• Esclavas Carmelitas

EMAÚS


1. La desolación, el miedo y el fracaso


🎵 El verbo, la luz, la vida, Dios.

El mundo sin vida muerto está.

Los hombres sin luz tinieblas son.

El verbo, la luz, la vida, Dios.

13Aquel mismo día, dos de ellos iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios; 14iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. 15Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. 16Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. 17Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?». Ellos se detuvieron con aire entristecido. 18Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?». 19Él les dijo: «¿Qué?». Ellos le contestaron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; 20cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. 21Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. 22Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, 23y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. 24Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».

Tengo miedo Jesús. Estos días ha muerto mucha gente. Otros están infectados, encerrados en casa y en muchos mayores se lee el miedo detrás de sus ojos. Otros hermanos nuestros han perdido sus trabajos, o realmente empiezan a pasarlo mal económicamente. Hemos cancelado nuestros planes. Hemos paralizado nuestros proyectos. Estamos con las manos vacías, y... me pregunto dónde estás en medio de todo este... ¿desastre? Creo que me siento como esos amigos tuyos que partieron de Emaús... un poco destrozada.

Aquí en Europa todo iba bien, y de repente todo se ha vuelto de nuevo abajo. ¿Cuánto tiempo hacía que no teníamos miedo de verdad? ¿Que no temíamos por la gente que queremos? ¿Que veíamos nuestros sueños difíciles de cumplir?

La seguridad de controlarlo todo nos hacía confiar. La distancia de la muerte ser poco conscientes de nuestra pequeñez. Ante todo esto, temblamos. Nuestra esperanza puede también tambalearse, la fe entrar en crisis a causa de experiencias negativas que nos llevan a sentirnos abandonados por el Señor.

«Nosotros esperábamos…» (Lc 24, 21). Siempre me ha llamado la atención esta expresión en boca de tus discípulos. Esperaban fama, honores, victorias, fiestas fáciles y éxito. Te habían seguido, habían creído en cada una de tus palabras, se habías sentido importantes y seguros..., pero ahora todo ha terminado. También Tú, Jesús has fracasado, y nosotros estamos decepcionados.

Hoy, te invitamos a caminar hacia Emaús. Es el camino que Jesús quiere hacer contigo esta noche para que le abras el corazón y le compartas todas tus preocupaciones, dudas, desolaciones... Estos días todos llevamos el corazón lleno de ellas. En este camino, Jesús resucitado se quiere hacer compañero de viaje para reavivar en nuestro corazón el calor de la fe y de la esperanza y partir el pan de la vida eterna. Jesús quiere purificar tu mirada, devolverte la esperanza, afianza tu fe.

· Piensa, escribe o comparte alguna experiencia personal que haya puesto tu fe a prueba. ¿Cómo te has sentido? ¿Te identificas en algo con los discípulos que vuelven desesperanzados?

Oramos juntos

Jesús experimentamos

cómo tantas veces

nuestros deseos no son concordes

con los tuyos.

Purifica nuestros pensamientos,

alienta nuestra esperanza

y haz que nuestro deseo se fije sólo en Ti.

2. La Palabra que explica. Una imagen de Dios purificada

🎵No te pude ver, te retiré la mirada; no eras de mi fe, ni de mi forma de pensar. Huí de tu hambre, tu miedo y tu agonía. Tú estabas delatando mi pobre y falso amor, y con ternura me hiciste ver qué es el Amor y pensé...

TE BUSCARE EN LAS CALLES AL PASAR. ME ENCONTRARE CONTIGO EN QUIEN NO ESPERE. Y AL VIVIR LA VIDA QUE ME DES NUNCA SERA AJENA A ESE QUE HALLE... TE PEDIRE QUE SEPA UNIRME A TI EN CADA SER QUE EL MUNDO HA DESPRECIADO. Y JAMAS SE ME PODRA OLVIDAR QUE EN TODOS DIOS PRESENTE Y VIVO ESTA



25Entonces él les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! 26¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?». 27Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.

¿Qué ha traído Jesús realmente, si no ha traído la paz al mundo, el bienestar para todos, un mundo mejor? ¿Qué ha traído?

La respuesta es muy sencilla: a Dios. Ha traído a Dios. Aquel Dios cuyo rostro se había ido revelando primero poco a poco, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, el Dios verdadero, Él lo ha traído a los pueblos de la tierra.

Ha traído a Dios: ahora conocemos su rostro, ahora podemos invocarlo. Ahora conocemos el camino que debemos seguir como hombres en este mundo. Jesús ha traído a Dios y, con Él, la verdad sobre nuestro origen y nuestro destino; la fe, la esperanza y el amor. Sólo nuestra dureza de corazón nos hace pensar que esto es poco.

Es un poder silencioso, pero verdadero, duradero. Porque lo que permanece, salva. Nuestros pequeños reinos se hunden, entran en crisis, son apariencia, pero Jesús ha venido a traernos su gloria, humilde y dispuesta a sufrir por ti.

