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Convivencia de familias


Durante este fin de semana tendrá lugar en Requijada, Segovia, nuestra convivencia de Familias Nazaret. Os recordamos el testimonio de Belén Melero sobre la convivencia del año pasado para animaros a rezar por las familias y por el fruto de este encuentro:

El pasado mes de abril un grupo numeroso de familias celebramos nuestra convivencia anual de familias Nazaret en Villaconejos.

Siempre nos hace mucha ilusión reunirnos para disfrutar unos de otros, aprender, divertirnos y dar ese empujoncito necesario en nuestra vida de fe.

Por supuesto y como familia que somos asistimos padres e hijos con algunas hermanas e Iris que nos ayudó con los niños.

Declan se encargó de ir desgranando la formación de este año “El sacramento del matrimonio”.

Tengo que reconocer que, después de estos años de formación en nuestro grupo de familias, el tema no me pareció muy novedoso pero también adelanto que al acabar me di cuenta de lo bonito y necesario que fue profundizar en el tema. Nada más y nada menos que nuestra vida, nuestra vocación, la misión que realmente nos ocupa y a lo que hemos sido llamados.

Paso a paso fuimos reflexionando en los distintos aspectos del matrimonio para desgranar todo lo que conlleva esta opción de vida que ya la sagrada escritura define, de forma escandalosa para nuestra época, como alianza de vida y consorcio definitivo.

La premisa de la que partimos fue lo más apasionante para mi: El matrimonio en el plan de Dios o lo que es lo mismo, el plan de Dios en mi vida.

Ya en el orden de la creación expresado en el Génesis, el matrimonio se muestra dotado de leyes propias. La sagrada escritura afirma que el hombre y la mujer fueron creados el uno para el otro.

Otro aspecto, que no suena menos radical, es contar que el matrimonio vive bajo la amenaza del pecado. Esta amenaza es propia de la época en la que vivimos y también de las propias limitaciones del hombre y la mujer; así amar las limitaciones de nuestro marido/mujer es tener en cuenta la misericordia del Dios que nos ha unido.

En un paso más definitivo, podemos y tenemos que decir que el matrimonio por la Iglesia está dotado de la gracia del sacramento, que es una institución natural que por ser sacramento se convierte en comunicadora de gracia. La verdad es que esto da una gran tranquilidad pues está claro que no podemos contar tan solo con nuestras propias fuerzas.

Sin duda que el sacramento nos da la gracia y nos pareció fantástico confirmar que la alianza entre los esposos que se dan el uno al otro es un consentimiento sellado por Dios. Partiendo de este sello de Dios en el compromiso definitivo, una vez celebrado y consumado entre bautizados no puede ser disuelto jamás.

Así, esta unión se puede decir que no es cualquier cosa ya que en ella están en juego los bienes del amor conyugal que son la indisolubilidad, fidelidad y fecundidad.

Para finalizar y hablando ya de la familia surgida del matrimonio nos paramos a considerar esta como Iglesia doméstica. Fue el mismo Cristo quien quiso nacer en una familia “normal” y aunque a veces no sepamos muy bien como, los padres tenemos que ser los primeros anunciadores de la fe con palabras y ejemplos que fomenten la vocación personal de cada uno de sus miembros. Importante no olvidar tampoco que cada familia es diferente, como cada persona creada como obra única de Dios, con una expresión carismática propia de acuerdo con su naturaleza y con los bienes recibidos.

En fin, que tenemos que formarnos, conocer el auténtico valor del matrimonio cristiano no sólo para defendernos de las amenazas que rodean a la familia sino para disfrutar viviendo lo que Dios quiere de nosotros e ir caminando en la vida matrimonial que sin duda es una auténtica aventura donde el don de sí de los esposos y la confianza en Dios será el motor que lo mueva hacia delante. "

Belén Melero



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