• Esclavas Carmelitas

Domingo XVII del T. O. 24 de Julio

Hoy comentamos también la primera lectura:


GENESIS 18, 20-32


Una vez más nos encontramos con la gran Misericordia y Amor que nos tiene el Señor. Abrahán intercede a Dios por Sodoma y Gomorra e intenta negociar, pero no consigue el arrepentimiento de ningún hombre, la gravedad del pecado es causa de desgracias del ser humano, nos dejamos influir por el diablo rindiéndonos a todos los placeres, desordenes, injusticias, atropellos, cansamos incluso a Dios y ocurre la destrucción de las ciudades. Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta.


Nuestra justicia no es comparable con la misericordia de Dios. Busquemos la eficacia en la oración, para que cesen tantas guerras, pandemias y desastres. Que Dios ponga la mano para poder vivir tiempos de esperanza y paz.


El Amor de Dios no sabe hacer otra cosa que amar, un amor que quema y abrasa.


El Evangelio de hoy nos muestra algo necesario en nuestra vida de cristianos, acudir al Padre como hijos que somos de Dios.


Cristo no enseña como hay que rezar, con que palabras debemos dirigirnos al Padre. Los discípulos ven a Jesús en continua comunicación con el Padre y le piden a Jesús: "Enséñanos a orar". La fuerza de la oración es una necesidad profunda que tenemos, donde encontramos consuelo a nuestros problemas y sufrimientos, no es una carga es un gozo.


Ante las injusticias del mundo es importante una oración que llegue al corazón de Dios.


"Los discípulos junto con María, la madre de Jesús, permanecían unidos en oración".


Rezar también es conocer al Padre, es sentir la necesidad que en algún momento pueden tener nuestros hermanos y son necesarias para sus vida así se nos muestra en el evangelio de hoy, el hombre que a media noche pide pan, la necesidad del pan es una necesidad del cuerpo, la oración es una necesidad del espíritu, rezar por consiguiente es estar atento a las necesidades que tiene nuestro prójimo.


Recuerdo que estando trabajando en el hospital falleció un hombre, estaba acompañado de su esposa, cuando acudimos a la habitación, la pobre mujer rota de dolor, pronunció esta oración: "Ya estas caminando a la verdadera vida. Jesús nuestro Señor saldrá a tu encuentro, porque siempre has sido muy bueno con todos". Esto se me quedó grabado y me dije: "Bonita oración que llegará a Dios".


Con la oración tenemos la certeza de ser escuchados y recibir lo que pedimos. El Padre nos envía al Espíritu Santo.


Mª Jesús Álvarez, Segovia




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