Y lo mejor es que es un Dios que pregunta y escucha: no es un Dios entrometido. ¡Claro que conocía el motivo de la desilusión de estos dos discípulos! ¡También conoce los tuyos! Pero te deja todo el tiempo para poder examinar en profundidad la amargura te envuelve. No es raro que tú también enganches ese estribillo una vez tras otra: «Yo esperaba, pero... Yo esperaba, pero, pero …» (v. 21). ¡Cuántas tristezas, cuántas derrotas, cuántos fracasos existen en la vida de cada persona! En el fondo somos todos un poco como estos dos discípulos. Cuántas veces en la vida hemos esperado, cuántas veces nos hemos sentido a un paso de la felicidad, y luego nos hemos encontrado por los suelos decepcionados. Pero Jesús camina: Jesús camina con todas las personas desconsoladas que proceden con la cabeza agachada. Y caminando con ellos, de manera discreta, logra dar esperanza.

· Piensa, escribe, comparte... ¿Qué experiencias te han hecho cambiar de imagen sobre Jesús? Da gracias por las personas que se han puesto a caminar a tu lado, por las mediaciones que te han llevado a reconocerle...

Oramos juntos

Jesús ayúdame a acoger

la alegría y la esperanza que me regalas.

Abre mis ojos para poder

reconocer tus mediaciones en mi vida.

Y dame un corazón agradecido

que me ayude a caminar siempre en tu presencia.

3. Una petición: ¡quédate con nosotros!

🎵 EMAÚS, EMAÚS, UNA MESA ESTÁ ESPERADO

HAY UN PAN QUE REPARTIR; QUÉDATE JUNTO A NOSOTROS

Y EL DÍA NO MORIRÁ.

¡COMO ARDÍA NUESTRO CORAZÓN CONTIGO!


28Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; 29pero ellos lo apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída». Y entró para quedarse con ellos. 30Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. 31A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista.

«Hizo ademán de seguir adelante» (Lc. 24,28) Quizá has sentido esto muchas veces. Que Dios pasa... Pero Jesús no quiere jugar contigo. Solo trata de educar tu corazón, porque no lo quiere lento y perezoso en el amor. Él quiere que tu corazón arda cuando te encuentras frente a Él, cuando escuchas su Palabra porque «no con bienes corruptibles» hemos sido rescatados «sino con la sangre preciosa de Cristo» Él que es Cordero «sin mancha y sin defecto» (cfr. 1Pe. 1,19).

Solo espera que poniéndose a tu lado algún día puedas reconocerle, y poder gritar con San Agustín: «Mi corazón está inquieto, hasta que no reposa en Ti».


🎵 EMAÚS, EMAÚS, UNA MESA ESTÁ ESPERADO

HAY UN PAN QUE REPARTIR; QUÉDATE JUNTO A NOSOTROS

Y EL DÍA NO MORIRÁ.

¡COMO ARDÍA NUESTRO CORAZÓN CONTIGO!

(Exposición del Santísimo)

Quédate esta noche Señor con nosotros. Te hacemos un hueco en nuestra casa y en nuestro corazón. Entra a formar parte de nuestras vidas. Jesús desea que le hospedes y pueda alojarse contigo. Quiere quedarse contigo que eres servidor y amigo suyo.

Quiere entregarte un don mucho mayor. No sólo quedarse “contigo”, sino “en ti” porque aquellos que comen su carne entran en profunda comunión en Él, con su vida.

Hoy quizá lleves mucho tiempo sin recibir la Eucaristía. Pero Jesús nos dijo “quien come mi carne y bebe mi sangre, habita en mi y yo en él”. Jesús se ha quedado en ti. Este es el mayor regalo y el mayor anhelo de nuestro corazón.

Si has comulgado su cuerpo, significa que ya eres parte Él. Eres parte de su cuerpo.

Oramos juntos

Dame Jesús el don

de poder reconocerte

siempre presente en la Eucaristía,

ahora que no puedo recibirte

ayúdame a reconocerte en mi

y en mis hermanos.

4. Se volvieron a Jerusalén

🎵 Las sombras van cayendo,

agoniza el día,

desaparecen ya los montes

los reflejos de un día que no acabará,

como un sol brillará para siempre,

porque sabemos que una nueva vida

aquí ha nacido y jamás se detendrá.

SIGUE CON NOSOTROS

EL SOL DESCIENDE YA

SIGUE CON NOSOTROS

SEÑOR, ES TARDE YA.

SIGUE CON NOSOTROS

EL SOL DESCIENDE YA

SI VIVES CON NOSOTROS,

LA NOCHE NO LLEGARÁ

Se extiende y va en busca del mar,

es como una ola, por donde pasa,

va llevando el amor

al confín del universo,

al umbral del corazón del hombre.

Como una llama,

por donde pasa quema,

así tu amor todo el mundo invadirá.


32Y se dijeron el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?». 33Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, 34que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón». 35Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Y en este momento esto se hace más real. Cristo está en nosotros en la medida en que estamos en relación “con su cuerpo”, con los hermanos. Haber comulgado el mismo pan eucarístico nos une en Él, y nos hace padecer con Él los dolores y alegrías de su pueblo. La Iglesia es cuerpo de Cristo que ahora sufre, que vive en familia, que reza, que acompaña, que cuida, que... Por eso en esta tarde ponemos especialmente delante de Jesús Eucaristía todas las peticiones que nos habéis hecho llegar.


· Peticiones

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