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  • Foto del escritorEsclavas Carmelitas

Domingo I de Adviento, 3 de diciembre

Actualizado: 22 ene

Comenzamos el tiempo de Adviento, tiempo de gracia y de alegría. ¿Quién de nosotros no se prepara para recibir alguien en su casa? Siempre es un momento de muchos preparativos porque genera un encuentro, un compartir, un deseo de estar con aquel a quien amas. Si somos generosos con el prójimo cuando estar por venir ¿Por qué no lo hacemos con el que nos amado primero? Jesús viene y queremos preparar este encuentro. ¿Cómo está tu corazón para recibirle? Es necesario este tiempo de Adviento para ponerse en camino, despertar y velar. No podemos pasar de largo, la sociedad nos invade con imágenes, consumos, deseos, pasiones… ¡No te detengas estás a tiempo!

En el evangelio nos muestra que el dueño de la casa se fue ¿pero cuándo volverá? No lo sabemos, lo único que sí sabemos que vendrá ¿y cómo nos encontrará? Hay que estar preparados para que cuando llegue nos encuentre con un corazón abierto para recibirle, para que habite en tu casa, en tu hogar donde él desde el principio ya estaba esperándote para este encuentro.

Quiero prepararme para recibirte,

Me miro y veo deseos, ilusiones

Me observo y necesito cambiar mis actitudes

Me escucho y debo cuidar mis palabras

Me invade el temor y no rompo barreras.

Me habita la soledad y no abro las puertas.

Me olvido de las cosas importantes porque esto dormido.

Quiero prepararme para recibirte, apartar todo aquello que me ciegan.

Tú estás, pero siempre esperas con paciencia a que yo tenga mi ritmo.

De que algún día como hoy, caiga en la cuenta de que formas parte de mi vida.

Deseo despertar, velad y en encontrarte desde la ternura y encarnado en mi vida.


Vito, Oblata de María Inmaculada, Segovia





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