Que el Señor te bendiga y te guarde, te muestre su rostro y tenga piedad de ti, te dirija su mirada y te de la paz.

La Palabra de Dios hoyForo

Principal
Conocenos
Pastoral vocacional
Compartimos vida
Novedades y noticias
El rincon de la oracion
La Palabra de Dios hoy
Recursos pastorales
Campamentos
Punto de encuentro

"...Nos sentimos interpeladas por cada palabra y cada gesto de Jesús y por cada reacción de María y de José".

(Constituciones 112)

TIEMPO ORDINARIO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Solemnidad de la Santísima Trinidad (18 de Mayo)


Lectura del santo evangelio según san Mateo 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban.
Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
- «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra.
Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.
Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.»

Palabra de Dios.

Comentario:

La parroquia a la que pertenezco lleva el nombre de la Stma Trinidad y muchas veces he oído a mi párroco decir ¿ puede haber titular más grande? En el ábside hay una vitrina con las tres imágenes, Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo, siempre que rezo el Credo mi mirada se eleva hacia allí.

Con la festividad de la Stma Trinidad comienza litúrgicamente el Tiempo Ordinario, por cincuenta días hemos celebrado el hecho de que Jesús resucitó y tomó su lugar a la derecha del Padre. Hoy reconocemos una tercera persona que el padre derramó en el día de Pentecostés, su nombre es el Espíritu Santo. Igual que Jesús y el Padre, él también es Dios.

"Gloria al Padre, gloria al Hijo, y gloria al Espíritu Santo": cada vez que proclamamos estas palabras, síntesis de nuestra fe, adoramos al único y verdadero Dios en tres personas. En su nombre iniciamos la mayoría de las celebraciones cristianas, en su nombre muchos de nosotros salimos a la calle para cumplir con nuestro trabajo, en su nombre nos retiramos a descansar...

Dios nos amó antes que nosotros le amáramos a él y por eso nos entregó a su Hijo: "Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna" Es un Dios compasivo y misericordioso, que perdona nuestras culpas. A este Dios amor podemos llamarlo también Dios Padre.

Dios se nos da gratuitamente, su Gracia nos da fuerza, luz, consuelo. Nos permite incluso vencer a la muerte en la resurrección, como a su Hijo.

El hombre es un ser social, para vivir y crecer necesita comunicarse continuamente. También necesita comunicarse con Dios. A este Dios le llamamos Espíritu.

Si Dios en tres es uno, también el hombre está llamado a ser uno en Dios:

Cada uno de nosotros debe ser imagen del Dios Trino. Podemos amar gratuitamente a los demás, podemos ayudarles, y vivir en comunión con ellos. Seguramente que son muchas las personas que necesitan nuestro amor gratuito, nuestra ayuda y que quieren percibirnos como cercanos y comunitarios. Si los demás nos ven como Amor, como Gracia y como Comunión pueden descubrir visiblemente en nosotros al Dios trino.

Tere, Segovia

Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Jesús (25 de Mayo)

Lectura del santo evangelio según san Marcos 14-12-16. 22-26

El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos:
- «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?»
Él envió a dos discípulos, diciéndoles:
- «ld a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: "El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?"
Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.»
Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.
Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo:
- «Tomad, esto es mi cuerpo.»
Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron.
Y les dijo:
- «Esta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.»
Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos.

Palabra de Dios.

CONTEMPLAR EL MISTERIO

He estado pensando en el momento en el que nacimos. Nada más llegar no sabíamos nada del nuevo mundo en el que nos encontrábamos. Con el tiempo hemos ido aprendiendo ayudados por la experiencia y gracias a personas que nos dan respuestas a muchas preguntas tales como: ¿qué es? ¿para qué sirve?¿cómo es?

Sin embargo hay otras preguntas que siguen siendo un misterio para muchos de nosotros para las que no tenemos respuestas. Me he preguntado alguna vez si algún hijo, le ha preguntado a sus padres por qué lo quieren y lo cuidan tambien.

