Que el Señor te bendiga y te guarde, te muestre su rostro y tenga piedad de ti, te dirija su mirada y te de la paz.

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"Nuestra oración, inflamada por el amor de Dios, se manifestará como una estrecha amistad con Él y se encaminará a la comunión o unión de amor, en la que cada una entregue totalmente su voluntad al Criador".

(Constituciones 87)

MARIA Y EL ESPÍRITU SANTO

Ambientación

 Nos detenemos hoy junto a Ella, María. La recordamos. Tal vez a su lado consigamos descubrir cómo es y cómo debe ser nuestra relación con el Espíritu Santo. Esperamos con ella a que se enciendan pequeñas estrellas como lámparas en nuestra oscuridad, hasta hacerse la luz en nuestros corazones, en nuestra mente, en nuestra vida, como una nueva llegada del Espíritu Santo.

 La reconocemos como Madre, como compañera de viaje, como seña que nos orienta en nuestro camino y por eso le cantamos.

 Salmo

Recitado a dos coros, al final hacemos ECO.

El Señor ha puesto su mirada sobre nosotros;

ha puesto su confianza y su esperanza.

El Señor Dios ha hablado

y cuenta con nosotros. Nos da su Espíritu

para devolver la luz donde hay oscuridad.

Cuenta con nosotros para construir la civilización

del amor allí donde hay egoísmo, tristeza y angustia.

Por eso, como con María, envía su Espíritu sobre nosotros.

 Cuenta con nosotros para luchar por la paz,

en medio de un mundo donde muchas veces

la solución se encuentra recurriendo al uso de la fuerza.

Jesús cuenta con nosotros, como signos de Caridad.

Cuenta con nosotros para que su Palabra llegue al último

rincón de la tierra desde la disponibilidad más absoluta.

Cuenta con nosotros para sembrar la semilla de su Evangelio,

semilla que produce frutos de fraternidad y amor.

Su Espíritu está con nosotros... irradiemos sus frutos.

 Cristo ha puesto su mirada en nosotros, como en María,

y nos  dice que seamos sal y luz en medio del mundo.

Sal para dar sentido a nuestra vida de prisas,

desconciertos y agobios;

para hacer ver que merece la pena ser vivida con profundidad

desde el proyecto que marca el Evangelio.

Sal, porque al igual que sin ella la comida no es agradable,

sin Cristo, sin su presencia viva entre nosotros,

nuestra vida se vuelve insípida.

Su Espíritu nos infunde valor para la lucha.

 Nosotros queremos ser sal de la tierra y luz del mundo,

porque ser cristiano no ha perdido su vigencia;

porque nunca como hoy nuestro papel es tan importante.

Nosotros queremos ser sal que dé sentido y felicidad al mundo.

Cuenta con nosotros,

que disponibles desde la sinceridad como María

queremos ser luz que ilumine y muestre el verdadero rostro de Dios, el Dios del Amor.

Cuenta con nosotros, Señor y que con tu Espíritu sepamos vencer

todo tipo de dificultades, al igual que María.

 

A LA ESCUCHA DE LA PALABRA

“Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David, el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. Ella se turbó ante estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo.

El ángel le dijo: No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y darás a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo... El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra, por eso el ijo que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios... Dijo María: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Y el ángel, dejándola, se fue.

 

REFLEXIÓN

 Toda la vida de María fue una continua apertura a Dios y a su Espíritu:

1.    Siempre hizo su voluntad.

2.    Nunca fue mediocre, jamás jugó con Dios.

3.    Fue la que alimentó la fe de los apóstoles cuando dejaron de creer...

 En su momento, María supo confiar en Dios y acoger su Espíritu, esa respuesta supuso la presencia de Dios en nuestro mundo, en cada persona.

Hoy Dios, al igual que a María, también te pide que respondas, que confies. Quizá no ocurrirán cosas tan increíbles como las que sucedieron hace dos mil años, pero tu vida cambiará y, al igual que María, harás posible que Dios entre en la vida de muchas personas, de los más pobres, humildes, sencillos...

 

¿Eres consciente de esta realidad, de esta responsabilidad?

¿Crees y confías que el Espíritu está en ti?

