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“Escucha, hijo…” Así comienza la Regla de Nuestro Padre San Benito. Con esta palabra: “escucha”, si, “escucha”, porque el Señor sigue llamando. Quiero compartir con vosotros esta noche mi historia personal, mi pequeña historia de encuentro, como yo la llamo. La historia de una vida que es respuesta a la llamada del Señor a seguirle de manera radical…”escucha hijo, deja todo y sígueme”. Algunos ya me conocéis; me llamo Ángel, fray Ángel, tengo 26 años y soy novicio en la Abadía Benedictina de Santo Domingo de Silos; si, ésa donde cantan gregoriano y han grabado discos, sí; pero sobre todo, ésa donde alabamos al Señor siete veces al día y elevamos nuestras voces uniéndolas a las de la Iglesia, ésa donde aprendemos a buscar a Dios para luego llevarlo a los hombres, ésa donde somos para los demás… Toda vocación como fruto, primero fue semilla, y la mía ya la sembraron mis padres el día de mi bautizo. En mi casa, nunca se nos ha impedido llevar una vida cristiana, de hecho una de mis hermanas estaba (y está) en el grupo de jóvenes de la parroquia del Cristo y Fátima, donde hoy estamos rezando por las vocaciones. Y yo iba a catequesis y a misa los domingos (bueno, no muchos porque era un poco perezoso y me quedaba durmiendo). Pero si iba era porque me gustaba cantar en el coro; por eso empecé a subir a Fátima. Bueno, San Agustín diría algo así: “Señor, sin yo saberlo, ya te buscaba…te buscaba en la música, la que hoy marca el ritmo de mi vida en el coro y fuera de él. Cantaba pero, en el fondo, te cantaba a ti”. En Fátima, empecé a dar catequesis, a tocar la guitarra y también a acercarme al Señor, especialmente en los ratos de oración que teníamos los viernes y de los que guardo especial cariño, y en las charlas de formación que nos daba Javier Ciruelo. Pero el tiempo pasa rápido y tras el colegio e instituto marché a Madrid a estudiar la carrera de Veterinaria. El primer año lo viví un poco apartado del Señor, hasta que un domingo me acerqué a la parroquia que tenía justo en frente de mi casa. Pregunté por el grupo de jóvenes y al domingo siguiente ya estaba cantando en el coro de la misa de 7:30. Poco después también comenzaría a dar catequesis e iría a mis primeros ejercicios espirituales. Pasados dos años, hubo cambios en la parroquia y llegó un sacerdote joven recién ordenado. Una mañana yendo a la facultad me sorprendió encontrar abierta la parroquia a eso de las 8 de la mañana. Me asomé y ése sacerdote, que luego sería mi director espiritual y gran amigo, estaba rezando. Y me dije: si él viene a rezar, yo también. Al día siguiente pasé a la capilla, y al otro, y al otro… Cada mañana hacía un rato de oración antes de ir a clase: cinco minutos, diez minutos, media hora… Pronto la oración marcó el ritmo de mi día y a la vez me llevó a acercarme a la Eucaristía. Empecé a vivir la oración, la Eucaristía, el Sacramento de la Reconciliación y la dirección espiritual…; esos eran (y son) los pilares que sostenían mi vida y que, a la vez, cimentaban mi vocación. Por otro lado me gustaba mi carrera, disfrutaba con los chavales en catequesis…, pero lo que verdaderamente me llenaba era rezar. Cuando estaba en Cuenca, iba a una clínica veterinaria donde me ofrecieron trabajar cuando terminase la carrera: ¿qué más se puede pedir? A dos años de terminarla ya tenía trabajo… Lo comenté en casa y todos felices, pero yo no lo era del todo. Lo que mi corazón deseaba verdaderamente no lo llenaba la veterinaria. Mi corazón estaba inquieto, buscaba, tenía sed. Llegada la primavera, el grupo de jóvenes con el sacerdote de la parroquia, empezamos a preparar el campamento, ¡y de un campamento se sirvió el Señor para traerme a Silos! El verano del 2004 íbamos a ir a Gredos: ya teníamos el tema, las actividades, habíamos pagado un adelanto por el lugar…, pero se empezaron a marchar los monitores y nos quedamos el sacerdote y yo ¿Y ahora qué? Bueno pues providencialmente nos llegó a la parroquia una carta de Cristianos sin Fronteras en la que vimos la solución: este año iríamos a Silos. Y para acá que nos vinimos. Este campamento fue impresionante: buscaba y encontré. Un domingo fuimos a la Eucaristía del monasterio y me quedé impactado por la belleza de la liturgia, por el canto de los monjes…, todo lo guardé en el corazón. Durante los días de campamento tuvimos la oportunidad, además, de confesarnos con los monjes y yo me confesé con uno (que curiosamente es hoy mi confesor) y al hablarle de mi inquietud vocacional me invitó a escribirle al Maestro de Novicios -¡uy, demasiado pronto!