• Esclavas Carmelitas

Sexta jornada

Sexta Jornada. Desde los apriscos de Necmas a las Altas Montañas


Nos ponemos en presencia de los Peregrinos sagrados, José y María, que lleva en su seno a Jesús, y después de un momento de silencio, hacemos la siguiente oración:

Jesús, Verbo encarnado en las entrañas de María Santísima; el amor que me tienes te hizo bajar del cielo a la tierra hasta ponerte en un establo. ¡Cuánto siento haberte cerrado en la cara las puertas de mi corazón! Cada vez que he sido sordo a tus llamadas, cada vez que olvido que viniste a buscarme como a la oveja perdida con tanto trabajo para llevarme a tu gloria. Rompe los cerrojos de mi ingrato corazón. Si buscas pesebre donde reclinar la cabeza, pesebre es mi corazón; consume con el fuego de tu amor hasta las pajas de las imperfecciones, aparta de mí las bestias de mis culpas. Y ya que vienes a buscar a los pecadores, y yo soy el mayor de todos, confío en tu misericordia que me perdonará y confío en que me darás gracia para poder servirte y amarte hasta el final de mi vida. Amén.


Consideración para el día sexto.

Contempla la sexta jornada de los Peregrinos, hasta llegar a los altos montes cubiertos de nieve que franquean la provincia de Judea. Allí las inclemencias del tiempo les afectarán y José buscará el lugar donde refugiarse para pasar el apuro. Contempla cómo sufre la Sagrada Familia y la dureza de tu corazón que no te importa perder a Dios, su amistad, su gracia y su amor.


Ave María.


Oración a María

María Inmaculada, Estrella de la mañana y Trono de Sabiduría, fuente clarísima donde se represan las aguas vivas para regar el jardín hermoso de la santa Iglesia; con la mayor reverencia y devoción que puedo, adoro al Verbo encarnado en tus entrañas, y te suplico que ante las dificultades de la vida, ante la frialdad de las jornadas, de las compañías, me alcances la gracia de no desfallecer en el camino, de esperar en Dios, de buscarle, de amarle. Amén.


Oración a José

José, santo Patriarca, Esposo de María, que en las Altas Montañas encontraste un lugar para María y el Niño; que no descansas mientras alguien a tu lado te necesita y sufre; te suplico que por los dolores y penas de esta jornada, me alcances de la Divina Majestad, Gracia para caminar siguiendo los pasos de Jesús. Amén.


Finalmente ofrecemos nuestro corazón como posada repitiendo: Jesús, José, María, os ofrezco por posada mi alma y mi corazón. En este día, puedes realizar frecuentes actos de amor y de presencia de Dios.






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