|
|
"Nuestra oración, inflamada por el amor de Dios, se manifestará como una estrecha amistad con Él y se encaminará a la comunión o unión de amor, en la que cada una entregue totalmente su voluntad al Criador". (Constituciones 87) MARIA Y EL ESPÍRITU SANTO
AmbientaciónNos detenemos hoy junto a Ella, María. La recordamos. Tal vez a su lado consigamos descubrir cómo es y cómo debe ser nuestra relación con el Espíritu Santo. Esperamos con ella a que se enciendan pequeñas estrellas como lámparas en nuestra oscuridad, hasta hacerse la luz en nuestros corazones, en nuestra mente, en nuestra vida, como una nueva llegada del Espíritu Santo. La reconocemos como Madre, como compañera de viaje, como seña que nos orienta en nuestro camino y por eso le cantamos. Salmo Recitado a dos coros, al final hacemos ECO.
ha puesto su confianza y su esperanza. El Señor Dios ha hablado y cuenta con nosotros. Nos da su Espíritu para devolver la luz donde hay oscuridad. Cuenta con nosotros para construir la civilización del amor allí donde hay egoísmo, tristeza y angustia. Por eso, como con María, envía su Espíritu sobre nosotros. Cuenta con nosotros para luchar por la paz, en medio de un mundo donde muchas veces la solución se encuentra recurriendo al uso de la fuerza. Jesús cuenta con nosotros, como signos de Caridad. Cuenta con nosotros para que su Palabra llegue al último rincón de la tierra desde la disponibilidad más absoluta. Cuenta con nosotros para sembrar la semilla de su Evangelio, semilla que produce frutos de fraternidad y amor. Su Espíritu está con nosotros... irradiemos sus frutos. Cristo ha puesto su mirada en nosotros, como en María, y nos dice que seamos sal y luz en medio del mundo. Sal para dar sentido a nuestra vida de prisas, desconciertos y agobios; para hacer ver que merece la pena ser vivida con profundidad desde el proyecto que marca el Evangelio. Sal, porque al igual que sin ella la comida no es agradable, sin Cristo, sin su presencia viva entre nosotros, nuestra vida se vuelve insípida. Su Espíritu nos infunde valor para la lucha. Nosotros queremos ser sal de la tierra y luz del mundo, porque ser cristiano no ha perdido su vigencia; porque nunca como hoy nuestro papel es tan importante. Nosotros queremos ser sal que dé sentido y felicidad al mundo. Cuenta con nosotros, que disponibles desde la sinceridad como María queremos ser luz que ilumine y muestre el verdadero rostro de Dios, el Dios del Amor. Cuenta con nosotros, Señor y que con tu Espíritu sepamos vencer todo tipo de dificultades, al igual que María.
A LA ESCUCHA DE LA PALABRA
“Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David, el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. Ella se turbó ante estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y darás a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo... El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra, por eso el ijo que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios... Dijo María: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Y el ángel, dejándola, se fue.
REFLEXIÓNToda la vida de María fue una continua apertura a Dios y a su Espíritu: 1. Siempre hizo su voluntad. 2. Nunca fue mediocre, jamás jugó con Dios. 3. Fue la que alimentó la fe de los apóstoles cuando dejaron de creer... En su momento, María supo confiar en Dios y acoger su Espíritu, esa respuesta supuso la presencia de Dios en nuestro mundo, en cada persona. Hoy Dios, al igual que a María, también te pide que respondas, que confies. Quizá no ocurrirán cosas tan increíbles como las que sucedieron hace dos mil años, pero tu vida cambiará y, al igual que María, harás posible que Dios entre en la vida de muchas personas, de los más pobres, humildes, sencillos...
¿Eres consciente de esta realidad, de esta responsabilidad? ¿Crees y confías que el Espíritu está en ti? Comparte tu reflexión y da el primer paso de tu confianza en Él.
