• Esclavas Carmelitas

Oración Joven

CANTO DE EXPOSICIÓN

Desde mi corazón quiero darte gracias, mi Señor

solo tu misericordia y tu bondad me hacen sentir

que quiero vivir para ti.


Pongo mi esperanza en ti, sé que Tú me proteges bien

Tú me das la fuerza para amar, para perdonar.

En tus manos pongo mi obrar, mi vivir y mi sentir,

Tú sostienes toda mi ilusión, eres mi verdad.


INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

Ven Espíritu de Dios. Pon tu paz en todas mis guerras.

Ven, seréname, Señor. Transforma mi vida entera.


Ven, Espíritu de Dios. Pon tu calma en todas mis tormentas.

Ven, seréname, Señor. Toma mi vida entera.


Ven, Espíritu de Dios. Pon tu luz en todas mis sendas.

Ven, seréname, Señor. Renueva mi vida entera.


Ven, seréname. Dame tu paz.


EVANGELIO


Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

«Paz a vosotros».

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:

«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».


COMENTARIO DEL PAPA FRANCISCO

El secreto de la unidad en la Iglesia, el secreto del Espíritu es el don. Porque Él es don, vive donándose a sí mismo y de esta manera nos mantiene unidos, haciéndonos partícipes del mismo don. Es importante creer que Dios es don, que no actúa tomando, sino dando. ¿Por qué es importante? Porque nuestra forma de ser creyentes depende de cómo entendemos a Dios. Si tenemos en mente a un Dios que arrebata, que se impone, también nosotros quisiéramos arrebatar e imponernos: ocupando espacios, reclamando relevancia, buscando poder. Pero si tenemos en el corazón a un Dios que es don, todo cambia. Si nos damos cuenta de que lo que somos es un don suyo, gratuito e inmerecido, entonces también a nosotros nos gustaría hacer de la misma vida un don. Examinemos nuestro corazón y preguntémonos qué es lo que nos impide darnos.


Decimos que tres son los principales enemigos del don: tres, siempre agazapados en la puerta del corazón: el narcisismo, el victimismo y el pesimismo. El narcisismo, que lleva a la idolatría de sí mismo y a buscar sólo el propio beneficio. El narcisista piensa: “La vida es buena si obtengo ventajas”. Y así llega a decirse: “¿Por qué tendría que darme a los demás?”. En esta pandemia, cuánto duele el narcisismo, el preocuparse de las propias necesidades, indiferente a las de los demás, el no admitir las propias fragilidades y errores. Pero también el segundo enemigo, el victimismo, es peligroso. El victimista está siempre quejándose de los demás: “Nadie me entiende, nadie me ayuda, nadie me ama, ¡están todos contra mí!”. ¡Cuántas veces hemos escuchado estas lamentaciones! Y su corazón se cierra, mientras se pregunta: “¿Por qué los demás no se donan a mí?”. En el drama que vivimos, ¡qué grave es el victimismo! Pensar que no hay nadie que nos entienda y sienta lo que vivimos. Esto es el victimismo. Por último, está el pesimismo. Aquí la letanía diaria es: “Todo está mal, la sociedad, la política, la Iglesia...”. El pesimista arremete contra el mundo entero, pero permanece apático y piensa: “Mientras tanto, ¿de qué sirve darse? Es inútil”. Y así, en el gran esfuerzo que supone comenzar de nuevo, qué dañino es el pesimismo, ver todo negro y repetir que nada volverá a ser como antes.


Hermanos y hermanas, pidámoslo: Espíritu Santo, memoria de Dios, reaviva en nosotros el recuerdo del don recibido. Líbranos de la parálisis del egoísmo y enciende en nosotros el deseo de servir, de hacer el bien. Porque peor que esta crisis, es solamente el drama de desaprovecharla, encerrándonos en nosotros mismos. Amén.


SILENCIO PARA QUE JESÚS RECE EN NOSOTROS


CANTO

Tu voz me llama a las aguas Donde mis pies pueden fallar Y ahí te encuentro en lo incierto Caminaré sobre el mar


A tu nombre clamaré En ti mis ojos fijaré En tempestad Descansaré en tu poder Pues tuyo soy hasta el final


Tu gracia abunda en la tormenta Tu mano dios, me guiará Cuando hay temor en mi camino Tú eres fiel y no cambiarás

Que tu espíritu me guíe sin fronteras Más allá de las barreras A donde tú me llames

Tú me llevas más allá de lo soñado Donde puedo estar confiado Al estar en tu presencia


A tu nombre clamaré En ti mis ojos fijaré Descansaré en tu poder Tuyo soy hasta el final


ORACIÓN FINAL

Ven Espíritu Santo Creador,

Ahora, hoy.

Quédate con nosotros, danos tu inteligencia

y llena de bondad nuestros corazones.

Tu nombre es: consuelo, inspiración, vida, gracia.

Tú eres novedad, creación, fuerza.

Ven espíritu Santo, para que tu Luz

ilumine nuestro discurrir

y fortalezca nuestras decisiones.

Eres el que ha hecho todas las cosas buenas,

–el que preside nuestro discernimiento

y señala el camino de nuestras opciones–

Tu nombre es unidad, esperanza y amor.

Aléjanos del mal, del egoísmo, de la injusticia,

de la intolerancia y de la dispersión.

Danos tu paz, tu bendición, tu consuelo,

tu serenidad y tu sabiduría;

para que transformemos nuestro presente,

en la voluntad del Padre que está en los cielos.




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