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Solemnidad de Cristo Rey, 22 de Noviembre

Actualizado: hace 2 días

Hoy el último domingo del tiempo ordinario, nos acercamos a la figura de Cristo Rey. Un Rey que tiene por trono la cruz y por corona, espinas. Un rey políticamente incorrecto.


Cuando leo este evangelio no puedo dejarme de acordar del gran místico Juan de la Cruz que nos dice que “al atardecer de la vida nos examinarán del amor”. No nos preguntarás cuántos títulos tenemos, o éxitos, ni siquiera de grandes obras de evangelización… Nos sabemos la pregunta del examen, así que mientras llega ese atardecer: AMA, AMA y AMA.


Me interpela la pregunta “Señor, ¿cuándo te vimos?” que podemos traducir por ¿Cuándo te amamos? Jesús se camufla con todos aquellos que en nuestro mirar apresurado tendemos a dejar ocultos. Con una afirmación de un realismo total Jesús no cambia la realidad humana por una idea ni anuncia el amor como una ética abstracta. Su amor es encarnado y creíble, tiene la forma de vida real, tiene rostro, tiene historia, tiene nombres.


Leer este evangelio, es cambiar la mirada. Como decía Santa Teresa de Calcuta, se resume en cinco palabras “me lo hicisteis a mí”. Mirar y mirar, para descubrir el rostro de Cristo en cada uno, porque en cada uno está el Señor, a veces muy disfrazado. Mirar y tender la mano al hermano que tenemos cerca, al enfermo, al que sufre, al que llora la muerte de sus seres queridos por este virus que se nos ha metido, al que tiene sed de algo más de lo que le ofrece la vida; al que padece hambre porque no puede saciarse de las migajas que le ofrece el mundo; hospedar a quien no tiene hogar porque se ha roto, darle hueco en mi interior.


Hoy te pido Señor que eches tu colirio en mis ojos para poder mirar de otra manera, a tu manera. Para descubrir tu rostro en mis hermanos los hombres del mundo entero. Empezando por mi familia, mi trabajo, mis estudios… Y te pido por aquellos a los que nadie mira de esta manera, los que no se sienten amables por historias rotas tal vez.


Mirar y dejarme mirar por ti, en esa cruz que a los ojos de todos era maldición y para nosotros es signo de salvación. Dejarme mirar para que tus ojos se filtren en los míos, para mirar como tú, para descubrir como tú, a tu estilo.


Y cuando llegue el atardecer, presentarte mis manos llenas de nombres a los que he amado por ti, porque estabas ahí. Mirar y amar como Tú.


Hna. Mª Jesús, Madrid




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