• Esclavas Carmelitas

Más cerca de lo que piensas


Hoy celebramos el Domund y queríamos que supieses que la realidad misionera está más cerca de ti de lo que piensas. Sin ir más lejos, en nuestra familia Nazaret, entre los jóvenes de las diócesis que conoces, muchos han participado en distintos proyectos misioneros, a lo largo de estos años.

La H. María y la H. Laura, con las hermanas Teresa y Merce (cuando todavía no lo eran) participaron en una misión en Rancho Viejo (México) con el grupo misionero Ekumene, y con otros jóvenes de la diócesis de Cuenca. Un tiempo después la H. Laura, con la H. Marimar, volvió a la aventura misionera en Bellavista (Bolivia) con la delegación de pastoral universitaria de Granada y su obra misionera Ahoringa Vuelcapeta junto con Noelia y Aurora, que unos meses después, volvió para ayudar en la escuela infantil a las riquelminas durante 6 meses. Con ella iba Adeli, pero durante ese tiempo se sucedieron las visitas de Sandra y Elena, que además de visitar a Aurora y Adeli, aportaron también su granito de arena a la misión.

Elena ha viajado hace poco a la India y ha colaborado en el dispensario que las carmelitas misioneras tienen en el norte del país. Sandra ya había pasado un verano en misión en Venezuela, con Pili, las dos de Segovia. Pili, que es maestra, como Sandra, pasa todos los años un mes de sus vacaciones en algún país del mundo ayudando a quien lo necesita, siempre cargada con material escolar y todo lo que puede recaudar entre sus amigos. Así ha estado en Venezuela, Senegal y este verano en Grecia, donde los inmigrantes que cruzaban el Atlántico van a parar sin más lugar dónde les acojan.

De Segovia, es también Bea, que estuvo en Haití después del terremoto y que no se ha despegado del país desde entonces.

Pero no sólo los jóvenes, también tenemos amigos misioneros entre las familias. Los Fernández Sarabia vivieron durante tres años en Bahía de Kino (México). Allí nació su quinto hijo, Pancho.

Todos ellos han vivido en primera persona la alegría que supone salir de la propia tierra y darse a los demás. Unos durante más tiempo y otros durante menos. Pero la misma llamada ha latido en sus corazones y quizá también esta inquietud de entregarte a los demás está en el tuyo.

El Domund no es ajeno a nosotros. Y por eso sabemos que tenemos que colaborar con los misioneros y misioneras de todo el mundo, si no es ayudándoles con nuestra presencia, al menos sí con nuestra aportación económica y oración.


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