- le dije. Y ahí quedó la cosa… Terminado el verano, de nuevo en Madrid, el Señor me llamó para ir en el equipo de un Cursillo de Cristiandad, y en la primera reunión para prepararlo encontré en la entrada del local una estampa de “Los Mártires de Silos en Montserrat de Madrid”: ¿mártires? ¿Silos? ¿Montserrat? ¿Madrid? Tanto me llamó la atención que al día siguiente ya estaba buscando por Internet…y el que busca, encuentra, dice el Señor. Efectivamente, hay en Madrid un priorato benedictino dependiente de Silos y yo ¡allá que me fui! Cada vez que lo pienso me río, porque imaginaros una iglesia enorme, vacía completamente, siete monjes rezando Laudes, y alguien al fondo sentado en el último banco…, seguro que desapercibido no pasaba. Pasé de rezar Laudes en la parroquia a ir todas las mañanas (aunque eso suponía madrugar bastante) al priorato de Montserrat. Un día, un monje joven, me dejó en el último banco donde me sentaba un Antifonario Monástico, el libro para seguir la Liturgia de las Horas Monástica. Al poco tiempo este monje, con el que empecé a hablar casi todas las mañanas, me animó a subir al coro para rezar con ellos. Subí y ¡qué a gusto estaba en el coro! Finalmente, hecho un flan, escribí un correo electrónico al maestro de novicios, quien me invitó a pasar unos días en la hospedería sin ningún tipo de compromiso. Terminados los exámenes de febrero me vine a Silos, con muchas ganas, pero muy nervioso y con mucho miedo… ¿Y si el Señor me llama a ser monje? ¡Quita, quita, cualquier cosa menos monje!, me decía. Y si tenía miedo, más tuve cuando tras hablar mucho con el Maestro de Novicios, me dijo que por lo que yo le iba contando, él veía que este podía ser mi sitio. No os puedo decir otra cosa sino que ese día lloré y no de alegría. Me invitó a venir más veces y a poner todo lo que había vivido en oración; ver cómo vivía el día a día después de esos días en Silos. Así hice. Cada día en la oración le pedía al Señor que me mostrase su voluntad..., y vaya si me la mostró. De ese miedo inicial por Silos, empecé a tener ganas de ir con más frecuencia, de gustar más el silencio y la oración litúrgica. En Silos me sentía como en casa. Pero, ¿y mi familia, y mis amigos? Ahora tocaba la parte más difícil… Recuerdo el día que hablé a mis padres acerca de mi inquietud hacia la vida monástica. Fue un momento muy duro, pero en el que experimenté como nunca la cercanía del Señor. No hizo falta decir mucho, pues de alguna manera mis padres esperaban algo, pero no un “algo” que significase ser monje. Y con mucho dolor, pero apoyado no sólo en mi oración, sino también en la vuestra, vine a la que es mi casa desde hace casi un año y medio. Poco más os puedo decir: doy gracias a Dios por haberme llamado a esta vocación, por llamarme a vivir en, para y por la Iglesia. Hoy soy feliz. El domingo pasado vinieron a visitarme Alba y Pedro, de Cuenca, y me preguntaban, entre otras cosas, que qué era lo que más me gustaba. Les contesté que el rato de acción de gracias después de la Eucaristía en la Cámara Santa (una capillita donde, según la tradición, murió Santo Domingo): allí, en silencio y soledad doy gracias a Dios por quedarse, por estar. Y le pido poder ser dócil a su voz, saberle escuchar en su Palabra, en cada persona y circunstancia, por cada uno de vosotros y por las vocaciones a la santidad. ”Escucha hijo…” En estas palabras se encierra la raíz de toda vocación, porque “dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen”. Que el Señor os bendiga, un fraternal abrazo, Fray Ángel Abarca Alonso.
