NOVENA A LA SAGRADA FAMILIA, DÍA 8
- Esclavas Carmelitas

- 25 dic 2025
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"INFUNDID EN NOSOTROS UNA CARIDAD ARDIENTE QUE HAGA DEL HOGAR UN LUGAR DE ACOGIDA PERMANENTE"
A los tres días había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dice: «No tienen vino». Jesús le dice: «Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora». Su madre dice a los sirvientes: «Haced lo que él os diga». Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dice: «Llenad las tinajas de agua». Y las llenaron hasta arriba. Entonces les dice: «Sacad ahora y llevadlo al mayordomo». Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llama al esposo y le dice: «Todo el mundo pone primero el vino bueno y, cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora». Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él. (Jn 2, 1-11)
«Siempre atentas a llevar las unas las cargas de las otras, trataremos no solo de ayudar, sino de acoger a las Hermanas, aceptándolas como son y amándolas con ternura. Nuestra caridad fraterna estará fundada en la humildad, en el trato de sencillez de unas con otras, en la alegría, el espíritu de servicio, el olvido de sí, la delicadeza de sentimientos, la apertura al perdón...» (Constituciones 49)
La Hna. Dory nos ayuda hoy a rezar:
Jesús, María y José no vivieron para sí mismos, sino en un continuo y ardiente amor fraterno. Es en Nazaret donde se forjan las entrañas de misericordia para cargar con el otro, perdonarse y recomenzar. No hay verdadero hogar sin acogida permanente, de hecho, la hospitalidad para con otros nace de ahí: de un corazón reconciliado, capaz de acogerse a sí mismo y a los más cercanos.
Y este amor fraterno se manifiesta en Caná. María, con la mirada atenta de quien ama, percibe la necesidad del otro. No juzga ni reprocha, simplemente acoge la realidad y la presenta a su Hijo: su atención misericordiosa hace posible que Jesús actúe.
Pedimos la gracia de que nuestro hogar sea lugar de acogida permanente, donde cada miembro se sienta amado y donde quienes entren puedan experimentar la alegría del vino nuevo, de “haced lo que Él os diga”.
Jesús, María y José, haced de nuestro hogar un nuevo Nazaret.








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