• Esclavas Carmelitas

El silencio de José

De José no tenemos ni una palabra, parece que pasa de puntillas, con su paso delicado, pero decidido. Silencio para que hable Dios en medio de su vida. Silencio en medio del Misterio


Pero sí conocemos los gestos que hizo a lo largo de su vida. Ante el sueño del ángel, acogió de inmediato a María, aprisa huyó a Belén para custodiar a su hijo, que no era su hijo, pero que Dios eligió para acoger lo que más preciaba.


Su silencio estaba impregnado de contemplación del misterio de Dios, con una actitud de total disponibilidad a la voluntad divina. En otras palabras, el silencio de san José no manifiesta un vacío interior, sino, al contrario, la plenitud de fe que lleva en su corazón y que guía todos sus pensamientos y todos sus actos. Podemos decir que José, como María, guardaba todas las cosas en su corazón.


San José con su silencio da protagonismo a Jesús, a María. De San José, solamente sabemos los datos que el Evangelio de San Mateo y de San Lucas nos narran. Pero son lo suficientemente importantes para darnos a conocer que el honor más grande que Dios le confió fue entregarle dos preciosos tesoros para que los cuidara, los amara y los presentase en esta historia: Jesús y María. Y esto fue lo que hizo San José, dejar que ellos protagonizasen todo y él ayudarles desde un silencio que habla más que cualquier palabra, para hacer percibir a todos los hombres lo que debían de saber de ambos. Un silencio que sigue manteniendo y que sigue hablando.

Un silencio gracias al cual san José, al unísono con María, guarda la palabra de Dios, conocida a través de las Sagradas Escrituras, confrontándola continuamente con los acontecimientos de la vida de Jesús; un silencio entretejido de oración constante, oración de bendición del Señor, de adoración de su santísima voluntad y de confianza sin reservas en su providencia.


Dejémonos "contagiar" por el silencio de san José. Nos es muy necesario, en un mundo a menudo demasiado ruidoso, que no favorece el recogimiento y la escucha de la voz de Dios.


Enséñanos José:

Cómo se es “no protagonista”,

cómo se avanza sin pisotear,

cómo se colabora sin imponerse,

cómo se ama sin reclamar.

Dinos José: Cómo se vive siendo “número dos”,

cómo se hacen cosas fenomenales desde un segundo puesto,

cómo se sirve sin mirar a quién.

Explícanos José:

cómo se es grande sin exhibirse,

cómo se lucha sin aplausos,

cómo se avanza sin publicidad,

cómo se persevera y se muere sin esperar un homenaje,

cómo se alcanza la gloria desde el silencio.




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