¿Y qué podemos responder? Los misterios no pueden explicarse hijo mío, los misterios se contemplan, se disfrutan como un gran regalo. Cuando miras a la persona que amas no te sueles preguntar cómo es que tiene esos ojos tan hermosos o esa piel tan suave. Sólo la miras, la contemplas, das gracias a Dios por compartir con ella parte de tu vida y disfrutas junto a ella.

Entonces ¿cómo es posible que Jesús esté en ese trocito de pan? ¿Qué ese sea su cuerpo? Que alguien me lo explique. La Iglesia, que es nuestra madre, nos enseña toda su tradición y su sabiduría; por ello es nuestra madre, pero sobre todo nos llama a abandonarnos en las manos de nuestro Padre.
Haz memoria y piensa en las palabras del sacerdote durante la consagración: Este es Jesucristo, el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo, dichosos los invitados a la cena del Señor.

Necesitamos pedir la fe que solamente nos viene dada de lo alto por Dios, un don maravilloso. Sin ella no puede vivirse este misterio. ¿Quién podrá saciar el corazón del hombre? ¿Quién podrá colmar todas nuestras ansias? ¿Quién nos puede hacer plenamente felices? ¿Quién? ¿Has buscado? ¿Estás en ello? ¿Lo encontraste? Yo siiiii.

Ya nos lo anticipó el profeta Isaías: “…venid, comprad y comed, sin plata, y sin pagar, vino y leche! ¿Por qué gastar plata en lo que no sacia? Hacedme caso y comed cosa buena, y disfrutaréis con algo sustancioso. Aplicad el oído y vivirá vuestra alma.” Ven a mi te dice el Señor, cómeme y me haré uno contigo, se saciará tu alma. No hay mayor gesto de amor, no hay mayor entrega que la que el Amado ha hecho por ti. Se ha entregado plenamente por amor. Se ha hecho tan pobre para poder así enriquecerte. Se ha hecho tan sencillo y humilde que sólo aquellos de mirada clara pueden verlo. Es tan caballero que no se impone y puedes rechazarlo.


¡Dichoso tú si eres uno de los invitados a la cena de este cordero! Alégrate porque no hay mejor fiesta que la eucaristía. En ella el Señor se parte por ti, vence a todos tus enemigos y esclavitudes en el altar. Salta de alegría, eres una persona afortunada por participar de este misterio. Di conmigo: “Oh Jesús, amor mío, ¡Cuánto me has amado!
Tú has recibido la hiel y el vinagre de mí, para que yo reciba la dulzura de ti.
Tú has recibido el desprecio y los insultos de mí, para que yo reciba la mansedumbre de ti,
Tú has recibido la muerte de mí, para que yo reciba la VIDA de ti. De mí, Señor, tú has recibido el mal, la muerte y el pecado, para que yo reciba de ti, SÓLO A TI MISMO.

Decirle esto a Jesús es confesarle con la boca y el corazón. Es aceptar su amor, es dejarle entrar en nuestra casa indigna (“Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”). Si mi casa, mi corazón no está del todo sano, no es todavía del todo tuyo Señor, pero deseo en lo más profundo de mí que habites en él como en un templo. Límpialo de todo aquello que me ata, que me separa de ti. AMEN.
 

Hugo, San Clemente

 

DOMINGO NOVENO DEL TIEMPO ORDINARIO (1 de Junio)

 Lectura del santo evangelio según san Mateo 7, 21-27

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

-«No todo el que me dice "Señor, Señor" entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo.

Aquel día, muchos dirán: "Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?"

Yo entonces les declararé: "Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados.

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.

El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente.»

Palabra de Dios.

 

Comentario:

Varias cosillas se pueden sacar de este Evangelio. La primera es que no basta invocar al Señor: “Señor, Señor”. No basta con rezar, para entrar en el Reino de los Cielos. Hay que hacer, cumplir la voluntad del Padre.

Y, ¿cómo cumplir la voluntad de Dios? Nos lo dice también aquí: escuchando y cumpliendo sus Palabras. Haciendo esto por muchas dificultades que puedan surgir en nuestra vida, tendremos nuestra casa firme en la roca. Esa roca que es sobre todo el sabernos amados inmensamente por el Señor. Teniendo ahí nuestro cimiento cumpliremos su Palabra en cada momento. Y por muchos vientos, lluvias, dificultades de cualquier tipo, que nos vengan, no serán capaces de derribarnos.