Comparte tu reflexión y da el primer paso de tu confianza en Él.

PETICIONES

 Lector 1: María, atenta y dócil al Espíritu, en la Anunciación y a lo largo de toda su vida.

Lector 2: Para que nunca nos echemos atrás cuando aparece una dificultad en nuestro camino y tomemos siempre decisiones valientes como cristianos comprometidos.

 “Gracias, Madre, por tu presencia, tú nos llevas a Jesús, gracias Madre, por tu silencio, tú estimulas nuestra fe”.

 Lector 1: Impulsada por el Espíritu Santo, visita a Isabel. Experimenta y proclama la gran ciencia, la sabiduría, de que Dios manifiesta su poder exaltador a los humildes, derribando a los poderosos.

Lector 2: Para que vivamos siempre desde el mandamiento del amor a Dios y al prójimo, para que nunca nos cansemos de pensar en todos los que nos rodean...

 “Gracias por tu corazón abierto, gracias por vivir un sí constante. Gracias...”

Lector 1: María nos indica, con su vida, que siendo dóciles al Espíritu, él nos colmará, como a Ella, de su dones.

Lector 2: Para que aumentes nuestra fe y entendimiento de forma que nos mantengamos siempre firmen a la hora de seguir las enseñanzas de Cristo...

 “Gracias porque eres muy sencilla. Gracias porque eres llena de gracia. Gracias...”

 Lector 1: María, ante el Espíritu, es la mujer de la escucha y el silencio, de la espera y la esperanza. De las puertas, las ventanas y el corazón abiertos. Siempre dispuesta, siempre disponible.

Lector 2: El mundo, con sus cosas, nos lleva a poner nuestra esperanza y nuestras ansias de felicidad en el tener, en el éxito, en la fortura, las conquistas...  Nosotros, a pesar de caer algunas veces en este mundo tan atractivo, sabemos de nuestra única esperanza debes ser tú.

ORACIÓN:

 Señor, danos un corazón enamorado

como el corazón de María, un corazón generoso

como el corazón de María, un corazón abierto a tu Espíritu

como el de María.

Haz que descubramos, cada vez más, que sólo desde un corazón desprendido

llegaremos a poner nuestra confianza en Ti, como la puso tu Madre. Por Jesucristo

nuestro Señor. Amén.

 

 

 

AMBIENTACIÓN

Nos proponemos contemplar a María "como Virgen orante"; queremos que Ella sea nuestra maestra en este rato de oración. Lo vamos a hacer con el Magníficat la oración por excelencia de María, el canto que se ha convertido en el canto de la Iglesia de todos los tiempos.

 Pidámosle al Señor comprender por qué María pronunció estas palabras. Que el Señor nos ayude a orar con María y como María, ‑y a experimentar a Dios como Ella: Grande, Salvador, Omnipotente, Santo, Misericordioso, Fiel...

  

ORACIÓN

María, pon dentro de mi tu alma y tu espíritu,

hazme entrar en tu alma y en tu espíritu,

para comprender las palabras que cantaste,

para comprender por qué pronunciaste ésas y no otras.

María, nosotros no somos capaces de entenderte hasta el fondo;

muchas veces nos quedamos sólo en la superficie,

y contemplamos de ti sólo los aspectos externos.

Ayúdanos a entrar en tu corazón,

para que podamos orar contigo y como Tú,

y para que hagamos nuestra tu alabanza y tu amor a Dios.

 

PRESENTACIÓN DEL SÍMBOLO

 

Os invito a contemplar en silencio la imagen de María.

 

Pensad en Ella, mejor, intentad pensar en Dios con los mismos sentimientos que Ella tenía hacia Él en su corazón.

 

Y mientras miramos la imagen de María, escuchemos de los labios de la misma Virgen las palabras del Magníficat.

 

PROCLAMACIÓN DE LA PALABRA  (Lc 1, 46‑55)

 ORACIÓN PERSONAL

          El Espíritu Santo hizo de María una persona nueva, la madre del Señor. Vamos a pedirle al Espíritu que venga sobre nosotros en este rato de oración. Revistámonos de sentimientos de humildad, de sencillez, de generosidad para abrirnos a la acción de Dios.

