• Esclavas Carmelitas

Febrero: Primer miércoles de mes. Los sueños de San José

La Biblia nos narra los sueños que tuvo San José. Dios le hablaba al corazón mientras dormía. ¿Será porque despierto… soñaba y velaba en cómo cuidar mejor de la FAMILIA que el Padre le encomienda?



El ángel le tranquiliza y le muestra lo que tiene que hacer.


San José se fía y con valentía, prontitud y fidelidad lo pone por obra. El Ángel le ayuda a resolver un dilema. José estaba muy angustiado por el embarazo incomprensible de María no quería "denunciarla públicamente”, pero decidió “romper su compromiso en secreto” (Mt 1,19). No temas aceptar a María, tu mujer… Cuando José despertó del sueño, hizo lo que el ángel del Señor le había mandado” (Mt 1,24). Con la obediencia superó su drama y salvó a María.


El Ángel le pide salvar la vida de Jesús

“Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que te diga, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo” (Mt 2,13). José no dudó en obedecer, sin cuestionarse acerca de las dificultades que podía encontrar: “Se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto, donde estuvo hasta la muerte de Herodes” (Mt 2,14-15). En Egipto, san José esperó con confianza y paciencia el aviso prometido por el Ángel para regresar a su país.


El Ángel le pide que vuelva a Israel

El mensajero divino, después de haberle informado que los que intentaban matar al niño habían muerto, le ordenó que se levantara, que tomase consigo al niño y a su madre, y que volviera a la tierra de Israel (cf. Mt 2,19-20). San José, una vez más, obedeció sin vacilar: “Se levantó, tomó al niño y a su madre y entró en la tierra de Israel” (Mt 2,2).


El Ángel le advierte que vaya a la región de Galilea

Sin embargo, durante el viaje de regreso, “al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí y, avisado en sueños —y es la cuarta vez que sucedió—, se retiró a la región de Galilea y se fue a vivir a un pueblo llamado Nazaret” (Mt 2,22-23).





Vemos en San José un hombre muy humano. Enamorado de María y que ante lo evidente muestra sus dudas, su debilidad, sus miedos… pero es un hombre de fe. Se fía de Dios. Reza, sueña y descubre la voz del ángel. Pidamos a San José que nos impulse para escuchar a Dios y ser diligentes en vivir en fidelidad. Soñemos también con alegría y esperanza, confiando en la divina providencia. Soñemos con un mundo mejor, no nos dejemos llevar por el desánimo, por el covid-19 y sus consecuencias, por las realidades que a veces nos toca vivir. Somos peregrinos en la fe, no sedentarios. Sigamos soñando y buscando con esperanza la voz del ángel. Pidamos a San José que nos ayude a descubrir nuestra misión en la Iglesia, en la sociedad; a amarla y vivirla con ilusión. No dejemos que las dificultades sean obstáculo, sino trampolín para abrir un futuro mejor, para abrir caminos de esperanza y vida.

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