• Esclavas Carmelitas

Domingo XV del T.O. 11 de Julio

Actualizado: hace 6 días

Evangelizar… una palabra hoy en día no muy acogida por la mayoría de los que dicen profesar la fe y menos acogida aún por los que no lo hacen. A pesar de estar viviendo en la era en la que todo se difunde rápidamente gracias a la tecnología, evangelizar me compromete y justo lo que muchos buscan es establecer una serie de relaciones que no les comprometan.


Si nos vamos al significado de la palabra Evangelio como “Buena Noticia”, evangelizar es contar esa Buena Noticia o incluso cualquier buena noticia que haga que este mundo o al menos mi alrededor tenga más luz. Siempre me pregunto por qué las cadenas de televisión y los medios de difusión están llenos de malas noticias. ¿A nadie se le ocurre hacer un diario de buenas noticias? ¿Un espacio televisivo de todo lo agradable que pasa por el mundo? La cuestión es que no es momento de sentarnos a esperar sino de hacerlo nosotros.


Desde el amanecer hasta el anochecer se hacen realidad un montón de momentos en los que podemos ser capaces de transmitir algo que genere más sentido común, regale serenidad y transmita un Espíritu que nos aliente para la vida, con ello, se dispersarán los espíritus inmundos de los que habla el Evangelio. El juicio, la crítica, el hablar sin saber ya deberían estar superados. Estamos en el momento de evaluar y ser conscientes de los temas de los que hablamos y desde dónde los hablamos. Porque no hay discurso que menos llegue que el que se hace desde la cabeza, desconectados de lo que sentimos.


Y al hacerlo, no pongamos nuestra seguridad en el pan que llevamos para el camino ni en la túnica que nos aguarda limpia, sino en la presencia de Dios, el que habita en nosotros y que se transmite de forma sencilla. Sólo el sabernos libres y conectados en lo más hondo serán nuestro bastón y si lo que transmitimos es acogido, nuestra casa quedará en paz y nuestro recuerdo quedará en la entraña del que nos acogió y si la experiencia es diferente y no se corresponde con lo que hubiéramos querido, no somos dueños de sus vidas para violentarlos, el respeto por lo ajeno sigue siendo lo más valioso. Sacudir el polvo de nuestros pies será el equivalente a desechar de nosotros el juicio y la crítica y procurarnos continuar ligeros de equipaje.


Así lo entendió San Francisco y así pudo sentir una Perfecta Alegría.


Clara López Rubio, Murcia




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