• Esclavas Carmelitas

Domingo V de Pascua, 15 de Mayo

En este Domingo de la V semana de Pascua, la palabra nos vuelve a adentrar en la Pasión de Jesús, para darnos el mensaje central del Evangelio, la ley máxima a la que estamos llamados. Ésta ley es la del amor.


Podemos percibir como Jesús llama a sus discípulos hijitos, es un término cariñoso, cercano, que muestra la indefensión que tendrán en los acontecimientos siguientes.

Es ahí cuando Jesús nos habla del amor ante una situación que humanamente está llena de odio, traición, muerte, Cruz. Sin embargo Jesús la vive desde la entrega generosa. Ante la traición, lava los pies. Ante la cruz, pone el perdón. Ante el odio pone el amor.


Pero no solamente eso, sino que antes que por su sufrimiento, se preocupa por lo que tienen que pasar los discípulos: miedo, abandono, soledad, desesperanza. Él les llama hijitos porque se preocupa por ellos, para decirles que aunque no lo vean, o vea por lo que tienen que pasar en la pasión, Dios lo sigue viendo, sus hijos, a los cuales nunca deja solos. Otro punto muy importante es el de la glorificación.


Vemos cómo Juan habla de la pasión como una glorificación. Una glorificación que tiene el sentido de ser elevado. Elevado en la cruz, es una cruz llena de gloria, porque Jesús va con absoluta libertad, Jesús va por obedecer al Padre. Por esto Dios Padre lo glorificará. Por su obediencia filial, Jesús se sentará a la derecha de Dios en la gloria del Padre.


Éstos son los que nos ayudan a ver ese Cielo nuevo y esa Tierra nueva de la que nos habla el Apocalipsis: es donde habita la justicia. Una justicia que no está hecha a la medida del hombre, sino a la medida de Dios.


La medida del amor es la medida de la misericordia. Un cielo nuevo y una tierra nueva que gira en torno a esa entrega generosa del Hijo, donde su centro sea la cruz de este Cristo que sostiene todo y la que mueve todo.


¿Y hoy que nos pide a nosotros el evangelio? Nos pide que creemos a nuestro alrededor este cielo y tierra nuevos, basados en la cruz, basado en la entrega, en servir a los demás y dar la vida por ello, pero desde el amor de Dios.

Y el ejemplo nos lo ofrecen en los Hechos de los Apóstoles, Pablo y Bernabé, que dan su vida para que la Iglesia crezca en el conocimiento de Jesucristo.


Por eso anunciar a Cristo, porque teniendo a Cristo en medio, el odio, la ira, la guerra desaparecerán, porque el odio no tiene lugar donde solo hay amor, entrega y perdón.

Que así sea.


Moisés Mesa, Pbro. de Granada




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