"Padre me pongo en tus manos, ![]()
Hola a todos!!!l muchos de los
que leeréis el testimonio ya me conocéis y seguro que habéis vivido muchas
cosas de las que me han ido pasando y para los que no... me llamo Luz, tengo
23 años y quiero compartir con vosotros mi Experiencia de Dios en la vida.
Mi vida es una locura, he
intentado vivir cada día a tope y siempre he soñado con crecer y poder
hacer mis sueños realidad.
Considero que soy una joven
normal, a la que como todos....me gustaba salir, ir de fiesta con los
amigos, divertirme....tenia un montón de ilusiones y de proyectos que un día
empezaron a hacerse realidad....
Siempre he pensado que tenia
suerte y un montón de cosas buenas; incluso pensaba que lo tenía todo, todo
lo que hoy se puede tener en la vida:
Una familia, a la que quiero
con locura y que me ha ido educando cada día lo mejor que ha sabido; un
trabajo estable en una residencia de ancianos, (donde he tenido una
experiencia fuerte de Dios) el que yo siempre había soñado tener; un montón
de amigos con los que he compartido fiestas, paseos, viajes, locuras.....
Un sueldo estable que me ha
dado una independencia económica; un piso concedido; un coche....etc.
Una vida cómoda con un montón
de seguridades, pero hecha a mi medida. Que Dios me dejo hacer, pero que era
la que yo quería, no la que él soñaba para mí.
Lo tenía todo, pero sentía que
me faltaba algo, que había vacíos que no podía entender; tenía una vida
buena, pero no me acababa de llenar y no entendía la razón. Porque ¿Qué más
podía pedir?
Siempre había ido a encuentros
de jóvenes, a vigilias, campamentos con las hermanas, oraciones...Dios
siempre ha tenido un papel importante en mi vida pero nunca pensé que
llegaría a ser TAN IMPORTANTE.
Empezó una etapa en mi vida en
la que empecé a inquietarme, a sentir sin saber que era pero que me hacia
sentirme bien, llena, tranquila...solo me pasaba cuando me acercaba al
Señor.
Empecé a ser más constante en
la oración, a ir a misa cada día, a acercarme más a Dios; cada vez veía más
claro que me estaba pidiendo algo pero no entendía nada, hasta que un
maravilloso día en uno de mis ratos de oración, se me ocurrió la idea de
ponerme en sus manos y de plantearme en serio mi vida.
Recuerdo que le dije que ahí
estaba, que le ofrecía todo aun sin saber de donde venía...Que me encantaba
mi vida pero que no sabía si era lo que quería de mí...
¡¡¡DESDE ESE DÍA CAMBIÓ MI
VIDA!!!
Ponerme en sus manos, supuso
poner mi vida "patas arriba",poco a poco empecé a sentir como me pedía que
fuera dando pequeños pasos, pero conllevaba soltar cosas.....
Cuando me quise dar cuenta
necesitaba de Dios y vivía desde Él cada segundo, mis días tenían sentido
desde que me levantaba hasta que me acostaba.