¿Dónde está puesto mi cimiento? ¿En Cristo y su amor, o en otras cosas?

DOMINGO DÉCIMO DEL TIEMPO ORDINARIO (8 de Junio)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 9, 9-13

En aquel tiempo, vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo:
-«Sígueme.»
Él se levantó y lo siguió.
Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos.
Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos:
-«¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores? »
Jesús lo oyó y dijo:
-«No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos.
Andad, aprended lo que significa "misericordia quiero y no sacrificios": que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»

Palabra de Dios.
 

Comentario

Jesús, una vez más, rompe con los esquemas establecidos: hoy
se atreve a llamar a Mateo, un cobrador de impuestos, trabajador para la Roma ocupante y, por tanto, excluído de los hombres de bien de Israel...

Qué intensidad tendría su llamada, cuánto amor encerraría su mirada que Mateo "se levantó y lo siguió", es decir, abandona su vida acomodada e, inmediatamente, se coloca en pié y, siguiéndole, comienza una nueva vida a su lado.
Mateo acoge a Jesús en su casa, en su vida, y continúa el
escándalo porque, de nuevo, Jesús rompe las reglas y Él, que no rechaza a nadie (aunque no sea judío), se atreve a comer con otros cobradores y con gente de "mala vida" según los ojos de los fariseos, que cumplían la ley estrictamente. Éstos, en un nuevo intento de poner en un aprieto a Jesús, le echan en cara su actitud y Él les responde con ironía: "No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos".
Con esta respuesta, Jesús nos indica que los "sanos" son los
que se sientan a la mesa con Él, que practican la misericordia y que no se encierran en un templo ofreciendo sacrificios vacíos y olvidándose del prójimo. No quiere teólogos llenos de conocimientos y teorías, cumpliendo preceptos y leyes a rajatabla, pero con un corazón seco que no le conoce, un corazón estéril que no se entrega y da fruto... Por eso tiende su mano a los "enfermos" , a los que conocen sus carencias y debilidades y están dispuestos a dejarse amar por Él para que su vida cambie y sea rica y fértil...
Hoy, Señor, te doy gracias por ofrecerme un asiento en tu mesa,
porque no me obligas sino que me invitas, porque no dictas normas sino que tu propia vida es un ejemplo, porque me enseñas que cumplir la ley sin amor no vale para nada. Yo, Señor, sólo te pido que no permitas que me separe de ti...


 Elena Berrón, (Ávila)


DOMINGO DECIMOPRIMERO DEL TIEMPO ORDINARIO (15 de Junio)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 9, 36-10, 8

En aquel tiempo, al ver Jesús a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos:
-«La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies.»

Y llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia.
Éstos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo, el publicano; Santiago el Alfeo, y Tadeo; Simón el Celote, y Judás Iscariote, el que lo entregó. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones:
No vayáis a tierra de gentiles, ni entréis en las ciudades de Samaria, sino id a las ovejas descarriadas de Israel.
Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis.

Palabra de Dios.
 

Este evangelio nos recuerda, una vez más, el gran corazón de Jesús, como se crecía ante las adversidades, así como, su insistencia de trabajar y volcarse con los más necesitados; ayudándoles a ver que el Reino de los Cielos esta cerca y encauzándoles a encontrar ese buen camino.

Para conseguirlo, recurre a sus discípulos, pidiéndoles que busquen a los descarriados y abandonados y les den, sin pedirles nada, lo que ellos recibieron de esa misma manera.

