• Esclavas Carmelitas

Domingo III de Cuaresma, 7 de marzo

Seguimos recorriendo el camino cuaresmal que nos prepara para la Pascua. Y hoy, podemos ver un aspecto importante de Jesús que nos prepara para su muerte y su resurrección. En los domingos anteriores de Cuaresma, hemos visto que Jesús es Hombre Verdadero y Dios Verdadero, y hoy vemos que nos enseña un aspecto más de su vida.


Es importante destacar una palabra clave para entender el Evangelio "el templo". Jesús no nos tiene acostumbrados a esta forma de actuar que hoy vemos en su Palabra. Siempre nos llama la atención esta escena en la que Jesús se enfada y expulsa del templo a los vendedores y los animales.


Desde el comienzo de su ministerio público, ha venido a renovar todas las cosas, y ha venido a renovar también el templo. Este templo de Jerusalén era la Institución Religiosa más importante, y todos los Judíos, iban de peregrinación allí. "Era la Pascua de los judíos", el Evangelista Juan, nos recuerda que es una pascua vieja y Jesús vienen a inaugurar la Pascua nueva. Cuando los Judíos iban al templo hacían sacrificios de animales, y cuando peregrinaban a Jerusalén, iban a hacer sacrificios de animales allí. Jesús, ante los abusos que había dentro del templo por comprar los animales exclusivamente allí, haciendo así negocio de ello; y los cambios de dinero dentro del templo por no poder utilizar más que su moneda, se enfrentó a estas actitudes y las denunció diciendo con fuerza que habían convertido un lugar sagrado (la casa de Dios) en un negocio. Veía que en vez de servir a Dios, se servían de Dios. Esta escena es una escena simbólica y profética, porque Jesús no solo purifica el templo, también hace que sus discípulos sean conscientes de la importancia de la denuncia de Jesús de salvaguardar "la Casa de su Padre", y podemos afirmar que esta escena le llevará a la muerte como bien dice el salmo: "el celo de tu casa te devorará". Este momento va a costarle la vida a Jesús.


También podemos percibir que hace que vean un signo al decir " destruir este templo y en tres días lo levantaré". Nadie entendió muy bien lo que significaba está respuesta de Jesús, pero Él, estaba haciendo ya referencia al Templo de su Cuerpo. Sólo los discípulos cuando Jesús resucitó, recordaron lo que había dicho al recibir el Espíritu Santo.


Hoy, nos podemos preguntar qué significa esta palabra de Dios para nosotros. Que Jesús es el nuevo Templo, y para encontrarnos con Dios no necesitamos un lugar físico como los Judíos, ya que tenemos la presencia de Jesucristo, a través del cual, podemos tener acceso a Dios. También podemos aprender otra enseñanza: que ya no hay más ofrendas porque es Cristo quién se ha ofrecido como Víctima, y no hacen falta más sacrificios que el suyo. A Jesús le agrada que hagamos su Voluntad, no solo que hagamos sacrificios, porque la voluntad de Dios expresada en los Mandamientos, es lo que Jesús quiere para poder vivir la Alianza de Dios con nosotros. Pacto que ya hizo con el pueblo de Israel y expresión de la Voluntad de Dios que nos libera del pecado y la esclavitud.


Cristo quiere que nos acerquemos a Dios para que a través de Él y los mandamientos recordemos que estamos llamados a vivir su Muerte y Resurrección. Quiere que creamos en Él, muerto y resucitado, y no que nos quedemos en los milagros que hizo. Él se fiaba de los que creían en Él, y ésta es la clave de nuestra vida: creer en un Cristo Crucificado que ha resucitado recordando dónde está el verdadero Templo, qué es Cristo.





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