Pídele al Señor que esté en ti el espíritu de María, que te deje entrar en su alma para hacer tuya su experiencia de Dios y para alabar al Señor con Ella y como Ella.

 Silencio

 DIOS, el gran protagonista del canto de María. Dios, su todo. Con María repite varias veces, sintiendo como ella un afecto profundísimo y una intensa emoción, las frases del Magníficat.

 

“MI ALMA GLORIFICA AL SEÑOR". Glorificarlo es querer que Dios sea lo más grande. Le da gloria quien le ama con todas sus fuerzas, como María, locamente, con un amor que le hace salir de sí. Dios es tu Señor; tú eres, como María, su servidor. Contémplalo lleno de Gloria, reconócelo como Señor.

 Silencio

 “Y Mi ESPÍRITU SE REGOCIJA EN DIOS MI SALVADOR”. Regocíjate, siente el gozo y la alegría profunda que tiene quien tiene a Dios. Dios, la causa de tu alegría. Regocíjate en Dios tu salvador. Di: "mi Salvador', con el convencimiento de la salvación personal que ha realizado en ti. Siéntete como María, tocado por EL SALVADOR.

 Silencio 

"HA MIRADO LA HUMILDAD DE SU SIERVA”. También Dios ha mirado tu humildad. Él, tan infinitamente grande, se da cuenta de que tú existes, te da importancia, te ama, se preocupa personalmente por ti, te mira en tu "pequeñez ": Tú eres una pobre criatura y Dios, tan grande, piensa en ti.

 Silencio

 Como a María, también a ti Dios te mira con amor en  tus dificultades, tus sufrimientos, en tus temores, y Él, como a la Virgen cuando aceptó ser la Madre del Hijo de Dios, te devuelve la tranquilidad, la seguridad de ánimo y la alegría. Por esto, Ella dice: “TODAS LAS GENERACIONES ME LLAMARÁN DICHOSA”. Reconócete tú también dichoso, bienaventurado, mirado con amor por Dios, que de tu humildad ha comenzado a hacer una criatura nueva.

 Silencio

 María reconoce en Ella la obra de Dios y por eso le alaba: "HA HECHO EN MI COSAS GRANDES EL PODEROSO". También en ti, en el mundo Dios ha hecho cosas grandes. Tenemos infinitos motivos para alabar a Dios. Personaliza la alabanza y el reconocimiento de su poder para contigo: te ha dado la vida, la fe, te trajo aquí... Él todo lo puede. Contémplalo Omnipotente, Todopoderoso...

Silencio

 "SU NOMBRE ES SANTO", totalmente santo, sin mancha, limitación, pecado o debilidad... Él es el Santo; tú, pecador, limitado, manchado por la debilidad, y a la vez llamado a participar de la santidad del "sólo Santo".

 Silencio

 Y ES MISERICORDIOSO SIEMPRE", de generación en generación. Dios con corazón siempre compasivo, cercano, lleno de amor y de perdón para ti y para todos.

 Silencio

 Glorifica y alégrate con María en el Dios que "DESPLIEGA LA FUERZA DE SU BRAZO" para hacer disfrutar de su misericordia a los le honran, para ensalzar a los humildes y para colmar a los hambrientos de bienes. A nuestro Dios le gustan los sencillos, los humildes, los pobres. No le van los engreídos, los poderosos, los ricos. Es ese Dios que en María y por medio de Jesucristo ha comenzado a dar un vuelco a la historia.

 Pídele al Señor:

 Que te haga capaz de honrarlo y obedecerlo cada día, para que te pueda colmar de su misericordia; que en tu humildad, en tu pequeñez y debilidad experimentes cómo el Señor te levanta, te sana y te salva; y que, siendo pobre de corazón, te puedas sentir colmado de sus bienes.

 Todos juntos, en torno a María nuestra Madre, nos dirigimos como hermanos a nuestro Padre común: PADRE NUESTRO...

