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  • Foto del escritorEsclavas Carmelitas

Domingo XXIII del T. O., 10 de septiembre

Actualizado: 3 oct 2023


Mt 18,15-20: Si te hace caso, has salvado a tu hermano.


Hoy en el Evangelio vemos a un Jesús muy "Maestro", y nos puede parecer como uno de esos expertos en resolución de conflictos, que nos descubre su método eficaz ¡y en tres sencillos pasos! Puede parecer algo banal, pero nada de eso, lo que hoy se nos presenta es lo que la Iglesia ha llamado siempre "la corrección fraterna". Y esta "correccion fraterna" es una de esas cosas que todos sabemos cómo se debe hacer pero que nadie hace bien.


Primero, como hoy se le dice al profeta Ezequiel, nosotros, profetas por nuestro bautismo, estamos obligados a realizar esta corrección fraterna. Somos responsables de alertar ante el pecado que está matando al hermano. Dice San Agustín: «Si le dejas estar, peor eres tú; él ha cometido un pecado y con el pecado se ha herido a sí mismo; ¿no te importan las heridas de tu hermano? Le ves perecer, ¿y te encoges de hombros? Peor eres tú callando que él faltando» (Sermón 82).


San Pablo, en la segunda lectura nos da el criterio central, el "porqué" de esta corrección: "A nadie le debáis nada, más que el amor mutuo"; Por tanto, tengo que corregir, Sí, por amor; no con deseos de hacer daño, sino con la cariñosa intención de lograr su enmienda… Por eso, antes de corregir, tengo que purificar si hay dolor, resentimiento o quejas en mi corazón.


¿Cúal es la situación que plantea Jesús?

"Si tu hermano peca contra ti"

No se trata de cualquier tipo de problema, con cualquier tipo de persona. Aunque lo que enseña puede ser útil para otras situaciones, el Señor hoy habla de problemas entre nosotros, "si tu hermano peca contra ti"; habla de los que nos llamamos cristianos. Y continúa, "repréndelo estando los dos a solas". ¿Cúantas veces empiezo por hablar directamente con esa persona? Jesús hoy nos pide algo tan sencillo como ¡que empecemos por el principio! ¡que vayamos primero a la raíz! Y no que extendamos el conflicto a otros sin necesidad. Luego, si no se soluciona, sí se necesitarán otros testigos, que puedan aportar objetividad y luz a los puntos ciegos que podemos tener.


Finalmente, y esto es clave, "preséntalo ante la comunidad", literalmente, ante la "Ekklesía", la Iglesia. Y es que, si somos cristianos, tenemos una madre común,  una maestra con autoridad a la que acudir. Asi se entiende mejor eso de "si no hace caso, considéralo como un pagano" porque no significa echar a nadie de la Iglesia, sino constatar que no está en la misma sintonía y que hay que invitarle a entar.


Jesús acaba con esta hermosa promesa: "donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos". Él está presente si lo invitamos: si nos reunimos en su nombre. ¡Invitémoslo! Hagámoslo presente, especialmente en esos momentos delicados, en estas conversaciones importantes, y Él hará maravillas.


Aarón, seminarista de Granada

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