PETICIONESLector 1: María, atenta y dócil al Espíritu, en la Anunciación y a lo largo de toda su vida. Lector 2: Para que nunca nos echemos atrás cuando aparece una dificultad en nuestro camino y tomemos siempre decisiones valientes como cristianos comprometidos. “Gracias, Madre, por tu presencia, tú nos llevas a Jesús, gracias Madre, por tu silencio, tú estimulas nuestra fe”. Lector 1: Impulsada por el Espíritu Santo, visita a Isabel. Experimenta y proclama la gran ciencia, la sabiduría, de que Dios manifiesta su poder exaltador a los humildes, derribando a los poderosos. Lector 2: Para que vivamos siempre desde el mandamiento del amor a Dios y al prójimo, para que nunca nos cansemos de pensar en todos los que nos rodean... “Gracias por tu corazón abierto, gracias por vivir un sí constante. Gracias...” Lector 1: María nos indica, con su vida, que siendo dóciles al Espíritu, él nos colmará, como a Ella, de su dones. Lector 2: Para que aumentes nuestra fe y entendimiento de forma que nos mantengamos siempre firmen a la hora de seguir las enseñanzas de Cristo... “Gracias porque eres muy sencilla. Gracias porque eres llena de gracia. Gracias...” Lector 1: María, ante el Espíritu, es la mujer de la escucha y el silencio, de la espera y la esperanza. De las puertas, las ventanas y el corazón abiertos. Siempre dispuesta, siempre disponible. Lector 2: El mundo, con sus cosas, nos lleva a poner nuestra esperanza y nuestras ansias de felicidad en el tener, en el éxito, en la fortura, las conquistas... Nosotros, a pesar de caer algunas veces en este mundo tan atractivo, sabemos de nuestra única esperanza debes ser tú.
ORACIÓN:Señor, danos un corazón enamorado como el corazón de María, un corazón generoso como el corazón de María, un corazón abierto a tu Espíritu como el de María. Haz que descubramos, cada vez más, que sólo desde un corazón desprendido llegaremos a poner nuestra confianza en Ti, como la puso tu Madre. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
AMBIENTACIÓNNos proponemos contemplar a María "como Virgen orante"; queremos que Ella sea nuestra maestra en este rato de oración. Lo vamos a hacer con el Magníficat la oración por excelencia de María, el canto que se ha convertido en el canto de la Iglesia de todos los tiempos. Pidámosle al Señor comprender por qué María pronunció estas palabras. Que el Señor nos ayude a orar con María y como María, ‑y a experimentar a Dios como Ella: Grande, Salvador, Omnipotente, Santo, Misericordioso, Fiel...
ORACIÓNMaría, pon dentro de mi tu alma y tu espíritu, hazme entrar en tu alma y en tu espíritu, para comprender las palabras que cantaste, para comprender por qué pronunciaste ésas y no otras. María, nosotros no somos capaces de entenderte hasta el fondo; muchas veces nos quedamos sólo en la superficie, y contemplamos de ti sólo los aspectos externos. Ayúdanos a entrar en tu corazón, para que podamos orar contigo y como Tú, y para que hagamos nuestra tu alabanza y tu amor a Dios.
PRESENTACIÓN DEL SÍMBOLO
Pensad en Ella, mejor, intentad pensar en Dios con los mismos sentimientos que Ella tenía hacia Él en su corazón.
Y mientras miramos la imagen de María, escuchemos de los labios de la misma Virgen las palabras del Magníficat.
PROCLAMACIÓN DE LA PALABRA (Lc 1, 46‑55)ORACIÓN PERSONAL El Espíritu Santo hizo de María una persona nueva, la madre del Señor. Vamos a pedirle al Espíritu que venga sobre nosotros en este rato de oración. Revistámonos de sentimientos de humildad, de sencillez, de generosidad para abrirnos a la acción de Dios. Pídele al Señor que esté en ti el espíritu de María, que te deje entrar en su alma para hacer tuya su experiencia de Dios y para alabar al Señor con Ella y como Ella. Silencio DIOS, el gran protagonista del canto de María. Dios, su todo. Con María repite varias veces, sintiendo como ella un afecto profundísimo y una intensa emoción, las frases del Magníficat.