 

ORACIÓN DE LA COMUNIDAD

    Señor Jesús, que has dicho donde dos o más estén unidos en mi nombre allí estoy Yo en medio de ellos, quédate entre nosotros que nos esforzamos por estar unidos en tu amor en esta comunidad.
Ayúdanos a tener siempre un solo corazón y una sola alma, compartiendo alegrías y dolores, cuidando especialmente de los niños, los enfermos, los ancianos, los que están solos, los necesitados.
    Haz que cada uno de nosotros se comprometa a ser evangelio vivo, donde los alejados, los indiferentes, los pequeños... descubran el amor de Dios y la belleza de la vida cristiana.
Concédenos el valor y la humildad de perdonar siempre, de salir al encuentro de quien pensara alejarse de nosotros, de poner de relieve lo mucho que nos une, no lo poco que nos separa.
    Danos unos ojos nuevos para ver tu rostro en cada persona que encontramos y en cada cruz que nos presentes.
    Concédenos un corazón fiel y abierto que vibre a cada toque de tu palabra y de tu gracia.
Inspíranos siempre confianza y fortaleza, para no desanimarnos por los fallos, las debilidades o las ingratitudes.
    Haz que nuestras comunidades sean de verdad una familia, en la que cada uno se esfuerce en comprender, perdonar, ayudar, compartir... donde la única ley que nos une y nos hace ser verdaderos discípulos tuyos, sea el amor recíproco.

Decálogo de la oración  para andar por casa

 

1. Hazte con una llave maestra para entrar en oración en tu cuarto, en tu rincón favorito, pero también en el autobús, en el centro comercial, en tu trabajo, en la carnicería…

 2. Acude a la oración como si se tratara de una cita de vital importancia. Recuerda tu primera cita de amor o la entrevista para tu primer trabajo.

 3. Es importante que hables a Dios acerca de tus errores, de tus infidelidades..., pero mucho, mucho más importante es que te des cuenta de que “tus pecados no llegan ni al tobillo a la misericordia de Dios.”

 4. Cuando desees orar pero te lo impide la conversación con una persona, no desesperes ni lo dejes para otra ocasión: escucha a Jesús en las palabras de tu hermano.

 5. Si en algún momento de la oración sientes ganas de reír…, ríe; si ganas de llorar…, llora; cuando el hombre deja que Dios entre en su corazón, Él obra de múltiples formas.

 6. No uses fórmulas estrambóticas para dirigirte a Dios. Él te entiende de sobra. Es más, las palabras que tú vas a usar las ha puesto Dios en tus labios.

 7. A veces al orar no sentirás nada, pensarás que Dios está mudo. No te preocupes. Dios no te ha abandonado, únicamente ha cambiado de estrategia y te está acariciando amorosamente… Siente sus caricias.

 8. Cuando los ruidos te impidan orar, piensa en el Dios de las multitudes, en el Dios de los amigos, de las reuniones festivas… Recrea en tu corazón un texto evangélico en el que Jesús se relacione con la gente.

 9. No sólo pidas a Dios por ti, por tu familia, por los más pobres, por, por… Dios también necesita tu ayuda. Dile en que le puedes ayudar y échale una mano.

 10. No salgas de la oración de capa caída por no haber solucionado la papeleta. Siéntete radiante pues tú lo has dejado todo en manos de Dios. Confía en que Él te dará fuerzas y obrará en ti.

 

José María Escudero

ORACIÓN POR LA PAZ
San Francisco de Asís

Señor, hazme un instrumento de tu paz:
donde haya odio, ponga yo amor,
donde haya ofensa, ponga yo perdón,
donde haya discordia, ponga yo armonía,
donde hay error, ponga yo verdad,
donde haya duda, ponga yo la fe,
donde haya desesperación, ponga yo esperanza,
donde haya tinieblas, ponga yo la luz,
donde haya tristeza, ponga yo alegría.

Oh, Señor, que no me empeñe tanto
en ser consolado como en consolar,
en ser comprendido, como en comprender,
en ser amado, como en amar;
porque dando se recibe, olvidando se encuentra,
perdonando se es perdonado,
muriendo se resucita a la vida .
Amén.

