• Esclavas Carmelitas

ORAMOS CON EL AVE MARÍA (II)


AMBIENTACIÓN

El Ave María nos acerca a la complacencia de Dios: es el júbilo, asombro y reconocimiento del milagro más grande de la historia. Es el cumplimiento de la profecía de María: «Desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada». Con el Ave María nos sentimos impulsados a buscar siempre de nuevo en María, entre sus brazos y en su corazón, el «fruto bendito de su vientre».


Esta oración es la fe y esperanza de los patriarcas, de los profetas y de los apóstoles. Es la constancia y la fortaleza de los mártires, la ciencia de los doctores, la perseverancia de los confesores y la vida de los religiosos. Es el cántico nuevo de la ley de la gracia y la alegría de los hombres.



Juntos decimos:

Dios te salve, María,

llena de gracia,

el Señor es contigo.

Bendita eres entre todas las mujeres

y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios,

ruega por nosotros pecadores

ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén.



Adentrémonos en María, Madre de misericordia, para que cuide de todos y no se nos haga inútil la cruz de Cristo; para que nos mantengamos en el camino del bien y crezcamos en la esperanza en Dios, «rico en misericordia», y así hagamos las buenas obras que él nos asignó y, de esta manera, toda nuestra vida sea «un himno a su gloria».



SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS

Contemplamos este profundo misterio: ¡María, educando a Dios! Qué infinita humildad la de Dios: Abajarse y hacerse tan pequeño por amor, dejarse arropar, mecer y arrullar por una sencilla mujer. Nosotros también necesitamos sentirnos como bebés en el regazo de María y abandonarnos en ella, seguros de su amor.



CANTO (Theotokos)


Salve, María,

Theotokos, la Madre de Dios.

Salve, María,

Siempre Virgen y Madre de Dios. (BIS)


En ti vemos ya nuestra resurrección.

Asunta al cielo estás.


Salve, María,

Theotokos, la Madre de Dios.

Salve, María,

La Reina del cielo, la Madre de Dios.


En ti se regocija, toda la creación.

Pues por ti ya llegó, la Palabra de Dios

Nuestra salvación.


Salve, María,

Theotokos, la Madre de Dios.

Salve, María,

Siempre Virgen y Madre de Dios.


Salve, María,

Theotokos, la Madre de Dios.

Salve, María,

La Reina del cielo, la Madre de Dios.



Del Evangelio según San Lucas (2,6-7).

"Mientras estaban en Belén le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada".



Ahora no es el ángel ni Isabel quienes saludan a María; ahora es la Iglesia, empujada por el Espíritu, la que grita: ;Madre! Madre de Jesús en Nazaret y madre nuestra en la cruz. Madre de la Iglesia peregrina en las comunidades cristianas y Madre de la Iglesia glorificada como reina y señora de todo lo creado. Este es el secreto de la Madre de Dios: custodiarnos en el silencio y llevarnos a Dios. El hombre ya no está solo; ya no es huérfano, sino que es hijo para siempre. Nos reconocemos en el Dios frágil y niño que está en los brazos de María; así vemos que para el Señor la humanidad es preciosa y sagrada y que, por lo tanto, toda vida debe ser acogida, cuidada. Todos necesitamos de un corazón de madre, que sepa custodiar la ternura de Dios y escuchar los latidos del hombre.



Signo: Sólo cierra un momento tus ojos, estás en Belén, en tu belén, en los brazos de María...deja que custodie y cuide tu corazón, sin decir nada, sin mediar palabra...deja que te quiera con el calor de su mirada.



ANTÍFONA:

Basta con mirar y callar para escuchar tu Palabra.

Basta con mirar y callar para hacer silencio dentro… como María.



RUEGA POR NOSOTROS PECADORES AHORA Y EN LA HORA DE NUESTRA MUERTE

Hoy nos acercamos a María para aprender una lección muy hermosa: quien está cerca de Jesús termina comprometiéndose con él en quitar el pecado del mundo. Es la mejor forma de ayudar. Dios, sorprendentemente, nos necesita.



CANTO (Haced cualquier cosa que os diga)

HACED CUALQUIER COSA QUE OS DIGA,

HACED CUALQUIER COSA QUE OS DIGA,

CON VOSOTROS SACARÁ AGUA CONVERTIDA EN VINO.

HACED CUALQUIER COSA QUE OS DIGA,

HACED CUALQUIER COSA QUE OS DIGA,

CON ÉL LLEGÓ EL TIEMPO NUEVO, CON ÉL LA FIESTA EMPEZÓ,

SENTAOS, BRINDAD Y BEBED QUE TODOS ESTÁIS INVITADOS.

VENID, CELEBRAD EL AMOR.