Candelas, (Segovia)

DOMINGO DECIMOSEGUNDO DEL TIEMPO ORDINARIO (22 de Junio)


Lectura del santo evangelio según san Mateo 10, 26-33

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse.
Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído pregonadlo desde la azotea.
No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones.
Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo, también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.&;

Palabra de Dios

Comentario:

 

Somos débiles sin el Señor. Toda nuestra fuerza reside en Él. Nosotros que ya lo sabemos acudimos, o deberíamos acudir, prestos a Él cuando vemos que el camino se tuerce, Dios no es culpable de ello; es la gente la que cuchichea, la que pone la zancadilla, la que espera nuestro traspié, sucedía ya en tiempos de Jeremías y en eso los tiempos no han avanzado. En esos instantes de oscuridad, Dios está con nosotros, Dios nos quiere y quiso demostrarlo: Dios hecho hombre en la persona de Jesús no subió sólo a la cruz, subió con todos nuestros pecados para acabar con el reinado de la muerte y, como dice San Pablo, con su muerte bastó para salvar toda la multitud. Dios siempre está pendiente de nosotros, como nos recuerda el evangelio, nada sucede sin que lo disponga vuestro Padre, pero también nosotros debemos pedirle que lo haga, que esté cerca de nosotros, que nos escuche, ya que con este gesto abrimos las puertas de nuestro corazón para dejarle entrar.

Andrés

 

 

SOLEMNIDAD DE SAN PEDRO Y SAN PABLO (29 de Junio)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 13-19

Cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, comenzó a preguntarles a sus discípulos:
—¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?
Ellos respondieron:
—Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, y otros que Jeremías o alguno de los profetas.
Él les dijo:
—Y vosotros, ¿quién decís –que soy– yo?
Respondió Simón Pedro:
—Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.
Jesús le respondió:
—Bienaventurado eres, Simón, hijo de Juan, porque no te ha revelado eso ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del Reino de los Cielos; y todo lo que ates sobre la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desates sobre la tierra quedará desatado en los cielo.

 

DOMINGO DECIMOCUARTO DEL TIEMPO ORDINARIO (6 de Julio)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, exclamó Jesús: '
-«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Si, Padre, así te ha parecido mejor.
Todo me lo, ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón; y encontraréis vuestro. descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

Palabra de Dios

 

DOMINGO DÉCIMO QUINTO DEL TIEMPO ORDINARIO (13 de Julio)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 1-23

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla.
Les habló mucho rato en parábolas:
-«Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron.
Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó.
Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron.
El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta.
El que tenga oídos que oiga. »
Se le acercaron los discípulos y le preguntaron:
-«¿Por qué les hablas en parábolas?»
Él les contestó:
-«A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías: "Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure."
¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron. Vosotros oíd lo que significa la parábola del sembrador:
Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino.
Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y la acepta en seguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, sucumbe.
Lo sembrado en zarzas significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese dará fruto y producirá ciento o sesenta o treinta por uno.

Palabra de Dios.
 

Lo sembrado en Tierra Buena

La de hoy es una parábola que siempre que la leo me pone algo nerviosa. ¿Qué clase de tierra seré yo? A veces pienso que en mi corazón hay todas las clases de terrenos de los que habla el Evangelio: llenos de piedras, sembrados de cardos, bordes de camino y algún pedazo fértil. Recuerdo que en una ocasión comentaba con una amiga con qué clase de tierra se identificaba. Inmediatamente me dijo que con la tierra fecunda. Aquello me sorprendió mucho, pero también me sirvió de alerta. Fácilmente podemos creer que hacemos todo lo que podemos.

Sabemos que nadie está obligado a dar más de lo que puede y nos refugiamos en ese dicho popular como si esa fuera nuestra realidad. Lo cierto es que el Evangelio de hoy no incide en nuestras fuerzas sino en nuestra disponibilidad. Alguna vez he constatado que los frutos son desproporcionados con el esfuerzo y que donde pensábamos que no podía suceder nada ocurre un milagro. La tierra del corazón no es tan fácil de distinguir como la de los campos. Es más difícil de arar y, sobre todo, más propensa a las sorpresas.

Cuando Jesús compara a los oyentes con diferentes terrenos no se refiere a una predeterminación. Más bien parece que nos instruye sobre el cuidado de nuestro corazón para recibir la Palabra. La semilla germina por su propia fuerza y nos es regalada. El sembrador, que es Jesucristo, la ofrece gratuitamente. En cada uno de nosotros se deposita ese germen de gracia llamado a dar fruto. ¿Pero qué pasa con nuestra manera de recibir lo que se nos da?