  

ORACIÓN DE LA ESPERANZA


Señor, una vez más estoy delante de tu Misterio.
Estoy constantemente envuelto en tu Presencia
que tantas veces se torna en ausencia.
Busco tu Presencia
en la ausencia de tu Presencia.
Echando una mirada al inmenso mundo
de la tierra de los hombres,
tengo la impresión de que muchos ya no esperan en Ti.
Yo mismo hago mis planes, trazo mis metas
y pongo las piedras de un edificio
del cual el único arquitecto parezco ser yo mismo.
Hoy día los hombres somos, muchas veces,
unas criaturas que nos constituimos
en esperanza de nosotros mismos.
Dame, Señor, la convicción más profunda
de que estaré destruyendo mi futuro
siempre que la esperanza en Ti no estuviere presente.
Haz que comprenda profundamente que,

a pesar del caos de cosas que me rodea,
a pesar de las noches que atravieso,
a pesar del cansancio de mis días,
mi futuro está en tus manos
y que la tierra que me muestras
en el horizonte de mi mañana
será más bella y mejor.
Deposito en tu Misterio mis pasos y mis días
porque sé que tu Hijo, y mi Hermano
venció la desesperanza y garantizó un futuro nuevo
porque pasó de la muerte a la vida. Amén.
 

(Ignacio Larrañaga, Encuentro, p. 30)
 

ORACIÓN PARA COMENZAR EL OFICIO DIVINO

    Abre Señor mi boca para cantar tu nombre, dame un corazón puro, entendimiento claro, ardiente devoción, para poder rezar el oficio con atención, con amor, con unción, y que sea de tu agrado, ¡oh Padre!, te lo pido por Jesús con el Espíritu Santo. Amén.

 

ORACIÓN DE CONFIANZA

Padre, me pongo en tus manos,

haz de mí lo que quieras,

sea lo que sea, te doy las gracias.

Estoy dispuesto a todo

con tal que tu voluntad se cumpla en mí

y en todas tus criaturas.

No deseo nada más, Padre.

Te encomiendo mi alma,

te la entrego con todo el amor de que soy capaz,

porque te amo y necesito darme,

ponerme en tus manos sin medida,

con una infinita confianza, porque Tú eres mi Padre.

(Charles de Foucauld.)

 

ORACIÓN PARA VIVIR EL MOMENTO PRESENTE

En la oscuridad de la noche,

en medio de este océano de ansiedad,

de pesadilla, poco a poco me despierto:

debo afrontar la realidad. Estoy en la cárcel.

Si espero el momento oportuno

de hacer algo verdaderamente grande,

¿cuántas veces en mi vida se me presentarán ocasiones semejantes?.

No, aprovecho las ocasiones que se presentan cada día

para realizar acciones ordinarias de manera extraordinaria.

Jesús, no esperaré;

vivo el momento presente colmándolo de amor.

La línea recta está formada por millones de puntitos unidos entre sí.

También mi vida está integrada

por millones de segundos y de minutos unidos entre sí.

Dispongo perfectamente de cada punto

y mi línea será recta.

Vivo con perfección cada minuto y la vida será santa.

El camino de la esperanza está enlosado

de pequeños pasos de esperanza.

La vida de esperanza está hecha de breves minutos de esperanza.

Como tú, Jesús, que has hecho siempre lo que le agrada a tu Padre.

Cada minuto quiero decirte: Jesús, te amo;

mi vida es siempre una nueva y eterna alianza contigo.

Cada minuto quiero cantar con toda la Iglesia:

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo..."

(F.X. Nguyen Van Thuan, en la cárcel)

 

 ROSARIO VOCACIONAL

 MISTERIOS GOZOSOS. (Lunes y sábados )

1. La encarnación del Hijo de Dios: Pidamos a la Virgen que los jóvenes estén abiertos a la llamada de Dios y dispuestos a decirle Sí, como Ella.

2. La visitación de María a su prima Isabel: Oremos para que las personas consagradas sean signos de Jesucristo y Evangelio vivo en el servicio y amor al prójimo.

3. El nacimiento de Jesús en Belén: Oremos para que Jesús siga naciendo hoy en el corazón de los fieles, por la palabra y el testimonio de los sacerdotes.

4. La presentación del Niño Jesús en el templo: Pidamos para que los padres acojan como un regalo de Dios, la posible vocación sacerdotal o consagrada de sus hijos.

5. El Niño Jesús perdido y hallado en el templo: Oremos a Dios, por intercesión de la Virgen, para que los seminaristas sean fieles a su vocación y se formen bien.


