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Domingo XXIX del T.O. 18 de Octubre

Actualizado: oct 15

El Evangelio de este domingo contiene una famosa frase que ha pasado a nuestro vocabulario habitual, pero no hemos entendido su sentido pleno. Cuando a Jesús le preguntan si es lícito pagar el impuesto a Roma, Jesús responde: “Dad al César lo que es del César y dar a Dios lo que es de Dios”. Parece que nos está hablando de separar las cuestiones mundanas, políticas, socioeconómicas, etc. del mundo de la religión y de las cosas de Dios. Una cosa son nuestras ocupaciones de cada día y otra muy distinta la vivencia de la fe en privado que no afecta nada a nuestro quehacer diario. Nada más lejos de la realidad. Lo que en realidad nos está mostrando Jesús es que, aunque por justicia hay que pagar ese tributo, que para nosotros se puede traducir en cumplir con nuestras obligaciones para con la sociedad, obedecer las leyes que legítimamente nos imponen las autoridades (como está ocurriendo ahora en este tiempo de pandemia), etc., todo eso pertenece realmente a Dios, todo eso que hacemos, lo hacemos precisamente para darle a Dios lo que a él le corresponde. Por tanto, podríamos entender el texto más bien como “devolved al César lo que le corresponde, y devolved a Dios lo que es suyo”. Es muy interesante lo que en este sentido explica San Agustín. A Jesús le entregan una moneda que lleva la imagen del César, por lo que ha de dársele al César, entonces, ¿cuál es la moneda que lleva la imagen de Dios? El hombre, todo el hombre, es imagen de Dios que lo ha creado y ha dejado su huella en él, así que lo que el hombre debe darle a Dios es su misma vida. Por decirlo de algún modo, es el tributo que le hemos de pagar, ofrecerle toda nuestra vida porque es suya, él nos la ha dado, y eso incluye también esas obligaciones con la sociedad en las que nos movemos.




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