“MI ALMA GLORIFICA AL SEÑOR". Glorificarlo es querer que Dios sea lo más grande. Le da gloria quien le ama con todas sus fuerzas, como María, locamente, con un amor que le hace salir de sí. Dios es tu Señor; tú eres, como María, su servidor. Contémplalo lleno de Gloria, reconócelo como Señor. Silencio “Y Mi ESPÍRITU SE REGOCIJA EN DIOS MI SALVADOR”. Regocíjate, siente el gozo y la alegría profunda que tiene quien tiene a Dios. Dios, la causa de tu alegría. Regocíjate en Dios tu salvador. Di: "mi Salvador', con el convencimiento de la salvación personal que ha realizado en ti. Siéntete como María, tocado por EL SALVADOR. Silencio "HA MIRADO LA HUMILDAD DE SU SIERVA”. También Dios ha mirado tu humildad. Él, tan infinitamente grande, se da cuenta de que tú existes, te da importancia, te ama, se preocupa personalmente por ti, te mira en tu "pequeñez ": Tú eres una pobre criatura y Dios, tan grande, piensa en ti. Silencio Como a María, también a ti Dios te mira con amor en tus dificultades, tus sufrimientos, en tus temores, y Él, como a la Virgen cuando aceptó ser la Madre del Hijo de Dios, te devuelve la tranquilidad, la seguridad de ánimo y la alegría. Por esto, Ella dice: “TODAS LAS GENERACIONES ME LLAMARÁN DICHOSA”. Reconócete tú también dichoso, bienaventurado, mirado con amor por Dios, que de tu humildad ha comenzado a hacer una criatura nueva. Silencio María reconoce en Ella la obra de Dios y por eso le alaba: "HA HECHO EN MI COSAS GRANDES EL PODEROSO". También en ti, en el mundo Dios ha hecho cosas grandes. Tenemos infinitos motivos para alabar a Dios. Personaliza la alabanza y el reconocimiento de su poder para contigo: te ha dado la vida, la fe, te trajo aquí... Él todo lo puede. Contémplalo Omnipotente, Todopoderoso... Silencio "SU NOMBRE ES SANTO", totalmente santo, sin mancha, limitación, pecado o debilidad... Él es el Santo; tú, pecador, limitado, manchado por la debilidad, y a la vez llamado a participar de la santidad del "sólo Santo". Silencio Y ES MISERICORDIOSO SIEMPRE", de generación en generación. Dios con corazón siempre compasivo, cercano, lleno de amor y de perdón para ti y para todos. Silencio Glorifica y alégrate con María en el Dios que "DESPLIEGA LA FUERZA DE SU BRAZO" para hacer disfrutar de su misericordia a los le honran, para ensalzar a los humildes y para colmar a los hambrientos de bienes. A nuestro Dios le gustan los sencillos, los humildes, los pobres. No le van los engreídos, los poderosos, los ricos. Es ese Dios que en María y por medio de Jesucristo ha comenzado a dar un vuelco a la historia. Pídele al Señor: Que te haga capaz de honrarlo y obedecerlo cada día, para que te pueda colmar de su misericordia; que en tu humildad, en tu pequeñez y debilidad experimentes cómo el Señor te levanta, te sana y te salva; y que, siendo pobre de corazón, te puedas sentir colmado de sus bienes. Todos juntos, en torno a María nuestra Madre, nos dirigimos como hermanos a nuestro Padre común: PADRE NUESTRO...
ORACIÓN DE LA COMUNIDAD Señor Jesús, que has dicho donde dos o más
estén unidos en mi nombre allí estoy Yo en medio de ellos, quédate entre
nosotros que nos esforzamos por estar unidos en tu amor en esta comunidad. Decálogo de la oración para andar por casa
1. Hazte con una llave maestra para entrar en oración en tu cuarto, en tu rincón favorito, pero también en el autobús, en el centro comercial, en tu trabajo, en la carnicería… 2. Acude a la oración como si se tratara de una cita de vital importancia. Recuerda tu primera cita de amor o la entrevista para tu primer trabajo. 3. Es importante que hables a Dios acerca de tus errores, de tus infidelidades..., pero mucho, mucho más importante es que te des cuenta de que “tus pecados no llegan ni al tobillo a la misericordia de Dios.” 4. Cuando desees orar pero te lo impide la conversación con una persona, no desesperes ni lo dejes para otra ocasión: escucha a Jesús en las palabras de tu hermano. 5. Si en algún momento de la oración sientes ganas de reír…, ríe; si ganas de llorar…, llora; cuando el hombre deja que Dios entre en su corazón, Él obra de múltiples formas. 6. No uses fórmulas estrambóticas para dirigirte a Dios. Él te entiende de sobra. Es más, las palabras que tú vas a usar las ha puesto Dios en tus labios. 7. A veces al orar no sentirás nada, pensarás que Dios está mudo. No te preocupes. Dios no te ha abandonado, únicamente ha cambiado de estrategia y te está acariciando amorosamente… Siente sus caricias. 8. Cuando los ruidos te impidan orar, piensa en el Dios de las multitudes, en el Dios de los amigos, de las reuniones festivas… Recrea en tu corazón un texto evangélico en el que Jesús se relacione con la gente. 9. No sólo pidas a Dios por ti, por tu familia, por los más pobres, por, por… Dios también necesita tu ayuda. Dile en que le puedes ayudar y échale una mano. 10. No salgas de la oración de capa caída por no haber solucionado la papeleta. Siéntete radiante pues tú lo has dejado todo en manos de Dios. Confía en que Él te dará fuerzas y obrará en ti.
José María Escudero ORACIÓN
POR LA PAZ
|