MISTERIOS LUMINOSOS. (Jueves)

 

1. El bautismo de Jesús en el Jordán: Oremos para que todos los cristianos vivamos la vocación a la santidad, como fruto de nuestro bautismo.

2. Las bodas de Caná: Pidamos a María para que los esposos vivan fielmente su vocación matrimonial y hagan de su hogar una Iglesia doméstica.

3. La predicación de Jesús y la llamada a la conversión: Oremos para que no falten en la Iglesia sacerdotes, que prediquen el Evangelio y administren el Sacramento del perdón.

4. La transfiguración del Señor: Pidamos por la vida contemplativa, y para que todos los cristianos descubramos en la oración la belleza del seguimiento de Jesús.

5. La institución de la Eucaristía en la última cena: Oremos por la santidad de los sacerdotes, para que imiten en su vida lo que realizan en la Eucaristía.

MISTERIOS DOLOROSOS. (Martes y viernes)

1. La oración de Jesús en el huerto de los Olivos: Pidamos para que busquemos siempre en nuestras vidas la voluntad de Dios con generosidad y fortaleza.

2. La flagelación del Señor: Pidamos por las personas consagradas que sufren persecución, por ser fieles testigos de Jesús en la palabra y en las obras.

3. La coronación de espinas: Oremos para que descubramos el rostro doliente de Cristo en los pobres y necesitados, y haya jóvenes que consagren la vida a su servicio.

4. Jesús con la cruz a cuestas: Pidamos para que los jóvenes de hoy escuchen la llamada de Jesús a tomar la cruz de cada día y seguirle.

5. La muerte de Cristo en la cruz: Oremos para que Dios conceda una buena ancianidad y una santa muerte, a cuantos han entregado su vida al servicio del Evangelio.

 MISTERIOS GLORIOSOS. (Miércoles y Domingos)

1. La Resurreción de Jesucristo: Pidamos a la Virgen que los sacerdotes y las personas consagradas, con su alegría y esperanza den testimonio de Cristo resucitado.

2. La Ascensión del Señor al cielo: Oremos para que los jóvenes de hoy busquen el sentido de la vida y la verdadera felicidad, que es Dios revelado en Jesucristo.

3. La venida del Espíritu Santo: Pidamos a la Virgen que cuide de los que se preparan en los Seminarios para ser Apóstoles de su Hijo, y reciban con abundancia los dones del Espíritu Santo.

4. La Asunción de María en cuerpo y alma a los cielos: Roguemos a María que los sacerdotes y las personas consagradas, vivan con fidelidad y gozo la castidad consagrada..

5. La coronación de María como Reina de todo lo creado: Pidamos a María para que todos los cristianos, laicos, sacerdotes y vida consagrada, colaboremos en la construcción del Reino de Dios, cada cual según nuestra vocación.

 

ORACIÓN A LA VIRGEN POR LAS VOCACIONES

"María, humilde sierva del Altísimo,
el Hijo que engendraste te ha hecho sierva de la humanidad.
Tu vida ha sido un servicio humilde y generoso:
has sido sierva de la Palabra cuando el Ángel
te anunció el proyecto divino de la salvación.
Has sido sierva del Hijo, dándolo la vida
y permaneciendo abierta al misterio.
Has sido sierva de la Redención,
permaneciendo valientemente al pie de la Cruz,
junto al Siervo y Cordero sufriente,
que se inmolaba por nuestro amor.
Has sido sierva de la Iglesia, el día de Pentecostés
y con tu intercesión continúas generándola en cada creyente,
también en estos tiempos nuestros, difíciles y atormentados.
A Ti, joven hija de Israel,
que has conocido la turbación del corazón joven
ante la propuesta del Eterno,
dirijan su mirada con confianza los jóvenes del tercer milenio.
Hazlos capaces de aceptar la invitación de tu Hijo
a hacer de la vida un don total para la gloria de Dios.
Hazles comprender que servir a Dios satisface el corazón,
a hacer que sólo en el servicio de Dios y de su Reino
nos realizamos según el Divino proyecto
Y la vida llega a ser himno de gloria a la Santísima Trinidad.
Amén".