Es en lo hondo donde todo se juega, es decir, en el corazón. La manera cómo nosotros nos colocamos ante Dios, la docilidad a su Palabra, el dejarnos guiar, todo ello constituye el terreno. El mismo Jesús, y no vale la pena repetirlo porque está claro en el texto de hoy, nos recuerda los peligros que asedian al Evangelio.

Nosotros hemos de cuidar el corazón: estar atentos a si seguimos lo importante o nos dejamos embaucar por lo pasajero, si asumimos las enseñanzas en su profundidad o solo sentimentalmente, si dejamos ser cuidados por la Iglesia o pensamos que nos valemos por nosotros mismos.

El sembrador sale cada día a sembrar, que María nos ayude a tener un corazón abierto a Dios, en el que pueda germinar su Palabra.

Isabel Arias, Madrid

 

DOMINGO DÉCIMO SEXTO DEL TIEMPO ORDINARIO ( 20 de Julio)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 24-43

En aquel tiempo, Jesús propuso otra- parábola a la gente:

-«El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo:

"Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?"

Él les dijo:
"Un enemigo lo ha hecho."

Los criados le preguntaron:
"¿Quieres que vayamos a recogerla?
Pero él les respondió:

"No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo. dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores:

<<Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero.>>

Les propuso esta otra parábola:

-«El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas, y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.»

Les dijo otra parábola:

-«El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, y basta para que todo fermente.»

Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les exponía nada.

Así se cumplió el oráculo del profeta:

«Abriré mi boca diciendo parábolas, anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo.»

Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle:

-«Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.»
Él les contestó:

-«El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles.

Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga. »

Palabra de Dios.

DIOS Y SU REINO

Las parábolas del Reino de Dios nos animan a no amilanarnos ante las dificultades. A pesar de que no tengamos poder ni una gran influencia en la sociedad, busquemos la justicia.

En la primera parábola, Jesús habla de cómo el trigo y la cizaña crecen juntos. La buena semilla crece junto a la cizaña no solo en el campo, sino también en el mundo y en la Iglesia. Dentro de esta última, a menudo se oyen acusaciones de falta de fidelidad por parte de unos grupos a otros. Deberíamos hacer un esfuerzo para aceptar y alentar la diversidad en la Iglesia, ya que podemos confundir el trigo con la cizaña; no es la corteza lo importante, sino el fruto.

La segunda parábola, la del grano de mostaza que, a pesar de ser muy pequeño, crece hasta convertirse en una planta de un metro de altura, nos hace reflexionar sobre lo grande que es el Reino de Dios a pesar de lo pequeños que somos. Y es que el Reino de Dios poco tiene que ver con influencias sociales o alianzas con poderes políticos.

En la tercera parábola, de nuevo Jesús nos presenta un elemento muy pequeño –la levadura- que Dios, como panadera, pone en la masa del mundo para que fermente.

Dios, que se encuentra fuera de los templos y de la Iglesia tanto como lo está dentro, está también presente en la historia, en sus momentos gloriosos y en aquellos en los que se puede llegar a dudar de la racionalidad humana. De acuerdo con el filósofo y teólogo judío Martin  Buber, Dios reside en cada bloque terreno, y la auténtica religiosidad consiste en forjar o tallar esos bloques para que rostro de Dios salga a la luz. Manos a la obra, pues.

(Ruth Sastre, Segovia)


SOLEMNIDAD DE SANTIAGO APÓSTOL (25 de Julio)

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 20, 20-28


En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: ¿Qué deseas? Ella contestó: Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda. Pero Jesús replicó: No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber? Contestaron: Lo somos. Él les dijo: Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre. Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.
Palabra del Señor.
 

Comentario

Siempre que imagino los últimos días de Jesús, siento la enorme soledad que debió sufrir en aquellos momentos: había estado tres años repitiendo hasta la saciedad su mensaje y viviendo de acuerdo a sus palabras  y, a pocas fechas de su muerte, nadie de los que le rodeaban le había entendido...

