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  • Foto del escritorEsclavas Carmelitas

Domingo 6 Pascua, 26 de Mayo 2019

Actualizado: 16 ago 2019


Después de contemplar junto a los discípulos las apariciones de Jesús resucitado, después de escuchar su voz de Pastor y de sentir como nos invitaba a amar como él nos ha amado, nos encaminamos hacia el final de la Pascua, ese final que es un inicio, el inicio de la misión de la Iglesia.

Hoy nosotros entramos en el cenáculo, en la intimidad de Jesús que nos abre su corazón y nos muestra sus sentimientos y sus deseos más profundos, que nos dirige sus palabras más cálidas. Jesús comienza a despedirse de sus apóstoles y de todos aquellos que le han acompañado en su paso por este mundo haciendo el bien y sembrando la buena semilla de la Palabra.

Jesús, se va, sí, pero no nos va a dejar solos: nos promete el Don de su Espíritu, el Defensor, el Maestro, el que nos lo enseñará todo. Y con la promesa de ese Don nos ofrece su paz: la paz os dejo, mi paz os doy. Nos os la doy como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón. La paz que nos ofrece el mundo es no tener problemas, estar seguro, estar tranquilo, vivir cómodamente, tener buena salud y todas las necesidades cubiertas. La paz que ofrece este mundo es algo superficial y frágil que a la menor se quiebra y nos hunde en la oscuridad. Sólo Jesús, por medio de su Espíritu nos da la paz verdadera. Una paz que nace de dentro, una paz que te hace estar alegre aun en las situaciones de dificultad, una paz que te hace sentir que no estás solo en ningún momento, una paz que te llena de esperanza. En medio de tantas prisas y sobre todo ahora que se acerca el final de curso, en el que tenemos los nervios de punta, necesitamos la paz de Jesús. Esa paz que nos da gratis, sin pedir nada a cambio, en la oración, en la Eucaristía, en el perdón: vete en paz.

Necesitamos la paz que nos quita el miedo, que nos llena de fuerza y valentía para salir y mostrar lo que somos: hijos amados de Dios. Por eso en este domingo le pedimos un corazón abierto y disponible para llenarse con el Don de su Espíritu, con el don de la paz.

Y hoy también tenemos un recuerdo especial hacia los enfermos. Hoy es la Pascua del enfermo. Muchas veces al contemplar sus vidas y sus historias descubrimos en ellos la paz de Dios y la fuerza del Espíritu acompañándoles en esa hora de cruz personal. En ellos, en su carne sufriente, podemos acercarnos a contemplar y a tocar las heridas, las llagas de Jesús resucitado. Me voy y vuelvo a vuestro lado, dice Jesús: En ellos, en los enfermos, podemos descubrir la presencia y la paz del Señor.


Fernando González, Navalosa (Ávila)




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