• Esclavas Carmelitas

Domingo XV del Tiempo Ordinario, 14 de Julio

Actualizado: 16 de ago de 2019


El evangelio de hoy nos habla de la cuanto llamaba la atención Jesús con sus enseñanzas, pues un maestro de la ley, un sacerdote judío, un letrado… se acercó a Jesús para ponerlo a prueba. Por lo tanto no pasaba desapercibido, ni sus enseñanzas eran vulgares como para no prestarle atención, pues en este caso se le acercó una persona de las más cultas de aquel lugar.

¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna? Fue la pregunta que eligió para ponerlo a prueba. Y le respondió con la ley judía, contra lo que aquel letrado nada podía objetar “Amarás al Señor tu Dios con todo tu ser, con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con toda tu mente. Y al prójimo como a ti mismo”. Pero aún así, ante lo obvio y correcto, buscó justificarse ante esta verdad aplastante, que él mismo predicaba y seguro que explicaba en los templos. Y Jesús le respondió con una historia, usando su didáctica educativa, equilibrando el lenguaje para que todo el mundo entendiera.

Esta lectura nos puede hacer reflexionar muchas cosas, pero hoy siento que el Espíritu me hace pararme a meditar en este significado primero. Cuántas veces, para justificarme, como este maestro de la ley, pongo en duda lo que ya sé y he defendido ante los demás. ¿Por qué a veces intento buscar las cosquillas a Jesús de Nazaret en mi vida?. ¿De qué modo lo hago y por qué?. Será que, como dice la historia del samaritano, ¿me cuesta menos mirar a un lado y no hacer caso a quien necesita ayuda y seguir mirándome al ombligo y presumir de mi creencia?. Justificarnos ante Dios, es difícil, pues sabe bien lo que hay en nuestro corazón. Pero…lo hacemos.

Yo querría pedir le al Señor para este domingo, que no sea hipócrita, que no hable del Evangelio si no lo pongo en práctica. Que sea coherente en los pasos que voy dando, teniendo en cuenta siempre esta premisa de amar al prójimo como a mi mismo. Que haga las cosas de forma consciente y acorde a lo que defiendo y predico. Le pido al Señor que no pierda la fuerza en justificarme por lo que no hago de bien con el hermano, si no que utilice mis fuerza, mi ímpetu, mis energías sólo para amar como Dios me ama.

Tere, Cuenca




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