Pero esto no quedó ahí, ya no
me valía, me pidió que dejara TODO y me entregara a Él:
¡¡CON LO BIEN QUE
VIVO, Y CON TODO LO QUE TENGO!!! PASO DE COMPROMETERME!!
¿Y si no es Dios el que me
pide eso? ¿Y si es una imaginación mía?
Empecé a ver que no, que mi
imaginación no daba tanto de sí y que cada día lo veía más claro y menos
quería verlo...
Intenté seguir mi vida pero,
no podía...
Toda la vida diciendo: YO
MONJA??? JAMÁS!!!Y ahora es lo que me pide.
Después de un tiempo en el que
evité lo que ya era evidente, decidí ser sincera conmigo misma y poner todo
en sus manos de Verdad en unos ejercicios ( en Cañizares, que dio Napo),
ejercicios que marcaron mi vida porque ahí vi, el Señor estaba detrás de
todo eso y que mi Felicidad estaba ahí, era el sueño que tenía para mi...
Así fue como me decidí y pedí
formar parte de las Esclavas Carmelitas de la Sagrada Familia; y aquí estoy,
viviendo lo que el Señor me ha marchado empezando una nueva etapa de mi
vida; atreviéndome a decirle "SI", lanzándome a vivir la aventura que tiene
preparada para mí.
Sé que no es un camino fácil,
pero quiero ser fiel a lo que siento; me siento limitada y mi vocación se me
queda muy grande pero " Sé de quién me he fiado"...
Puedo deciros que en estos 15
días que llevo en el convento he visto algo claro y es que estar
enamorándome del Señor y sentirme amada por El, ES LO MEJOR QUE ME HA
PASADO!!
Ahora sé que si no hubiera
dado este paso me hubiera arrepentido toda la vida.
Quero terminar compartiendo
con vosotros una oración que encontré entre unos libros el día de antes de
mi entrada, que resume todo lo que estoy viviendo y lo que quiero
vivir. Espero que sirva para unirnos en la Oración
un abrazo con todo mi cariño
M
Luz
Como al joven rico, te has acercado, me has mirado a los ojos y me has dicho: «Anda, vende todo lo que tengas y sígueme». En estos momentos mi deseo más profundo es decirte, como María, que se haga tu voluntad. En estos momentos todos los miedos han desaparecido y veo claro que mi opción eres tú. Señor, mi primera respuesta es marchar hacia e ideal. Pero sé que de ahí a la realidad hay un trecho. Ayúdame a caminado sin mirar atrás. Yo sé, Señor, que mi fuerza eres Tú. Que contigo de compañero en el camino todo es posible. Hasta el camino se hace más fácil y llevadero. Padre, acoge mi vida, transfórmala según tu proyecto, según tu voluntad. Quiero ser como arcilla en tus manos. Moldéame, como barro en manos del alfarero. Haz de mí, Señor, una persona entregada, generosa, amigable; una persona alegre, que transmita alegría; una persona disponible, sincera, abierta. Señor, pongo mi corazón en tus manos, porque sé que sólo así mi propósito por cambiar de vida tendrá éxito. El sábado día 12, participé en una excursión juvenil en la sierra de Granada. Subimos a dos montañas, en la cima tenían una cruz, cruz de alfacar y la cruz de Viznar. ¡Fue una excursión maravillosa! Algunos jóvenes y adolescentes, me dieron las gracias por haber asistido. Mi presencia como consagrada les hacía bien. El delegado de pastoral juvenil me comentó una anécdota sobre su hermana religiosa, ella terminó sus estudios de carrera con muy buena nota, su Padre le dijo: - Piensa en algún regalo , esta joven dijo:- Quiero que me des permiso para iniciar mi vida de religiosa.... el Padre guardó silencio... y añadió: Te vuelvo a repetir:¿Qué quieres que te regale?- Responde la joven: quiero ser religiosa...Y el padre le respondió: .Que tu seas religiosa es un regalo que a mí me hace Dios. (Hna. Antonia) |