• Esclavas Carmelitas

Domingo XXII del T.O. 28 de Agosto

La plenitud de la ley no está en el cumplimiento estricto de las acciones, sino en la intencionalidad del corazón. Es en esa línea que siempre se mueve Jesús y que deja de manifiesto en este texto del evangelio de Lucas.


Con ejemplos sencillos y prácticos Jesús nos invita a mirar en lo profundo de nuestro corazón, para que estemos atentos a lo que verdaderamente nos mueve a actuar en una u otra dirección. Las acciones externas de por sí no manifiestan la grandeza de los actos, sino la actitud interior de autenticidad y de entrega: de la humildad, de la simplicidad de corazón, no de la apariencia.


Y así nos invita a tomar los últimos puestos, no sólo en los banquetes sino en todo: no por una falsa humildad, sino por esa disposición interior de no creerse más o mejor que los otros. Pero eso es algo que debería nacer de lo profundo del corazón y no de la búsqueda de aparentar ser mejor o ser humilde. Una y otra actitud pueden falsear la verdadera intención.


Por eso, inmediatamente Jesús nos invita a hacer el bien por el bien y en toda situación; no sólo frente a quienes de seguro nos corresponderán, o con el agradecimiento y los elogios, o con una acción o regalo semejante; la prueba de autenticidad de nuestra generosidad se da cuando de seguro no recibiremos ningún tipo de recompensa. Ahí emerge la verdadera generosidad del corazón, que se entrega sin buscar nada a cambio, ni agradecimientos, ni compensaciones semejantes.


Algo que, sin duda, nos cuesta tanto, porque en la misma vida práctica nos lamentamos tantas veces cuando no nos agradecen algo que hemos dado o realizado. Es el momento de la verdad, de la confrontación con nuestro corazón; es el momento de preguntarnos con sinceridad: ¿por qué haces esto o lo otro?, ¿qué estás esperando a cambio?, ¿buscas reconocimiento, agradecimientos, visibilidad, o realmente te entregas incondicionalmente en lo que haces? Estas y otras preguntas semejantes deberíamos tenerlas siempre presentes. Nos ayudarían a conocernos mejor a nosotros mismos, y nos ayudarían a vivir centrados en los verdaderos valores y no en los pequeños intereses egoístas que nos pueden esclavizar.


Javier Sancho Fermín, CITeS Ávila







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