• Esclavas Carmelitas

Quinta jornada

Quinta jornada. Del pozo de Siquem hasta Necmas.


Nos ponemos en presencia de los Peregrinos sagrados, José y María, que lleva en su seno a Jesús, y después de un momento de silencio, hacemos la siguiente oración:


Jesús, Verbo encarnado en las entrañas de María Santísima; el amor que me tienes te hizo bajar del cielo a la tierra hasta ponerte en un establo. ¡Cuánto siento haberte cerrado en la cara las puertas de mi corazón! Cada vez que he sido sordo a tus llamadas, cada vez que olvido que viniste a buscarme como a la oveja perdida con tanto trabajo para llevarme a tu gloria. Rompe los cerrojos de mi ingrato corazón. Si buscas pesebre donde reclinar la cabeza, pesebre es mi corazón; consume con el fuego de tu amor hasta las pajas de las imperfecciones, aparta de mí las bestias de mis culpas. Y ya que vienes a buscar a los pecadores, y yo soy el mayor de todos, confío en tu misericordia que me perdonará y confío en que me darás gracia para poder servirte y amarte hasta el final de mi vida. Amén.


Consideración para el día quinto


En la quinta jornada caminamos en compañía de los sagrados Peregrinos hasta el lugar llamado Necmas, donde la santísima Virgen tuvo que hospedarse entre los corrales de las ovejas, considerando cómo no hallando en este lugar ninguna posada, entra en estos corrales y se levantan alegres los corderillos y las ovejas y le ofrecen espacio, retirándose en un rincón. Considera la humildad de la Santísima Virgen, mírala acogerse entre las pajas, contempla cuáles serían los pensamientos del divino Pastor en las entrañas de su madre.


Ave María.


Oración a María

María Inmaculada, Sagrario de la Santísima Trinidad, con la mayor reverencia y devoción que puedo, adoro al Verbo encarnado en tus entrañas, y te suplico que por aquella profunda humildad y resignación con que aceptaste quedarte en el redil, me alcances del divino Pastor oír sus silbos amorosos, para que saliendo de los barrancos de mi perdición, me lleve a los apriscos de las eternas moradas. Amén.


Oración a José

José, santo Patriarca, compañero fiel de María, que llegando a Necmas no encontraste otro lugar para María y sufriste la impotencia de verla descansar entre las ovejas, te suplico me alcances gracia para arrancar de mi corazón las espinas de los remordimientos de mi conciencia, para llegar a gozar de la compañía de Jesús en el Belén de la Gloria. Amén.


Finalmente ofrecemos nuestro corazón como posada repitiendo: Jesús, José, María, os ofrezco por posada mi alma y mi corazón. En este día, medita los trabajos que padeció Dios y su Madre por buscarte como perdida oveja. Reza el Credo y la Salve para concluir.





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