El Evangelio de hoy nos muestra uno de esos momentos: estando con los suyos, la madre de dos de ellos le pide, para sus hijos, los lugares de mayor relevancia en el nuevo reino...  Para colmo, esta petición provoca una disputa entre los discípulos pero no porque los demás hubieran comprendido las enseñanzas de Jesús sino porque veían una amenaza a su propia ambición.

Imagino a Jesús con una soledad y amargura indescriptibles pues sus amigos, a los que amaba profundamente, con los que había compartido su día a día en los tres últimos años, los que habían sido elegidos para extender su Reino cuando Él marchara hacia el Padre aún creían que sería un reino terrenal basado en el poder, la gloria, el honor, la fama... y, encima, sólo la mención de este tipo de reino provoca entre ellos violencia y enfrentamiento.

Pero, en medio de esa soledad, siento también su esperanza y veo a Jesús con una ternura y un amor infinitos haciendo frente a esta situación: Él sí conoce la muerte tan atroz que le espera, ese cáliz tan amargo de beber y, aunque sus discípulos envalentonados dicen que le
seguirán, Jesús sabe perfectamente que sí lo harán y hasta las últimas consecuencias pero no ahora sino cuando Él resucite  y,  por fín, comprendan...

Y es entonces cuando nos regala,  una vez más,  la "fórmula perfecta" de la base de su Reino, la nueva ordenación del Pueblo de Dios. En contraposición a la autoridad humana, ejercida por la opresión y la dominación absoluta a los más débiles y cuyo resultado sólo lleva a la violencia y a la destrucción, se ofrece la imagen del esclavo servidor: el primero debe ser el último, el más grande debe hacerse el más pequeño... La nueva ley es la ley de la entrega a los demás,  la verdadera grandeza es la pequeñez, el auténtico dominio consiste en servir...

 Y no son palabras vacías: Jesús, el Maestro, el Hijo de Dios, se convierte en ejemplo vivo de servidumbre no sólo lavando los pies a sus discípulos en el Cenáculo como haría un esclavo  sino entregando su propia vida en un acto supremo de amor.  A Jesús no le ejecutan, no le arrebatan la vida: Él la entrega como rescate para liberarnos de la muerte, de una vida oscura y estéril en la que sólo prima el "yo"...  Derramó hasta la última gota de su sangre no como obediencia ciega sino por amor para mostrarme las claves de la verdadera riqueza, de la vida entregada que no se pierde sino que se gana... Simplemente, porque ya me conocía y ya me amaba...

Hoy, Señor, te doy gracias porque han pasado dos mil años y sigues amándome, porque mi nada se convierte en todo cuando tú la llenas, porque no soy nadie pero siento que soy única a tus ojos,...  Hoy, Señor, sólo te pido que, en mi pequeñez, siendo consciente de mis fallos y debilidades y también de mis virtudes y "grandezas", me ayudes a  quererme tal como soy.  Sólo así podré querer de verdad a los demás y actuar no por obligación, por convencionalismos o por el qué dirán. Sólo así podré devolverte algo de tanto como me das...

Ana de Siloé

 

DOMINGO DÉCIMO SÉPTIMO DEL TIEMPO ORDINARIO (27 de Julio)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 44-52

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

-«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.

El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.

El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.

Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

¿Entendéis bien todo esto?»
Ellos le contestaron:
-«Sí.»
Él les dijo:

-«Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo. »

Palabra de Dios.

Comentario:

En el evangelio del hoy, Jesús pone una parábola acerca del reino de los cielos:

Por un lado dice que el reino de los cielos es como "un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo", también pone el ejemplo del comerciante de perlas. Y por otro lado nos dice que  también se parece a "una red que echan al mar y recoge toda clase de peces" y después clasifican los peces en buenos y malos, que son arrojados.

En el primer caso el mensaje es claro: el Reino de Dios es un bien tan grande que quien lo encuentra siente que debe hacer todo sacrificio posible con tal de poseerlo. Con esta parábola no solo aprendemos que es necesario desprenderse de todos los demás bienes para abrazar el evangelio, sino también que tenemos que hacerlo con alegría, y este aspecto es el que más se remarca en el texto: “y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo”.