Del Evangelio según San Juan (2,1-5)

"En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea y la madre de Jesús estaba allí; Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino y la madre de Jesús le dijo: 'no les queda vino'. Jesús le contestó: 'mujer, déjame, todavía no ha llega mi hora'. Su madre dijo a los sirvientes: 'haced lo que él os diga".



María es la mujer intercesora por excelencia. Frente a su santidad está nuestro pecado. Frente a su plenitud de Madre, por obra del Espíritu, en el centro de la gloria de Dios, aparece nuestra miseria en el presente.

"No hay llanto en esta tierra que no pase, María, por tus manos. No hay gozo en el que no brille tu luz. No hay esperanza que tú no hayas sembrado. No hay oración que suba hacia tu hijo sin pasar por tus blancas manos intercesoras".

Nos ponemos en sus manos, en el hoy de nuestras vidas, mientras somos peregrinos. Su intercesión poderosa nos permitirá superar las estructuras de pecado para obtener la verdadera liberación que viene de Cristo.


Signo: ¿Cuántas cosas hay en nuestra vida a las que nos da miedo hacerles frente? ¿Cuántas cosas hay en la vida de los demás de las que nos olvidamos y tenemos que interceder? Haz un momento de silencio...y pide a María que interceda por las personas que llevas en el corazón, por las situaciones de pecado que ves a tu alrededor, por quienes se sienten moribundos en el amor.


ANTÍFONA:

Basta con mirar y callar para escuchar tu Palabra.

Basta con mirar y callar para hacer silencio dentro… como María.



AMÉN

Desde nuestra fragilidad de criaturas, buscamos seguridad para nuestras vidas en María. Buscamos un amén que garantice el regalo que nos ha hecho.

Amén a ti, Padre, que has querido saludar a María con la alegría.

Amén a ti, Señor, Jesús, que has sentido mil veces el amor de una Madre.

Amén a ti, Espíritu Santo, que has logrado pintar en el lienzo callado de María un icono precioso de Dios para el mundo.



CANTO (María enséñame a contemplar)

María enséñame a contemplar

las cosas en mi corazón sentirlas,

es del Señor (Bis)



De la carta de San Pablo a los Romanos (8, 35-38).

"¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?,¿la espada?... En todo esto salimos vencedores gracias a aquel que nos amó... nada nos separará del amor".



Retomar esta vieja palabra en los labios es revivir la fuerza de las escenas salvadoras, como un amante que retoma el principio de su amor, como un hombre salvado que se alegra actualizando los gestos y las palabras que le dieron vida nueva. Es descubrir que Dios nos ama en María, que en ella se ha manifestado el Espíritu para bien de todos.

Permíteme, Madre, decir tres amenes todos los días y en todos los momentos de mi vida: amén a cuanto hiciste en este mundo mientras viviste en él; amén a cuanto haces ahora en el cielo; amén a cuanto haces en mi alma, para que en ella habites sólo tú a fin de glorificar en plenitud a Jesucristo en el tiempo y en la eternidad.


Signo: Abre tus manos y tu corazón y dile al Señor de manera sencilla que quieres decirle SÍ a los proyectos que tenga para tu vida.



ANTÍFONA:

Basta con mirar y callar para escuchar tu Palabra.

Basta con mirar y callar para hacer silencio dentro… como María.




DESPEDIDA

María, que la luz de tu fe disipe las tinieblas de mi espíritu. Que tu humildad profunda sustituya a mi orgullo. Que tu visión no interrumpida de Dios llene con su presencia mi memoria. Que el fuego de tu ardiente caridad incendie la tibieza y frialdad de mi corazón. Que tus virtudes ocupen el lugar de mis pecados y tus méritos sean ante Dios mi adorno. En fin, querida y amada Madre, haz que no tenga más espíritu que el tuyo, para conocer a Jesucristo y su divina voluntad; que no tenga yo más alma que la tuya, para alabar y glorificar al Señor; que no tenga yo más corazón que el tuyo, para amar a Dios con amor puro y ardiente como el tuyo.



CANTO FINAL (Reina del cielo)

Reina del Cielo, alégrate:

aleluya, aleluya,

porque al que tú portabas

aleluya, aleluya,

resucitó como dijo:

aleluya, aleluya.

Ruega a Dios por nosotros:

aleluya, aleluya.


Goza y alégrate, Virgen María

por la verdadera resurrección del Señor.

Goza y alégrate, Reina del Cielo

aleluya, aleluya.



Dios Padre, que por la resurrección

de tu Hijo, nuestro Señor Jesús

te dignaste dar al mundo

alegría,

concédenos por tu Madre,

por la Virgen María,

alcanzar el gozo

de la vida eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.




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