• Esclavas Carmelitas

Domingo V de Cuaresma, 3 de abril

Actualizado: 2 abr



No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis? Abriré un camino por el desierto, corrientes en el yermo (Is 43,16-21).


Estas bellas palabras de Isaías, vienen que ni pintadas ahora en primavera, en que la naturaleza está brotando con fuerza arrolladora: pero no olvidemos que para que el grano de trigo dé fruto, ha debido morir previamente. El que gaste su vida al servicio de los hombres por amor a Dios, la recuperará y con creces y el que la quiera conservar solo para sí, la perderá.


Recordemos en estos momentos tan difíciles, en que el mundo parece un desierto inhabitable, que Dios es capaz, con nuestra ayuda, de abrir corrientes de agua viva.

Estamos en el último domingo de Cuaresma; nos acercamos a la pasión y muerte de Jesús, pero sabemos que el sufrimiento y la muerte no tienen la última palabra; de ellos surgirá la vida.


Todo lo considero pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo (Flp 3,8-14)


¿Qué enamorado/a, no lo daría todo por su amante? ¿Qué padre/madre, no lo daría todo por su hijo/a? Eso es el amor; no hay mejor correlato para entender el amor de/a Dios, que el amor humano.


Jesús se retiró [a orar]al monte de los Olivos


Jesús habla habitualmente con su Padre, a quien ama; es la cosa más natural; lo raro sería que no lo hiciera.

Nosotros buscamos la compañía de aquellos a quienes amamos; si no tenemos ratos de intimidad con Dios, es que no le hemos descubierto, no le amamos aun, como a un padre, como a un amigo. Así de sencillo. Solo el trato íntimo con Dios, transformará nuestra vida.


«Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?» Jesús contestó: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra». - «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?». Ella contestó: - «Ninguno, Señor». Jesús dijo:- «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más» (Jn 8,1-11).


Sobra todo comentario; solo una palabra. Frente a los miserables que encuentran su seguridad en el cumplimiento estricto de la ley, esgrimiéndola contra los demás y desde la atalaya de su supuesta autoridad moral se atreven a juzgar la conciencia de la gente… la misericordia y la grandeza de Jesús: “Yo no te condeno” anda y en adelante, no sigas haciendo daño con tu comportamiento a otras personas y la adultera cambió, porque lo único que transforma realmente, es el amor.


Feliz domingo

Chema Arribas, Segovia




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