• Esclavas Carmelitas

Domingo IV de Pascua, 8 de Mayo


Jesús predica y anuncia que aquellos que le sigan y crean en la palabra que predica, serán reconocidos por Él. Serán acogidos y reconocidos como hijos del padre, ya que ambos son UNO. Y será así para siempre, pues Jesús nació y murió por nosotros para hacernos ver que más allá de la vida terrenal, nos espera una vida eterna, gracias a la resurrección.

Las ovejas: animales dóciles, que se dejan guiar y van al camino que se les marca para su bien, son un claro simbolismo de que nosotros, al igual que las ovejas, tenemos que reconocer al que ha venido a guiarnos para seguir el camino de una vida mejor y para encontrar la vida eterna.

Jesús es nuestro pastor, aquel que nos cuida, que nos guía, que nos lleva por pastos, por caminos que nos reporten todo lo que necesitamos.

Además es destacable que Juan en este evangelio nos proclama que Jesús compara a sus fieles con ovejas. Podría haber elegido otro animal, pero no. Lo hizo con ovejas pues además de por las características individuales ya reseñadas anteriormente, debemos reconocer la importancia de que las ovejas no viven solas: caminan formando un rebaño, yendo juntas al mismo destino. Así es como Dios entiende la fe, siendo comunidad. Formando un grupo que sigue la misma voz, que cree en las mismas ideas y vive con la fe de aquello en lo que escucha y muestran pero no ve.

Confiados en que si Jesús, hijo del Padre, murió y resucitó por él para venir a salvarnos, nosotros podremos seguir sus enseñanzas para de su mano volver al Padre, que nos puso en su camino.

Si el Padre, puso a su Hijo como testimonio de fe, y su Hijo tuvo que sufrir en la cruz por nosotros para después resucitar… Nosotros hijos del padre, como Jesús, si seguimos su camino, llegaremos a la vida eterna igual que lo hizo Él.


Mónica, San Cristóbal (Segovia)




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