Quien renuncia a cuanto tiene debe estar convencido de que esto es una ganancia, no una pérdida.

El evangelio es este tesoro que está escondido en nuestra sociedad y, al igual que el tesoro, es fuente de riqueza y de bienes. Si no lo vendes todo, no podrás adquirirlo.

En el caso de la segunda parábola se nos recuerda que al final de nuestra vida seremos juzgados y se nos va a clasificar en peces buenos y malos. “Saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí vendrá el llanto y el rechinar de dientes”

Estas dos parábolas nos recuerdan que debemos convertirnos y creer en el evangelio, tal y como se nos recuerda en la imposición de la ceniza.

Fer, Ávila



DOMINGO DÉCIMO OCTAVO DEL TIEMPO ORDINARIO (3 de Agosto)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 14, 13-21

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos.

Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle:

Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer. Jesús les replicó:
No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer.
Ellos le replicaron:
Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.
Les dijo:
Traédmelos.
Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.
Palabra de Dios.

DOMINGO DÉCIMO NOVENO DEL TIEMPO ORDINARIO (10 de Agosto)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 14, 22-33

Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.

Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo.

Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma.

Jesús les dijo en seguida:
-«¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!»
Pedro le contestó:

-«Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua. » Él le dijo:

-«Ven. »

Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó:

-«Señor, sálvame.»
En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:
-«¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?»
En cuanto subieron a la barca, amainó el viento.
Los de la barca se postraron ante él, diciendo:
-«Realmente eres Hijo de Dios.»

Palabra de Dios.

 

SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA (15 de Agosto)

Lectura del santo Evangelio según san Lucas. 1, 39-56.

En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la vos de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!

Y dijo María:
"Engrandece mi alma al Señor
y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador
porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava,
por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada,
porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre
y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen.

Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes.
A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada.

Acogió a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como lo había anunciado a nuestros padres- en favor de Abraham y de su linaje por los siglos."

María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.

Palabra de Dios

DOMINGO VIGÉSIMO DEL TIEMPO ORDINARIO (17 de Agosto)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 15, 21-28

En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón.
Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle:
-«Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.»
Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle:
-«Atiéndela, que viene detrás gritando.»
Él les contestó:
-«Sólo me han enviadlo a las ovejas descarriadas de Israel.»
Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió:
-«Señor, socórreme.»
Él le contestó:
-«No está bien echar a los perros el pan de los hijos.»
Pero ella repuso:
-«Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.»
Jesús le respondió:
-«Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.»
En aquel momento quedó curada su hija.

Palabra de Dios

Comentario

Hoy en día como mucho, se oye por la calle esa frase cuando ante la dificultad alguien te pide que la encomiendes en tus oraciones, usando éstas como si fueran una varita mágica con las que se consiguiese cambiar una determinada situación.

SI reflexionamos algo más sobre la expresión “tener fe”, descubriríamos una actitud profunda que procede del corazón, tal y como muestra la mujer cananea, y que le hace hasta el final implorarle a Jesús sobre el objeto de su petición. Y tuvo que ser difícil para la mujer, después del “desplante “ que Jesús le hace en un momento. ¿Hubiéramos nosotros continuado en esa actitud tras las palabras del Maestro? Con el trabajo que nos cuesta que alguien nos diga que no a algo después de aventurarnos a contarle nuestras necesidades.

Hoy en día medito mucho sobre la necesidad o no de la oración de petición. Siento por un lado el deseo de hacerla  y por otro me consta que Dios ya sabe de mis ruegos, por lo que no sé lo que le puedo pedir si Él sabe lo que me conviene. Realmente creo que lo que a Dios le interesa no es mi oración, sino mi actitud y presencia. MI estar, mi acudir, mi confiar… la mayoría de las veces que llego a la oración no sé realmente ni lo que decir, sólo sé que Él está y yo estoy… y sé “de quien me he fiado”.

