• Esclavas Carmelitas

Domingo XXIX del T.O. 16 de Octubre

Actualizado: 15 oct

En este domingo XXIX del tiempo ordinario el Señor nos invita a perseverar, a ser constantes en la oración para ello el Señor nos pone como ejemplo en la parábola a un juez el cual no temía a Dios ni respetaba a los hombres y una viuda que gracias a su insistencia consiguió que le hicieran justicia. El Señor usa argumentos fuertes para captar nuestra atención, para hacernos pensar, reflexionar y avanzar en nuestro camino de discípulos, porque si ese juez al final hizo justicia, cuanto más Dios que es Padre, Bueno, Misericordioso hará justicia por sus escogidos, por sus hijos que le piden, pero claro, ¿Qué le pedimos a Dios? ¿cómo nos dirigimos a Dios? ¿cuál es nuestra relación con Él? Porque Dios no es una máquina expendedora que dices una oración y te concede lo que pides, ese no es nuestro Dios, ni tampoco es como un genio de la lámpara que te concede tres deseos sean los que sean.


Nuestro Dios es un Dios que quiere llevarnos a la salvación y quiere darnos todo aquello que necesitamos para alcanzar la vida eterna, para disfrutar de su Reino, y quiere que aquí y ahora seamos plenamente felices pero para ello necesitamos fe. Necesitamos ponernos en su presencia, escuchar su palabra, entrar en intimidad con Él, para dejarnos guiar hacia esa plenitud que nos propone. En esa plenitud cada uno de nosotros jugamos un papel muy importante tal y como se nos refleja en la primera lectura ya que en ella vemos a Moisés con los brazos en alto orando por la victoria de su pueblo y cuando bajaba los brazos perdían, por eso los que lo acompañaban le pusieron una piedra para que se sentara y pudiera descansar mientras que le sostenían los brazos para que siguieran en alto y así poder vencer. La roca que nos sostiene es la fe, para poder descansar ante las adversidades de la vida y quien sostiene nuestros brazos es la Iglesia que tiene tantos y tantos rostros concretos que nos ayudan a permanecer por el camino correcto. Poner nuestra confianza en Dios, orar, descansar en Él es el secreto para poder vivir felices y en paz, con las dificultades diarias porque eso siempre estará pero con una mirada nueva. Pregúntate: ¿Quieres una mirada nueva? ¿Quieres que Dios sea tu guía? Pídeselo, entra en oración y en intimidad con Él y descubrirás cuan grande es su amor por ti.


Francisco Morales, Pbro. Granada





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