Que el Señor te bendiga y te guarde, te muestre su rostro y tenga piedad de ti, te dirija su mirada y te de la paz.

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"El fin es nuestra consagración total a Dios como a nuestro amor supremo, para entregarnos de lleno a su gloria, la edificación de la Iglesia y la salvación del mundo, en una profunda vida contemplativa, impregnada de espíritu carmelitano, una intensa vida fraterna y una  ardiente labor evangelizadora, realizada en estrecha unión con los pastores de la Iglesia."

(Constituciones, 3)

    Las Esclavas Carmelitas de la Sagrada Familia nacimos en Cuenca, cuando un pequeño grupo de mujeres jóvenes sintieron en su corazón la urgente llamada del Señor a seguirlo más de cerca. Juntas descubrieron el proyecto de Dios sobre sus vidas y comenzaron un estilo de vida profundamente evangélico.
La persona de Jesús de Nazaret, en su modo histórico de vivir enteramente para Dios y para los hombres, es el fundamento de nuestra consagración y la regla suprema de nuestra vida.
Nuestros votos de pobreza, castidad y obediencia, quieren ser expresión
de un amor total, de una dedicación absoluta a Dios y a los hermanos.
    Vivimos una intensa vida fraterna, según el modelo de la Familia de Nazaret, haciéndonos "un solo corazón y una sola alma".
    Vestimos un hábito carmelitano, el hábito de María, pues la vida de la Esclava Carmelita de la Sagrada Familia  ha de ser profundamente mariana, siendo ella nuestro
mejor modelo y ejemplo a imitar en su fidelidad.
    Nuestra vida es contemplativa y activa. Nuestra espiritualidad está impregnada del espíritu carmelitano, especialmente de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz. Dedicamos gran parte de la mañana a la oración y a la formación, conscientes de que esta vida espiritual es la que sostiene y empuja nuestra entrega.
Al mismo tiempo vivimos una ardiente labor evangelizadora dentro de la Iglesia, en unidad con los pastores, integradas en las distintas realidades parroquiales. Trabajamos con niños, jóvenes, adultos, enfermos,
movimientos... damos catequesis, organizamos grupos de oración, ejercicios espirituales, convivencias, formamos coros, grupos de teatro y baile, realizamos manualidades, peregrinaciones, festivales... un momento fuerte es el de los campamentos de verano.
    Todo ello envuelto en un clima de familia, alegría y sencillez propio
de las Esclavas Carmelitas de la Sagrada Familia.
    Con nuestra vida de mujeres consagradas, ya orando, ya evangelizando, queremos ser signo de la ternura y amor de Dios hacia la humanidad, y un testimonio vivo de esperanza en nuestro mundo.