• Esclavas Carmelitas

Solemnidad de Pentecostés, 23 de Mayo

Actualizado: may 23

Tras habernos preparado concienzudamente a lo largo de toda la Cuaresma. Y haber celebrado solemnemente el Santo Triduo Pascual. Durante cincuenta días hemos estado celebrando con alegría el triunfo de Cristo sobre el pecado y la muerte. Hoy cerramos este tiempo tan intenso con la celebración de Pentecostés, que es como los grandes Fuegos Artificiales al final de una feria: colorido, alegría, vitalidad, expansión, libertad, fuego, sonoridad…

El Espíritu Santo es quien nos hace comprender quien es Jesús y cuál es su misión. Él es nos transmite la gracia, quien nos prepara para recibir a Cristo. Abre nuestras mentes y nuestros corazones para conocer que Él es el Hijo de Dios que nos ha salvado por medio de su Muerte y Resurrección. De hecho los apóstoles y los discípulos de Jesús sólo comprendieron plenamente estas cosas después de haber recibido el Espíritu Santo.

Es más, es el Espíritu quien hace presente a Cristo en medio de nosotros por medio de su acción en los sacramentos y la proclamación de la Palabra. Nos da la valentía para salir a anunciar el Evangelio. Los apóstoles, que se sentían solos y temerosos tras la partida del Señor, reciben la fuerza de lo alto el día de Pentecostés y desde aquel momento no tienen miedo a proclamar, incluso ante sus más enconados enemigos, que Jesús, el Hijo de Dios, ha resucitado y va a volver para instaurar su Reino de amor y justicia. El Espíritu Santo es quien nos capacita también para poder cumplir el Mandamiento Nuevo de Cristo. Asimismo, el Paráclito nos auxilia en la oración pues nosotros no sabemos pedir como nos conviene. Sin embargo, cuando le permitimos que sea Él quien lidere nuestra plegaria, nos acerca a Cristo para que nuestra oración sea verdaderamente provechosa y nos prepara para recibir con gozo la voluntad de Dios.


Susana San Julián, Cuenca




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