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Toma de hábito Raquel y Clara. Vísperas.

Actualizado: 13 de dic de 2020



Con la toma de hábito empieza un tiempo importante para una Esclava Carmelita, no sólo porque exteriormente se expresa el deseo de seguir a Jesús en nuestro Instituto; sino porque interiormente se está respondiendo a una llamada de configuración con Cristo, el Esposo, el Maestro y el Señor. En nuestro interior, como en María, vuelve a gestarse para que un día podamos entregarlo al mundo.

Toma de hábito

Raquel y Clara

13 de diciembre de 2020



Puedes seguir las vísperas en YouTube: https://youtu.be/8qnL-zqxDhU



III Domingo de Adviento, solemnidad


Monición de entrada

En el tercer domingo de Adviento, muy cerca ya de la celebración de la Navidad, nos reunimos para dar gracias por el paso que Raquel y Clara han dado hoy. El Señor les ha regalado un vestido nuevo, una oportunidad de vivir con mucha más hondura la promesa que ya les hizo en el Bautismo, y que culminará Dios mediante con su profesión dentro de unos años.

Hoy comienzan su noviciado. Un tiempo importante para una Esclava Carmelita, no sólo porque exteriormente se expresa el deseo de seguir a Jesús en nuestro Instituto; sino porque interiormente se está respondiendo a una llamada de configuración con Cristo, el Esposo, el Maestro y el Señor. En nuestro interior, como en María, vuelve a gestarse para que un día podamos entregarlo al mundo.

Damos gracias a Dios por tanto bien recibido.


V/. -Dios mío, ven en mi auxilio.

R/. -Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo

como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya




Himno

Poneos en pie y alzad la cabeza,

mirad que llega el Hijo del hombre a la tierra

y viene a habitar vuestro hogar.

Poneos en pie y encended la lámpara

no os halle dormidos que arda vuestra llama.


Velad y estad atentos leer los signos de los tiempos:

el Reino de Dios está cerca.


Velad y estad alerta, cuidad la luz de vuestras velas,

el Hijo del hombre llama a la puerta.



Ant: Contemplaré tu vida en mí, contemplaré Señor tu amor.

Salmo 109,1-5.7: El Mesías, Rey y Sacerdote


Oráculo del Señor a mi Señor:

«Siéntate a mi derecha,

y haré de tus enemigos

estrado de tus pies».

Desde Sión extenderá el Señor

el poder de tu cetro:

somete en la batalla a tus enemigos.


«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,

entre esplendores sagrados;

yo mismo te engendré, como rocío,

antes de la aurora».


El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:

«Tú eres sacerdote eterno,

según el rito de Melquisedec».


El Señor a tu derecha, el día de su ira,

quebrantará a los reyes.

En su camino beberá del torrente,

por eso, levantará la cabeza.


Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo

como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant: Contemplaré tu vida en mí, contemplaré Señor tu amor.


Ant: Ostende nobis Domine, misericordiam tuam. ¡Amen! ¡Amen! ¡Maranatha! ¡Maranatha!

Salmo 110: Grandes son las obras del Señor


Doy gracias al Señor de todo corazón,

en compañía de los rectos, en la asamblea.

Grandes son las obras del Señor,

dignas de estudio para los que las aman.


Esplendor y belleza son su obra,

su generosidad dura por siempre;

ha hecho maravillas memorables,

el Señor es piadoso y clemente.


Él da alimento a sus fieles,

recordando siempre su alianza;

mostró a su pueblo la fuerza de su obrar,

dándoles la heredad de los gentiles.


Justicia y verdad son las obras de sus manos,

todos sus preceptos merecen confianza:

son estables para siempre jamás,

se han de cumplir con verdad y rectitud.


Envió la redención a su pueblo,

ratificó para siempre su alianza,

su nombre es sagrado y temible.


Primicia de la sabiduría es el temor del Señor,

tienen buen juicio los que lo practican;

la alabanza del Señor dura por siempre.


Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo

como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant: Ostende nobis Domine, misericordiam tuam. ¡Amen! ¡Amen! ¡Maranatha! ¡Maranatha!


Ant: Señor, que florezca tu justicia, y tu paz empape la tierra. O Dios, que florezca tu justicia, y se llene nuestra vida del ti.

Apocalipsis 19,1-7: Las bodas del Cordero


Aleluya.

La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios,

porque sus juicios son verdaderos y justos.

Aleluya.


Aleluya.

Alabad al Señor, sus siervos todos,

los que le teméis, pequeños y grandes.

Aleluya.


Aleluya.

Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo,

alegrémonos y gocemos y démosle gracias.

Aleluya.


Aleluya.

Llegó la boda del Cordero,

su esposa se ha embellecido.

Aleluya.


Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo

como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant: Señor, que florezca tu justicia, y tu paz empape la tierra. O Dios, que florezca tu justicia, y se llene nuestra vida del ti.



Lectura

Flp 4, 4-5

Estad siempre alegres en el Señor. Otra vez os lo digo: Estad alegres. Que vuestra bondad sea conocida de todos. El Señor está cerca.


V/. Muéstranos, Señor, tu misericordia.

R/. Muéstranos, Señor, tu misericordia.

V/. Danos tu Salvación.

R/. Tu misericordia.

V/. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo

R/. Muéstranos, Señor, tu misericordia.


Cántico Evangélico

Ant: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?» «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo: los ciegos ven, los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia.» Aleluya.


(se hace la señal de la cruz mientras se comienza a recitar)

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.


Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.


Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.


Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de la misericordia

-como lo había prometido a nuestros padres-

en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.


Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo

como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?» «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo: los ciegos ven, los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia.» Aleluya.


Preces

Oremos al Señor, que viene a salvar a todos los hombres y no cesa de llamar a su seguimiento a quienes quiere que vivan más unidos a Él en una vida totalmente consagrada a su amor y al servicio de la Iglesia. Digamos:

Ven, Señor, Jesús


- Señor Jesucristo, que por el misterio de la encarnación manifestaste al mundo la gloria de tu divinidad, vivifica al mundo con tu venida.

- Tú que deseas que cada hombre se revista de tu misericordia, llena de gozo y alegría a las hermanas Raquel y Clara que hoy se han revestido del hábito, signo externo de su pertenencia a ti.

- Tú que viniste al mundo cumpliendo todas tus promesas y manifestando tu fidelidad con el hombre ayuda a estas hermanas para que configurándose plenamente contigo durante el noviciado, puedan, un día, emitir su profesión religiosa.

- Tú que desde el principio pusiste en los corazones de los que conocieron la Buena Noticia el deseo de ir juntos hacia Ti, no dejes de enviar tu Espíritu Santo para que a través del Instituto de Esclavas Carmelitas de la Sagrada Familia ellas puedan encontrarse contigo.


- Tú que te manifiestas al mundo como la Palabra, no dejes de llamar a jóvenes que puedan consagrarse a Ti, envía vocaciones a este Instituto y no dejes de cuidar los corazones de los jóvenes que desean vivir más cerca de Ti.

- Tú que tuviste una familia como la nuestra, bendice las familias de las hermanas Raquel y Clara para que puedan sentir tu cercanía y consuelo; y haz que cada familia cristiana sea lugar donde tu llamada pueda ser escuchada.


Concluyamos nuestra súplica con la oración que el mismo Señor nos enseñó:

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu reino;

hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.

No nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.


Final

Estás viendo, Señor, cómo tu pueblo espera con fe la fiesta del nacimiento de tu Hijo; concédenos llegar a la Navidad, fiesta de gozo y salvación, y poder celebrarla con alegría desbordante. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

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