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© 2015 por Esclavas Carmelitas de la Sagrada Familia

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Domingo IV de Cuaresma, 22 de Marzo

Actualizado: hace 7 días

“Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.” Jesús en este evangelio da o hace dos símbolos muy importantes. El primero de estos símbolos es que da la vista a un ciego, obra un milagro; el otro, es manifestar quién es y para qué ha venido al mundo.


En la primera parte, un ciego recobra la vista. Jesús escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: “Ve a lavarte a la piscina de Siloé”. Antes de que esto ocurriera, los discípulos le preguntan el por qué de los sufrimientos, qué hizo una persona o sus padres para que naciese ciego. La respuesta que reciben les deja extrañados. Ha venido al mundo para ser luz en él. Todos hemos nacido con una libertad que solamente nos hace libres verdaderamente con el amor de Dios. Podemos haber nacido con una enfermedad incurable, o estar solos, pero hemos nacido con la capacidad de que se manifieste en nosotros la obra de Dios. Amar su obra tal cual somos.


Tras el milagro, los fariseos cuestionan el hecho de que el ciego ya no sea ciego. Llegan incluso a preguntarle varias veces por si mentía, pero el ciego volvió a decirles lo que había ocurrido, añadiendo “Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder.” Ellos le expulsaron del templo. Tras contemplar Jesús esto, le preguntó al ciego si creía en el Hijo del hombre, él dijo que sí. Jesús añadió “Para un juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven vean, y los que ven queden ciegos”.


Jesús ha venido al mundo para ser luz en las tinieblas, luz para los perdidos, luz para los que necesitan respuestas en sus vidas, luz para todos en general. No vino solamente para hacer milagros, sino para dar su vida por nosotros, porque nos quiere. Un amor jamás visto en la Tierra. Un amor de un Padre que da a su hijo al mundo para dar su vida por todos nosotros. Con su amor, nosotros seremos libres de todas nuestras cargas, de todos nuestros sufrimientos. Con su amor, seremos luz en el mundo.


Jorge Carretero, Murcia