierno no la derrotará.
Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra,
quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará
desatado en el cielo. »
Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el
Mesías.
Palabra de Dios.
Comentario:
La pregunta de Jesús a sus
discípulos suena hoy tan válida como en aquellos tiempos. “¿Quién
dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?” Si en aquella época la
mayoría de las personas no sabían quién era Jesús… ¿Sabemos hoy quién
es?
Ante la evidente confusión Jesús
insiste en preguntar ahora a ellos mismos quienes dicen que es El. A
esta pregunta contesta Pedro afirmando que él es “el Mesías, el hijo
del Dios viviente”. La afirmación de Pedro concentra las expectativas
respecto al Mesías. Confesarlo Mesías significa que es más que un
excelente maestro de doctrina, más que un sabio versado en las
escrituras. Lo coloca más allá de una buena persona que cura y se
compadece de los pobres y marginados.
Este texto es de una riqueza
inmensa. No sólo habla de la base confesional de toda iglesia
cristiana que nos enfrenta con el desafío de no ser lo que allí se
confiesa. En otras palabras, nos confronta con la responsabilidad de
anunciar que Jesús es el Mesías. La Iglesia naciente hizo de esa
confesión la roca sobre la que basó su fundamento. Por ella vivieron y
murieron los primeros cristianos. La iglesia de hoy también tiene por
delante la tarea de afirmar las mismas palabras y hacerlas el centro
de su anuncio.
Esther (Segovia)
DOMINGO
VIGÉSIMO SEGUNDO DEL TIEMPO ORDINARIO (31 de Agosto)
Lectura del
santo evangelio según san Mateo 16, 21-27
En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía
que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos,
sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar
al tercer día.
Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:
-«¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.»
Jesús se volvió y dijo a Pedro:
-«Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como
los hombres, no como Dios.»
Entonces dijo Jesús a sus discípulos:
-«El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue
con su cruz y me siga.
Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí
la encontrará.
¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su
vida?
¿O qué podrá dar para recobrarla?
Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de
su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta.»
Palabra de Dios.
"El que quiera venirse
conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me
siga..."
Lo que nos cuesta cargar con esas
pequeñas cruces diarias... y sobretodo... con esas "grandes" cruces
que nos toca vivir alguna vez...
Y en ocasiones, en esos momentos,
seguirle no es lo más fácil... muchos son los miedos, la inseguridad,
la desconfianza...
Pero esas son las cruces que "El
Jefe" nos regala para ayudarnos a crecer, a madurar, a CONFIAR... a
cargar con ellas de la mejor manera posible y seguirle... La
recompensa será infinita!!! Y... lo mejor siempre estará por llegar!!!
Sandra.
DOMINGO VIGÉSIMO TERCERO DEL TIEMPO ORDINARIO (7 de Septiembre)
Lectura del
santo evangelio según san Mateo 18, 15-20
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace
caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a
otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o
tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no
hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un
publicano.
Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el
cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el
cielo.
Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la
tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde
dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de
ellos. »
Palabra de Dios.
En este pasaje podemos entender un
doble mensaje:
Por una parte, Jesús nos exhorta a
la práctica de la corrección fraterna entre cristianos como una ayuda
y vía hacia la salvación del otro. Lo que nos confiere a la vez una
responsabilidad (para con el otro) y un alivio (hacia nosotros
mismos), al entender que será el que está a nuestro lado primero y
nuestra comunidad después la que nos irá guiando hacia el camino que
Jesús nos plantea.
Además de esto, es Jesús mismo el
que estará con nosotros presente, en medio, cuando nos reunamos con
los hermanos en su nombre. Y es que una vez más se nos viene a decir
que no estamos solos y que esa presencia real de Jesús en nuestra vida
debe ser la verdadera fuerza que nos conduzca hacia una vida
verdaderamente cristiana.
Ernesto