Quizá ni siquiera en ese momento, en aquel camino polvoriento Jesús escuchó la plegaria de aquella mujer. Lo que vio, sintió, captó fue la confianza ciega, total, hecha vida, de esta mujer que pedía por su hija y que fue capaz de saltar todas las barreras que Jesús le iba poniendo. La actitud de Jesús la hizo una verdadera campeona de una carrera de obstáculos, la de la fe.

Una cosa sí quiero pedirle siempre a Dios: no me libres de todo aquello que me brinde la oportunidad de entrenarme en el salto de vallas, si es contigo, todo será “saltable” y mi fe será la de un gigante.

Clara de Siloé, Murcia

 

DOMINGO VIGÉSIMO PRIMERO DEL TIEMPO ORDINARIO (24 de Agosto)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 13-20

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:
-«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»

Ellos contestaron:
-«Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.»
Él les preguntó:
-«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»
Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
-«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»
Jesús le respondió:
-«¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo.
Ahora te digo yo:
Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.
Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo. »
Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

Palabra de Dios.

 

Comentario:

La pregunta de Jesús a sus discípulos suena hoy tan válida como en aquellos tiempos. “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?” Si en aquella época la mayoría de las personas no sabían quién era Jesús… ¿Sabemos hoy quién es?

Ante la evidente confusión Jesús insiste en preguntar ahora a ellos mismos quienes dicen que es El. A esta pregunta contesta Pedro afirmando que él es “el Mesías, el hijo del Dios viviente”. La afirmación de Pedro concentra las expectativas respecto al Mesías. Confesarlo Mesías significa que es más que un excelente maestro de doctrina, más que un sabio versado en las escrituras. Lo coloca más allá de una buena persona que cura y se compadece de los pobres y marginados.

Este texto es de una riqueza inmensa. No sólo habla de la base confesional de toda iglesia cristiana que nos enfrenta con el desafío de no ser lo que allí se confiesa. En otras palabras, nos confronta con la responsabilidad de anunciar que Jesús es el Mesías. La Iglesia naciente hizo de esa confesión la roca sobre la que basó su fundamento. Por ella vivieron y murieron los primeros cristianos. La iglesia de hoy también tiene por delante la tarea de afirmar las mismas palabras y hacerlas el centro de su anuncio.

Esther (Segovia)

DOMINGO VIGÉSIMO SEGUNDO DEL TIEMPO ORDINARIO (31 de Agosto)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 21-27

En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.

Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:
-«¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.»
Jesús se volvió y dijo a Pedro:
-«Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.»
Entonces dijo Jesús a sus discípulos:
-«El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.
Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará.
¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida?
¿O qué podrá dar para recobrarla?
Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta.»

Palabra de Dios.

"El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga..."

 

Lo que nos cuesta cargar con esas pequeñas cruces diarias... y sobretodo... con esas "grandes" cruces que nos toca vivir alguna vez...

 Y en ocasiones, en esos momentos, seguirle no es lo más fácil... muchos son los miedos, la inseguridad, la desconfianza...

Pero esas son las cruces que "El Jefe" nos regala para ayudarnos a crecer, a madurar, a CONFIAR... a cargar con ellas de la mejor manera posible y seguirle... La recompensa será infinita!!! Y... lo mejor siempre estará por llegar!!!

 

Sandra.



DOMINGO VIGÉSIMO TERCERO DEL TIEMPO ORDINARIO (7 de Septiembre)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 15-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano.

Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.

Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. »

Palabra de Dios.

En este pasaje podemos entender un doble mensaje:  

Por una parte, Jesús nos exhorta a la práctica de la corrección fraterna entre cristianos como una ayuda y vía hacia la salvación del otro. Lo que nos confiere a la vez una responsabilidad (para con el otro) y un alivio (hacia nosotros mismos), al entender que será el que está a nuestro lado primero y nuestra comunidad después la que nos irá guiando hacia el camino que Jesús nos plantea.

Además de esto, es Jesús mismo el que estará con nosotros presente, en medio, cuando nos reunamos con los hermanos en su nombre. Y es que una vez más se nos viene a decir que no estamos solos y que esa presencia real de Jesús en nuestra vida debe ser la verdadera fuerza que nos conduzca hacia una vida verdaderamente cristiana.

Ernesto