• Esclavas Carmelitas

Solemnidad de la Ascensión del Señor, 29 de Mayo

Actualizado: 31 may

Hoy contemplamos el relato de la Ascensión del Señor. Si nos quedamos en la simple lectura del Evangelio podemos caer en la tentación de pensar que Jesús se marcha de entre nosotros; que después de tres años de predicación, después de haber vivido con Él la pasión muerte y resurrección y que tras después de compartir con Él estos días de alegría tras vencer a la muerte, el Señor se va y nos deja para siempre.


Pero no, el Señor no se va, la Ascensión no es cuestión de lugar, ni es solo cuestión de la ausencia física de Jesús, sino de una nueva presencia. El Espíritu Santo que recibiremos el día de Pentecostés será la nueva presencia de Jesús, será Él quien actúe en nuestros corazones y el que nos impulsa a hacer lo que durante su vida entre nosotros nos ha enseñado.


Igual que un buen padre educa a sus hijos y un día los deja actuar conociendo sus miedos, sus dificultades, sus limitaciones... hoy Jesús actúa como ese buen padre pedagogo. Con la fuerza del Espíritu Santo, los discípulos deberán profundizar en lo que Jesús les enseñó, deberán afrontar problemas, discrepancias, persecuciones, incomprensiones… y también aprender de los errores. Pero, con la fuerza del Espíritu Santo, todo ello hará que la Buena Noticia de Cristo Resucitado se vaya anunciando hasta el confín de la tierra.


Pero no debemos quedarnos solo en que Jesús hace esto por los apóstoles nosotros hoy también como Iglesia, como pueblo vivo de Dios estamos llamados a continuar con la misión evangelizadora, seguir profundizando en el Evangelio, y afrontar dificultades y retos dentro y fuera de la Iglesia.


El Señor, en su Ascensión, nos recuerda que cuenta con cada uno de nosotros y que nos acompaña con su Espíritu, que hoy como entonces nos da la fuerza para ser sus testigos. No tengamos miedo y seamos discípulos misioneros.


Susana San Julián




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