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  • Foto del escritorEsclavas Carmelitas

Domingo IV de Cuaresma, 19 de Marzo

Actualizado: 18 mar 2023

Dice Jesús que el personaje del evangelio era ciego de nacimiento para que se manifestasen en él las obras de Dios. Es decir, que nuestras cruces, aquello que nos hace débiles, lo que creemos que tenemos que ocultar por vergüenza, o, incluso lo que no podemos ocultar pero nos horroriza de nosotros mismos, ESO es precisamente lo que utiliza Dios para manifestar su gloria, para salvarnos.


Es como la cicatriz de Harry Potter: él trata de esconderla con su flequillo, le recuerda a una herida profunda que le hace sufrir, pero es precisamente lo que le hace especial y único para vencer al mal. Así es Dios con nuestras debilidades, ahí es donde Él se hace fuerte, donde lleva nuestras cruces a la gloria de su resurrección.


¿Y qué tenemos que hacer nosotros para que Dios cure nuestras heridas? Podemos aprender de lo que hace el ciego del evangelio: primero, dejar que Jesús toque su herida, dejarle entrar; y después simplemente hacer lo que dice Jesús, fiarnos de él.


Y todo esto nos llevará a no poder decir otra cosa nada más que la verdad: "Jesús me ha curado". Incluso cuando intentan presionarle, cuestionan lo que él cuenta, le tachan de mentiroso, le acusan de pecador y hasta le excluyen por ello. Pero quien ha experimentado la misericordia de Dios, quien ha tenido un encuentro profundo con Cristo, no puede hacer otra cosa más que contarlo, no puede hacer otra cosa más que defender la verdad y defender a quien le ha curado. Aquel que ha sido salvado no puede más que responder con la fe: "Creo, Señor"


Manu Blázquez, Ávila





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