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© 2015 por Esclavas Carmelitas de la Sagrada Familia

Espiritualidad

Dos puntos de fuerza unifican nuestra vida: Nazaret y el Carmelo. Nazaret es la gran inspiración y el gran motivo de nuestra espiritualidad. Allí hemos conocido a Jesús, María y José, que han cautivado nuestro corazón con su estilo de vida familiar, sencillo, hecho de cosas pequeñas, de acogida, de humildad, de olvido de sí. El Carmelo es el tronco en él cuál hemos sido injertadas y cuya savia, inoculada por los santos y místicos carmelitas, renueva continuamente nuestra búsqueda del Amado.

 

Un camino:

¡Nacidas para evangelizar!

Cultivaremos una sólida espiritualidad de la acción viendo a Dios en todas las cosas y todas las cosas en Dios. Nos sentimos llamadas a llevar el Evangelio a todo el mundo.

 

Un color:

¡Por Cristo, con Él y en Él!

Procuraremos que todo nuestro día sea prolongación de la Eucaristía mediante la entrega de todo nuestro ser. Cada Esclava Carmelita se hace pan partido y repartido, sin reservarse nada, para aquellos a los que ha sido enviada.

 

Una casa de puertas abiertas:

La Iglesia

Hemos sido llamadas a vivir en el seno de la Iglesia católica en comunión con sus pastores. Realizamos nuestra misión en las parroquias y delegaciones diocesanas donde nos encontramos contigo, buscando que crezca lo de todos.

 

Un corazón: la oración

Pertenecemos a la familia del Carmelo. Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz son para nosotras maestros en la búsqueda humilde, constante y fiel de la unión con Dios.

Dedicamos un tiempo largo en la mañana a cuidar nuestra amistad con Cristo, para poder ser verdaderas contemplativas en la acción.

 

"Libres para ser esclavas": María

Queremos imitar la disponibilidad total de María a la obra redentora de Cristo. Con ella repetimos su “he aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra”, y como ella queremos llamarnos y ser, verdaderamente, esclavas del Señor que nos da la libertad para entregarnos sin condiciones.

Una familia como la Sagrada Familia

Deseamos vivir una auténtica vida de familia según el estilo de Nazaret. Una vida sencilla que brota de un amor fraterno hecho de humildad, de misericordia entrañable, paciencia y olvido de sí, de alegría, servicialidad y acogida, de obediencia y de verdadera amistad.

Cada una de nosotras hacemos de los Tres compañeros inseparables de camino, para aprender del  “amor que se hace grande en lo pequeño”.